El sosiego acantilado

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Categoría: BULAND

MI LECHE LLENÁNDOLE LA BOCA

“Mi corazón, mi alma, mi ser, un yo desconocido se ha despertado en su capullo, doloroso y gris hasta entonces, como una flor brota de su semilla a la brillante llamada del sol. El pequeño monstruo cogió mi seno y mamó: ¡he aquí el fiat lux! De repente fui madre. Es la dicha, la alegría, un gozo inefable, aunque no brote sin algunos dolores. ¡Oh! Mi bella envidiosa, ¡cómo apreciarás un deleite que no tiene lugar sino entre nosotras, el hijo y Dios! Este pequeño ser no conoce absolutamente otra cosa más que nuestro seno. Para él no hay en el mundo sino este punto brillante, lo ama con todas sus fuerzas, no piensa en otra cosa que en esta fuente de vida, viene a ella y se aparta de ella para dormir, despertándose para volver de nuevo. Sus labios tienen un amor inefable, y cuando a él se adhieren causan allí a la vez un dolor y un placer, un placer que llega hasta el dolor, o un dolor que acaba en un placer; no podría explicarse una sensación que desde el seno irradia en mí hasta las fuentes de la vida, pues parece que sea aquel un centro del que parten mil rayos que regocijan el corazón y el alma. Dar vida a un ser no es nada, pero criarlo es darle vida a cada momento. ¡Oh, Luisa, no existen caricias de amante que puedan valer lo que las de estas manitas sonrosadas que se pasean suavemente, e intentan agarrarse a la vida! ¡Qué miradas lanza un niño alternativamente de nuestro pecho a nuestros ojos! ¡Qué sueños se tienen al verle suspendido de los labios a su tesoro! No pone menos en juego todas las fuerzas del espíritu que todas las del cuerpo, emplea la sangre y la inteligencia y sobrepasa a la satisfacción de deseos. Aquella adorable sensación de su primer grito, que ha sido para mí lo que el primer rayo de sol fue para la tierra, volví a encontrarla al sentir mi leche llenándole la boca; volví a encontrarla al recibir su primera mirada, y acabo de volver a encontrarla al saborear en su primera sonrisa su primer pensamiento. Ha reído, querida. Esta risa, esta mirada, este mordisco y este grito, estos cuatro goces son infinitos: ¡llegan hasta el fondo del corazón, pulsando en él unas cuerdas que ellos sólo pueden pulsar! Los mundos deben estar unidos a Dios como un hijo se adhiere a todas las fibras de su madre: Dios es un gran corazón de madre. No existe nada visible, ni perceptible en la concepción, ni aun en el embarazo; pero ser nodriza, Luisa mía, es una dicha constante. Se ve en lo que se convierte la leche, cómo se hace carne, cómo florece en las yemas de estos lindos dedos que parecen flores y que tienen su delicadeza, cómo crece en uñas finas y transparentes, cómo se ahíla en cabellos, y cómo se agita con los pies. ¡Oh, pies de niño! ¡Son todo un lenguaje! El niño comienza a expresarse por ellos. Criar, Luisa, es una transformación que se va siguiendo de hora en hora y con ojos asombrados. Los gritos, no los escucháis con los oídos, sino con el corazón; ¡las sonrisas de los ojos y de los labios, o las agitaciones de los pies, las comprendéis como si Dios os escribiese en caracteres de fuego en el espacio! Ya no hay nada en el mundo que os interese. ¿El padre?… Lo mataríais si se le ocurriese despertar al niño. ¡Se es por sí sola el mundo entero para este hijo, como el hijo constituye el mundo para nosotras! Se está tan segura de que nuestra vida es compartida, se está tan ampliamente recompensada por los trabajos que se toma una por los dolores que se sufren, pues hay dolores: ¡Dios te guarde de tener una grieta en un pecho! Esta llaga que se abre de nuevo bajo unos labios de rosa, que se cura con tanta dificultad y que causa torturas como para volverse loca, sería uno de los más horribles castigos de la belleza, si no se tuviese la alegría de contemplar la boca del hijo embadurnada de leche.”

Memorias de dos recién casadas, de Honoré de Balzac; en el volumen II de La Comedia humana; Hermida Editores, 2015; pgs. 386-388.

'Felicidad de padres', de Jean-Eugène Buland (1903)

‘Felicidad de padres’, de Jean-Eugène Buland (1903); sé que, por primera vez, me repito; pero es que este cuadro me parece uno de los más bellos del mundo. Y la ocasión bien lo merece.

ANSIA DE NORMALIDAD

“Por lo que sé, este fue el panorama social en el que me encontré por primera vez, y esta, la gente entre la que nací. Lo siento si el panorama y la gente resultan decepcionantes de puro respetables y hasta razonables, y deficientes en todos esos aspectos que hacen que una biografía sea realmente popular. Lamento no tener un padre siniestro y brutal que ofrecer a la mirada pública como la verdadera causa de mis trágicas inclinaciones; ni una madre pálida y aficionada al veneno, cuyos instintos suicidas me hayan abocado a las trampas del temperamento artístico. Lamento que no hubiera nadie en mi familia más audaz que un tío lejano ligeramente indigente y siento no poder cumplir con mi deber de hombre verdaderamente moderno y culpar a los demás de haberme hecho como soy. No tengo muy claro cómo soy, pero estoy seguro de que soy responsable en gran medida del resultado final.”

Autobiografía, de Gilbert Keith Chesterton; Acantilado, 2003; pg. 31.

'Felicidad de padres', de Jean-Eugène Buland (1903)

‘Felicidad de padres’, de Jean-Eugène Buland (1903)

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El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

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Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester