El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Categoría: CALDERÓN

A LOS MÁS VIEJOS VERÁS

El vigor del alma española es dureza de tierra erosionada.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 158.

Este ejército que ves
vago al yelo y al calor,
la república mejor
y más política es
del mundo, en que nadie espere
que ser preferido pueda
por la nobleza que hereda,
sino por la que él adquiere;
porque aquí a la sangre excede
el lugar que uno se hace
y sin mirar cómo nace
se mira cómo procede.

Aquí la necesidad
no es infamia; y si es honrado,
pobre y desnudo un soldado
tiene mejor cualidad
que el más galán y lucido;
porque aquí a lo que sospecho
no adorna el vestido el pecho
que el pecho adorna al vestido.

Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás
tratando de ser lo más
y de aparentar lo menos.

Aquí la más principal
hazaña es obedecer,
y el modo cómo ha de ser
es ni pedir ni rehusar.

Aquí, en fin, la cortesía,
el buen trato, la verdad,
la firmeza, la lealtad,
el honor, la bizarría,
el crédito, la opinión,
la constancia, la paciencia,
la humildad y la obediencia,
fama, honor y vida son
caudal de pobres soldados;
que en buena o mala fortuna
la milicia no es más que una
religión de hombres honrados.

Don Pedro Calderón de la Barca

VENCERME A MÍ

La curva del conocimiento del hombre por sí mismo asciende hasta el XVII, declina paulatinamente después, en este siglo finalmente se desploma.

Para hablar correctamente de los hombres hay que esperar el historismo del XIX; para hablar correctamente del hombre basta el XVII.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 1213.

“HERMOSURA: ¿Todo ha de ser para ti
austeridad y rigor?
¿No ha de haber placer un día?
Dios, di ¿para qué crió
flores, si no ha de gozar
el olfato el blando olor
de sus fragantes aromas?
¿Para qué aves engendró,
que, en cláusulas lisonjeras,
cítaras de pluma son,
si el oído no ha de oírlas?
¿Para qué galas, si no
las ha de romper el tacto
con generosa ambición?
¿Para qué las dulces frutas,
si no sirve su sazón
de dar al gusto manjares
de un sabor y otro sabor?
¿Para qué hizo Dios, en fin,
montes, valles, cielo, sol,
si no han de verlo los ojos?
Ya parece, y con razón,
ingratitud no gozar
las maravillas de Dios.

DISCRECIÓN: Gozarlas para admirarlas
es justa y lícita acción
y darle gracias por ellas,
gozar las bellezas, no
para usar dellas tan mal
que te persuadas que son
para verlas las criaturas,
sin memoria del Criador.

[…] Pues que ya vencer aguarda
mi valor grandes vitorias,
hoy ha de ser la más alta:
vencerme a mí.”

Citas tomadas de El gran teatro del mundo, 687-718, Cátedra, 2005; y La vida es sueño, 3255-3258, Cátedra, 2008; de Pedro Calderón de la Barca.

'Bufón con libros', de Diego Velázquez (hacia 1644)

‘Bufón con libros’, de Diego Velázquez (hacia 1644)

A LA SANGRE EXCEDE EL LUGAR QUE UNO SE HACE

¿Qué me importan dos guerras mundiales, que yo también he perdido, mientras sigo trabajando en la de los Treinta Años?

Escrito por Ernst Jünger en Wilflingen, el 28 de febrero de 1986; en Pasados los setenta IV, Tusquets, 2011; pg. 21.

Bernard atacaba constantemente las líneas situadas ante la ciudad; mientras tanto, el Rey de Hungría y el Cardenal, desde su posición elevada, enviaban correos en todas direcciones, para fortalecer aquí y allá un punto débil, suministrando munición al continuo cañoneo. En cierta ocasión, un capitán situado entre ambos cayó muerto de un disparo; y a menudo se les rogaba que abandonasen su expuesta posición, siempre en vano. Superioridad numérica, mandos fiables y la soberbia disciplina de las tropas españolas, podrían haber bastado para vencer la batalla de Nördlingen sin la inexperta dirección de los dos príncipes; pero su valentía mereció al menos la aclamación con la que Europa y sus propios soldados los recibieron más tarde.

En el calor del mediodía, los hombres de Horn no dieron más de sí; envió aviso a Bernard de que se iba a retirar tras sus líneas a través del valle, a una colina alejada en la que atrincherarse para pasar la noche. Confiaba en que su colega le cubriese mientras cruzaba el valle.

He aquí el momento que los enemigos habían estado esperando. Abandonaron su posición delante de la ciudad y cargaron, tropas imperiales y españolas al alimón, sobre las ya agotadas tropas de Bernard, el grito de Viva España vibrando ensordecedoramente a través del polvo. Desesperado, Bernard reunió a sus hombres, galopando de batería a batería, maldiciendo a los sudorosos artilleros, amenazándoles con las torturas del infierno si cedían un palmo. Pero no había caso. Rendidos al pánico, sus hombres huyeron; y las agotadas tropas de Horn, que cruzaban el valle en ese mismo momento, recibieron por el costado el impacto total de la huida. Caballos exhaustos se desplomaban bajo sus jinetes; también el de Bernard, pero uno de sus dragones le cedió su viejo y pequeño rocín, aún brioso y fresco, y en él huyó el príncipe. El resto de la historia fue lacónicamente narrada esa noche por el Rey de Hungría en sus cuarteles. El enemigo desperdigado de manera tal que no se hallaban juntos diez caballos. Horn ha sido capturado, Weimar – nadie sabe si está vivo o muerto.

Los vencedores estimaron los muertos del enemigo en diecisiete mil, los prisioneros en cuatro mil; la mayor parte de los cuales, mandos y tropa, se pasaron a las filas imperiales. El Cardenal-Infante montó esa noche sus cuarteles en una pequeña granja, cediendo a los heridos la casona que había sido buscada para él. Posteriormente, envió a España cincuenta de los estandartes capturados y una imagen de la Virgen con los ojos arrancados que había encontrado entre los despojos de los suecos.”

The Thirty Years War, de Cicely Veronica Wedgwood [traducción propia]; The New York Review of Books, 2005; pgs. 366-367.

'El Camino Español', de Augusto Ferrer-Dalmau (2014)

‘El Camino Español’, de Augusto Ferrer-Dalmau (2014)

VIDA Y DESTINO

Aunque el hado, señor, sabe
todos los caminos, y halla
a quien busca entre lo espeso
de dos peñas, no es cristiana
determinación decir
que no hay reparo a su saña.

La vida es sueño, de Calderón de la Barca; Cátedra, 2008; 3112-3117.

“Y ahí estaba, una mujer vieja ahora; vive esperando el bien, cree, teme el mal, llena de angustia por los que viven y también por los que están muertos; ahí está, mirando las ruinas de su casa, admirando el cielo de primavera sin saber que lo está admirando, preguntándose por qué el futuro de los que ama es tan oscuro y sus vidas están tan llenas de errores, sin darse cuenta de que precisamente esa confusión, esa niebla y ese dolor aportan la respuesta, la claridad, la esperanza, sin darse cuenta de que en lo más profundo de su alma ya conoce el significado de la vida que le ha tocado vivir, a ella y a los suyos. Y aunque ninguno de ellos pueda decir qué les espera, aunque sepan que en una época tan terrible el ser humano no es ya forjador de su propia felicidad y que sólo el destino tiene el poder de indultar y castigar, de ensalzar en la gloria y hundir en la miseria, de convertir a un hombre en polvo de un campo penitenciario, sin embargo ni el destino ni la historia ni la ira del Estado ni la gloria o la infamia de la batalla tienen poder para transformar a los que llevan por nombre seres humanos. Fuera lo que fuese lo que les deparara el futuro -la fama por su trabajo o la soledad, la miseria y la desesperación, la muerte y la ejecución-, ellos vivirán como seres humanos y morirán como seres humanos, y es lo mismo para aquellos que ya han muerto; y sólo en eso consiste la victoria amarga y eterna del hombre sobre las fuerzas grandiosas e inhumanas que hubo y habrá en el mundo.”

Vida y destino, de Vasili Grossman; Galaxia Gutenberg, 2007; pgs. 1092-1093.

‘Portrait of Shorty’, de Jamie Wyeth (1963)

CONTRASTES Y CLAROSCUROS

Sentados a la mesa nueva de la cocina, que tan agradable hace la tertulia tras el yantar, comento con mi mujer cierta duda de estilo.

Me preocupa que el excesivo contraste emocional entre escenas desequilibre la lógica argumental de la narración, haciendo parecer incoherente el conjunto. Le digo si no sería mejor ir introduciendo ciertos signos de lo que va a ocurrir, justo antes de un cambio de tensión dramática, para escalonar las transiciones.

Ella me recuerda que nuestra opinión común es la contraria; pues es cierto que hemos hablado varias veces de este tema y siempre hemos concluido que uno de los grandes logros de la literatura barroca es precisamente ése: presentar contrastes de forma visceral, sin ningún tipo de complacencia con el lector o espectador. Y mi mujer me recuerda la razón: es el mejor estilo de escritura porque la vida es realmente así.

La reunión más agradable se puede convertir en segundos en la mayor de las tragedias, por la llegada de una noticia inesperada. Y la más terrible soledad puede desvanecerse ante el súbito reencuentro con un amor dado por muerto hace mucho.

Ese delirante vaivén de la fortuna y del existir, formidablemente representado, por ejemplo, en La vida es sueño. O el típico personaje gracioso -que Shakespeare llevó a la perfección narrativa- apareciendo en medio, o justo antes o justo después, de raptos, violaciones o asesinatos.

Sí, así hay que escribir. En salvajes claroscuros.

cristo velázquez

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