El sosiego acantilado

NON MEA VOLUNTAS

Categoría: DOMENICO SCARLATTI

PECCATORIBUS

¿Qué haces?, preguntó, al entrar en mi habitación.

Rezo, contesté, al tiempo que la recibía con un beso.

Ella sonrió y se subió a la cama.

Qué collar más bonito… dijo, mientras acariciaba una de las cuentas de mi rosario roto.

¿Quieres que recemos por alguien? -le pregunté; me miró sin saber de qué le estaba hablando-. Tienes que pensar en alguien que quieras que esté bien, para que no le pase nada malo.

Desvió la mirada y empezó a pensar, llena de dudas.

¿Quieres que recemos por mamá?, le pregunté.

Respondió que sí, con una gran sonrisa.

Muy bien -dije yo, mientras cogía entre los dedos una de las cuentas-. Ave Maria, gratia plena…

Le fui diciendo más nombres; también ella empezó a decir los que se le iban ocurriendo. Por cada nombre, un Ave Maria.

Varias personas después, dijo, con una gran sonrisa: Y por ti.

Sonreí. Hice algún comentario que tardará muchos años en entender. Y recé.

EL HORIZONTE INDIFERENTE

Lo difícil no es creer en Dios, sino creer que le importemos.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 891.

 

“Sí, Charlotte también vio eso. Vio cómo aquellos campesinos encolerizados repelían con largas varas un pontón flotante del que se elevaba un interminable lamento. En la cubierta, se divisaban figuras que tendían sus descarnadas manos hacia la orilla. Eran enfermos de tifus, abandonados, que llevaban varios días navegando a la deriva en su cementerio flotante. Cada vez que intentaban atracar, los de la orilla se concertaban para impedírselo. El pontón proseguía su fúnebre travesía, y la gente moría, ahora ya de hambre. Pronto no les quedarían fuerzas para bajar a tierra, y los últimos supervivientes, despertados un día por el intenso y monótono batir poderoso de las olas, divisarían el horizonte indiferente del Caspio…”

El testamento francés, de Andreï Makine; Tusquets, 2002; pg. 73.

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