El sosiego acantilado

NON MEA VOLUNTAS

Categoría: DETECTIVES SALVAJES

PROMESA DE COMPAÑÍA

Trato de que las fotografías me den conversación, pero son de natural callado. Doy vueltas en el remolino del silencio y ninguna imaginación me es ajena. 

Hoy llevé a mi hija hasta la Piedra Grial, que siempre fue un avatar del sacrificio, y sospecho que los dioses han exigido peaje. 

Leo el cuento de esta noche con un nudo en la garganta y lágrimas de guarnición. Mi hija nota algo en mi voz y pregunta por qué leo así. No sé qué he respondido. 

Me dispongo para jornadas de absoluta soledad, rodeado de los míos, en las tierras de mi Casa.

Y una promesa de compañía que he de guardar hasta que el mundo me demuestre que he vuelto a equivocarme. 

BAUTIZO

El tiempo es llegado, Dios mediante, de llevar a mi hija hasta los caballos que vigilan el ocaso. Hasta el limes sagrado del mundo. Para bautizarla en la belleza de la que nacen los dioses.

Yo, padre sacerdote, percibo la tensión en las cadenas del tiempo. Agarraré su mano pequeña y la llevaré de paseo por la geografía de mi alma. Todos esos lugares que soy, todos esos lugares que me soportan.

Todos esos lugares que a tantos antes han dado forma.

Así protegeré y condenaré a mi hija, al mismo tiempo. Pues su ser ya no podrá conformarse con cualquier cosa. Quedará comprometida y obligada a una determinada búsqueda, umbrales por debajo de los cuales nada valdrá la pena.

Sí, hechizaré a mi hija en el fin del mundo, para que no le quede más remedio que vivir en el acantilado, tratando de mantener la calma sin aliento. Auriga de ángeles y demonios, domadora de vientos, redera en océanos salvajes.

El único lugar donde la vida merece ser vivida.

Herbeira

SU HIJO ES UN MISERABLE

Eso es que has sufrido tener cerca a yonquis, yonquis de los antiguos, de esos coñazo, de dar la lata, de oye préstame atención, y yo-yo-yo, yo-yo-yo. Y haz esto por mí, porque yo no puedo y tal… y el chantaje emocional. A mí me lo hacen mucho, por eso acabaron llamándome nazi, porque los ponía verdes. Fui el primero en decir en la tele y en todos los sitios que son unos falsarios, unos farsantes. Señora, a usted le está tomando el pelo su hija o su hijo, pero le está tomando el pelo en una forma ignominiosa.

O sea, es usted mucho más dependiente de sus medicinas que él de la supuesta heroína o cocaína. Mucho más. Y sin embargo se deja chantajear, porque en el fondo no está dispuesta a reconocer que tiene un hijo maligno o con una fase maligna de conducta. Usted prefiere cualquier cosa antes que aceptar que su hijo es un miserable.

El Valium es mucho más adictivo que la heroína o que la morfina. ¡Mucho más! Porque la morfina o la heroína la dejas y tienes un par de días de incomodidad. ¡Un par de días! El Valium te puede llevar un par de meses de muy severos síntomas raros: insomnio agudo, irritabilidad muy grande, dolores de cabeza, calambres musculares.

Lo que pasa es que la mayor parte de la gente que toma Valium es sensata y no exagera. Entonces, pues bueno, se tolera. Pero el peor síndrome de abstinencia que hay es el del alcohol y luego el del Valium.

Los penúltimos días de Escohotado, de Ricardo F. Colmenero; La Esfera de los Libros, 2021; pgs. 102-103.

Escohotado

EL ARTE NOBLE

 ¿Se nota cuando hay nobleza humana detrás de la creación artística?

— Sí. La nobleza siempre tiene que ver con la verdad. Velázquez es más noble que Tiziano. Si los dos fueran médicos, yo no iría a la consulta de Tiziano, porque a lo mejor me engañaba… Es un placer disfrutar un arte que sabes que no te está engañando, que no te está vendiendo nada, que te ofrece algo puro, limpio, noble, te guste más o menos. El arte que no trata de conquistarte y que no abusa de tu buena fe es muy grande.

— ¿Y es una grandeza habitual?

— Existe esa grandeza, pero también existe la constante necesidad de conquistar al espectador, aunque se mienta. El arte tramposo es muy habitual.”

Cita extraída de esta entrevista a Antonio López, que he conocido gracias a Estefanía Martínez.

Retrato de Pablo de Valladolid, de Diego Velázquez (entre 1632 y 1637)

INQUE MEUM SEMPER STENT TUA REGNA CAPUT

“Los amantes viven sin sentido. El amor es un vicio y, como vicio, no ama a quien puede librarle de su enfermedad. Aunque ella, si alguna vez estuvo enferma, ya se ha curado. Él, no. ¿Qué es ella para él? Su casa, la poderosa hermosura y las palabras que mienten. ¿Y él para ella? Creo que ni él mismo lo sabe. Ella ha nacido sólo para que él se duela y pase las noches en blanco. ¿Por qué la quiere sin adornos? ¿Por qué dice que la pura forma se basta a sí misma? Seguramente, no porque así la vea más hermosa, sino para que otros hombres no se fijen en ella. Pero resulta un empeño imposible: quien la ve, sólo con verla, peca; para no desearla, tendrían que estar ciegos. Recela hasta de lo que nada es, hasta de su misma sombra. Los celos son insoportables. Es capaz de irrumpir en casa de ella al alba y de buscar señales en el lecho para ver si no ha dormido sola. El amor tiene efectos (metafísicamente) devastadores: el amante ve en sí mismo la nada. Siente la imposibilidad de amar a otra, y de necesidad hace virtud: cuando se convence de que ella ya no le hace caso, obstinado, se propone servir a un largo amor; vivo, será de ella; muerto, lo seguirá siendo. Su fe última será la misma que su fe primera. Ésa será su gloria. La seguirá amando, incluso cuando, muerto ya, sus huesos ardan en la pira funeraria. A veces, cree sentirse libre o, al menos, con ánimo para buscar el olvido a través del estudio o poniendo entre él y ella el tiempo y la distancia, el paso de los años y el inmenso espacio de los mares. O le dice a ella, diciéndoselo a sí mismo, que no era tan hermosa, que fue él quien, con sus versos, le dio la hermosura. O se complace imaginándosela vieja, con los senos caídos y con las arrugas desfigurándole el rostro. Pero es otro empeño imposible. Los reinos de Cintia estarán siempre sobre su cabeza.”

La calle de la reina Ester, de Julio Martínez Mesanza; Rialp, 2017; pgs. 43-44.
Como tantas otras, pieza cobrada por nuestro cazador predilecto, José Luis de la Cuesta (detective salvaje donde los haya).

VUESTRO ENTREGADO PERSONAJE

Llueve ahí fuera en el mundo. Así que resulta agradable recordar las sagas familiares tras la cena, en compañía de mi madre.

El hermano de mi bisabuela Maruja, carabinero como su padre, que mató a su superior y huyó para siempre, dejando mujer e hijos.

Mi bisabuela Maruja cruzando en barca la Ría, para visitar a su marido preso en el castillo de San Felipe.

La abuela Pacucha echando las cartas. La seriedad con la que lo hacía. Resultaba imposible no creer que realmente entraba en contacto con los hilos del destino. A mí no me gustaba que me las echase. Sólo se lo pedí un par de veces.

Probablemente, porque yo creía ciegamente en su condición de sibila. Y uno siempre teme el peso de las palabras de un dios.

Los relatos de los míos, la literatura en la que crecí, que no deja de incorporar nuevas historias, para sustituir a las que ya escapan de la memoria común.

Este verano conocí a los hijos de una prima muy cercana y me descubrí personaje literario, por obra y gracia de mi tía Marisa, fabulosa narradora y abuela de los zagales; que me interrogaron como si estuvieran delante del Conde de Montecristo.

Voy dejando un reguero de historias que contar, lo cual me hace especial gracia.

Vamos dejando un buen espectáculo, querido amigo, repleto de luces y oscuridades.

Somos hombres, cosas de caída fácil y formidables entusiasmos.

No ahorréis verdades al hablar de mí. Sólo espero proporcionaros un profundo entretenimiento, aunque sea a costa de mi alma.

El gran amor de la bisabuela Maruja no fue mi bisabuelo Agustín. Fue un hombre que le prometió amor eterno antes de coger un barco hacia la otra orilla del océano. Cuba o Venezuela.

Cumplió su promesa de escribirle, de cuidar de ella a través de envíos que nunca llegaron a mi bisabuela, retenidos por la familia de su amado.

El desamor hizo enfermar a mi bisabuela, que estuvo a punto de morir con apenas veinte años.

En esta foto que os ofrezco empezaba a recuperarse, preparándose para dar inicio a la rama a la que pertenezco.

Yo metí su féretro, junto a otros cinco hombres de mi sangre, en un nicho de San Vicente de Mehá, camposanto acantilado sobre la Ría.

Cumplid con vuestros papeles y dad que hablar, amigos míos, que Dios es Dios.

CAUTO Y DISCIPLINADO

En una vida anterior, yo empezaba a ser algo bello.

Pero, huyendo del camino del héroe ideológico, aposté todo al ensueño de una civilización que anhelaba estática, mintiéndome una vez más.

Presiento el regreso del héroe, sosegado tras una larga conversación con su padre.

Sonrío, mortal,
y contemplo con curiosidad las revoluciones del caos misterioso;
confiado
más que nunca
en que todo tiene sentido
y es profundamente bello.

OTRA VEZ, TAN DISTINTO

Sorprende la cantidad de escoria que me descubro haber portado.

Otra vez, tan distinto.

Demasiada militancia. Pegajosa. Otra vez. También esa vez; que ya pasó, al parecer.

Exigiendo eternidad a las tesis de mi voluntad. Qué error más tonto…

Sólo ya una militancia: caminar. Tomar notas. Refugiarme en las pequeñas verdades que he ido encontrando; y que no sé cuánto me durarán.

Compartirlas, como el que ofrece una silla a su mesa a la hora de comer. Por regalar.

Hasta que vuelva a descubrirme, una vez más, distinto.

Y la curiosidad de saber qué cosas aguantarán hasta el final del viaje.

ARTISTA MARCIAL

La primera vez que me topé con el concepto de artista marcial fue durante la lectura de El Tao del Jeet Kune Do, la caótica e interesantísima recopilación de escritos y pensamientos de Bruce Lee. Aunque la expresión artes marciales, evidentemente, no me resultaba extraña, siempre había considerado a los practicantes de tales disciplinas como meros deportistas.

La idea de un individuo dedicado al estudio y perfeccionamiento de sus capacidades de combate cuerpo a cuerpo, guiado no sólo por la idea del éxito deportivo y/o militar, sino también por la búsqueda de una ética existencial de la que debía formar parte como elemento fundamental la belleza, me resultaba profundamente exótica y atractiva.

Soy de la opinión de que Bruce Lee representa algo bastante más profundo de lo que su mera condición de ídolo pop de la segunda mitad del siglo XX puede dar a entender. O quizá precisamente alcanzó la categoría de ídolo pop por la inesperada potencia de su apuesta vital.

Más allá de sus películas, Bruce Lee fue (y siguiendo siendo) el catalizador de (literalmente) decenas de miles de vocaciones de aprendices de artes marciales en todas y cada una de las esquinas del planeta.

Y el punto crucial en el legado de Bruce Lee como artista marcial fue precisamente el de romper las fronteras que separaban geográfica y civilizatoriamente las distintas tradiciones marciales e iniciar un proceso de mezcla y perfeccionamiento en el que todas esas tradiciones eran trituradas y examinadas con el objeto de alcanzar soluciones marciales de eficacia y belleza máxima. Eso y no otra cosa era el Jeet Kune Do.

Partiendo de su propia tradición china, el kung-fu, Bruce Lee fue investigando en el boxeo occidental, las luchas filipinas, el karate japonés… incluso la colocación del cuerpo en la esgrima europea. Siempre buscando nuevos elementos y movimientos que testar para tratar de producir un sistema mejorado de combate cuerpo a cuerpo.

Y tras la estela de su excesivamente temprana desaparición, miles de gimnasios en todo el mundo se convirtieron en nuevos centros de estudio y práctica de las artes marciales, en un esfuerzo descentralizado y espontáneo a escala planetaria (por primera vez, de toda la humanidad) por desarrollar el arte marcial más bello y eficaz posible.

Ese caldo de cultivo, unido a otros que se habían ido desarrollando durante el siglo XX, dio como resultado la aparición de un curioso negocio-espectáculo a principios de los años 90: el Ultimate Fighting Championship, en el que practicantes de diversas artes marciales combatían unos contra otros para dirimir cuál era la más efectiva y potente. Nacían así las artes marciales mixtas (MMA).

En estos momentos, algunos de los deportistas más famosos del mundo son las estrellas de la UFC y del One Championship (la versión asiática de aquélla). En España, país en el que tanto cuesta que triunfen los deportes de contacto, nos suena un poco el nombre de Conor McGregor.

Pero, en general, no tenemos ni pajolera idea de las andanzas de Israel Adesanya, Georges St-Pierre o Valentina Shevchenko.

Una buena manera de empezar a conocer las artes marciales mixtas es Joe Rogan, cómico monologuista y comentarista televisivo de los combates de la UFC; que en su famosísimo programa de entrevistas lo mismo te trae a Ben Shapiro o Jordan Peterson, que te pone delante a las principales estrellas de las MMA.

Soy muy fan de Joe Rogan, he de decir.

Una de las cosas de las que no nos enteramos en este país tan preocupado por la empatía catalana y el trasiego de tumbas es de la existencia de Khabib Nurmagomedov.

Y me parece que es interesante saber que una de las personas más admiradas ahora mismo en el mundo es un tipo que ha llegado a dominar su categoría en la UFC a través de su formación en sambo, arte marcial creado hace un siglo en los albores de la Rusia revolucionaria para formar a los soldados rojos en el combate cuerpo a cuerpo. Sus creadores, como Bruce Lee, se dedicaron a investigar y estudiar diversas tradiciones de lucha, incluso viajando a otros países.

Uno de ellos, Vasili Oshchepkov, que introdujo la práctica del judo en la Unión Soviética, murió durante las purgas estalinistas de finales de los años 30, irónica (y falsamente) acusado de ser un espía japonés.

Y este es el mundo en el que vivimos, este es el mundo que nos toca, este es el mundo que hay que entender: en el que un devoto musulmán suní de la república autónoma rusa del Daguestán, partiendo de sus conocimientos de un arte marcial soviético, es admirado por el mundo entero, mientras gana (y hace ganar) una inmensa cantidad de dinero, de la que apenas hace exhibición, centrado en el respeto a sus oponentes y a la gloria del combate, en un negocio-espectáculo cuyo centro de operaciones está en Las Vegas, Nevada, USA, en el cual se va perfeccionando día a día el Arte Marcial de la Humanidad en formación (con real y efectiva H mayúscula).

CUENTOS DE ACANTILADO

Descubren la primera narración conocida de la humanidad en un acantilado.

Claro.

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