El sosiego acantilado

non mea voluntas

Categoría: CARRÈRE

ESCRIBIR, MATAR

Cuenta la leyenda que los conocidos de Jane Austen vivían aterrorizados por la posibilidad de acabar convertidos en personajes de sus novelas.

Karl Ove Knausgård siente haber hecho un pacto con el diablo, al lograr la fama literaria a costa del sacrificio de muchas de sus amistades y relaciones familiares, por haberlas expuesto públicamente en sus libros.

“Una literata que se dice conocida pero no da su nombre desea entablar conmigo una correspondencia encubierta sobre el tema: ¿hasta qué punto puede un escritor ofrecer de pasto al público a sus seres próximos, sacrificarlos a su propio placer? Está convencida de que mi cuento ha tenido consecuencias terribles en mi vida y en nuestra relación, si la heroína es mi compañera y no una amante intermitente. No me gustan los misterios ni el tono del mensaje, pero da en el blanco. Me pregunto si para mí escribir significa necesariamente matar a alguien.”

Una novela rusa, de Emmanuel Carrère; Anagrama, 2008; pgs. 237-238.

'Two Comedians', de Edward Hopper (1965)

‘Two Comedians’, de Edward Hopper (1965)

BEATI ERITIS

Termino de leer El Reino, la última obra de Emmanuel Carrère (Anagrama, 2015). Durante la lectura, creo que he pasado por buena parte de los estados de ánimo que es capaz de sentir un hombre: alegría, enfado, tristeza, rechazo, calma, exaltación… Este amable agnóstico, que confiesa haber sido un converso al catolicismo durante algunos años de su vida -ya lejanos-, y que intercala la detallada descripción de su vídeo pornográfico favorito en la investigación que lleva a cabo de San Lucas el Evangelista, me ha dado más ganas de reabrir mi Biblia para realizar una nueva lectura pormenorizada del Nuevo Testamento que cualquier otra cosa sucedida en los últimos tiempos.

Llevo lo suficiente en este asunto como para saber que las paradojas son el ecosistema habitual de un católico.

El que su libro haya producido tal efecto en mí creo que se debe a que Carrère, a pesar de su agnosticismo, es una persona profundamente apasionada por el fenómeno cristiano. Y creo que no hay nada que a mí me apasione más. Así que soy de contagio fácil, en este punto. Lo cual no te convierte en un buen cristiano, ni mucho menos. De hecho, a Carrère ni siquiera le (re)convierte en cristiano (por ahora… añado con afán proselitista). Pero le permite escribir párrafos como éste (pgs. 511-512):

“Sin decir una palabra, vierte agua en un barreño para lavar los pies de sus discípulos y luego secarlos con el paño que lleva atado a la cintura. Es la tarea de un esclavo: los discípulos están estupefactos. Se arrodilla delante de Pedro, que protesta: ¿Tú, Señor? ¿Lavarme los pies a mí? Lo que yo hago, responde Jesús, no puedes comprenderlo ahora. Lo comprenderás más tarde. Nunca, exclama Pedro. ¡Nunca jamás!

No es la primera vez que Pedro no entiende nada, ni tampoco es la última. Esta historia de los pies es demasiado para él. A pesar de las advertencias de Jesús, los acontecimientos de los últimos días le han convencido de que había sucedido, de que él y los demás habían apostado por el buen caballo, de que Jesús iba a tomar el poder y convertirse en el jefe. A un jefe se le venera, se le admira, se le pone en un pedestal. Pero la admiración no es amor. El amor quiere la proximidad, la reciprocidad, la aceptación de la vulnerabilidad. El amor no dice lo que nos pasamos la vida diciendo continuamente a todo el mundo: Yo valgo más que tú. El amor tiene otras formas de tranquilizarse. Otra autoridad, que no viene de arriba sino de abajo. Nuestras sociedades, todas las sociedades humanas, son piramidales. En la cima están los importantes: los ricos, los poderosos, los bellos, los inteligentes, las personas a las que todo el mundo mira. En el medio están los ciudadanos de a pie, que son la mayoría y a los que nadie mira. Y, por último, en la base están todos aquellos a los que incluso los del medio miran muy satisfechos por encima del hombro: los esclavos, los tarados, los pobres diablos. Pedro es como todo el mundo: le gusta ser amigo de los importantes, no de los parias, y he aquí que Jesús se pone precisamente en el lugar de los parias. La cosa ya no marcha. Pedro contrae los pies para que Jesús no pueda lavárselos y dice: Nunca jamás. Jesús le responde con firmeza: Si no te lavo los pies no puedes relacionarte conmigo, no puedes ser mi discípulo, y Pedro cede poniendo muchas pegas, como siempre: Bueno, pero entonces no sólo los pies. También las manos, y después la cabeza.

Cuando les ha lavado los pies a todos, Jesús se incorpora, se pone la túnica y vuelve a su sitio. Dice: Me llamáis Señor y Maestro, y tenéis razón: es lo que soy. Y puesto que yo, que soy Señor y Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavároslos unos a otros. Si lo hacéis seréis felices.”

Obra de Ford Madox Brown (1852-6)

Obra de Ford Madox Brown (1852-6)

Vórtice | Blog

non mea voluntas

Prensaboxeo.com

La gran comunidad del boxeo en español al día

plan zeta

apología de mí mismo

Quijotes con azada

Huerto escolar-comunitario - CEIP El Quijote (Villa de Vallecas - Madrid)

Embajador en el Infierno

non mea voluntas

En Compostela

non mea voluntas

The Wanderer

non mea voluntas

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

La saga de Dashiell

non mea voluntas

New Catholic Land Movement

Restoring Catholic Rural Life

A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester