El sosiego acantilado

NON MEA VOLUNTAS

Categoría: AUTOBIOGRAFÍA

LA PAUSA ES MENESTER

“Si te acercas silenciosamente hasta la puerta de su estudio, quizá la descubras sentada, mirando fijamente el cuadro en el que trabaja. Puede pasar mucho tiempo hasta que la veas moverse de nuevo. Si le preguntas qué hace ahí parada, te dirá estoy pintando.

Pues esa pausa es menester.

La recuerdo investigando mis músculos, para dibujarlos. Yo observaba hipnotizado el modo en que miraba mi cuerpo, como mármol a desbastar. Y al tratarme como probable artesanía, la sentí completamente mi matriz protectora. Me dejaba hacer -feto minúsculo de nuevo, despreocupadamente indefenso-.

La pausa es menester.”

Escrito en mi diario el miércoles 10 de junio de 2015.

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MEU DIARIO, MEU CONFESIONARIO

¿Por qué te alejaste de Dios? Porque me alejé de ella. ¿Por qué te alejaste de ella?

Por mi culpa, por mi culpa… por mi gran culpa.

También por la suya. Apenas una semana antes de marcharme, hacíamos el amor y hablábamos de ser padres. Permitimos que una circunstancia puntual nos derrotara. Perdimos los papeles. Y después ya no supimos volver atrás. O, simplemente, no quisimos.

Nuestras vidas dependían demasiado de terceras personas; culpa nuestra que las cosas llegasen a ese punto. Nosotros mismos nos encarcelamos en existencias alienantes. Demasiado jóvenes, en muchos sentidos. Y me preguntarás, ¿cómo se puede ser joven aún a los 38 años? Al menos ella tenía la excusa de la edad. Bueno, pues he ahí buena parte de mi pecado: no ser adulto a los 38 años.

También es cierto que las cosas habían sido complicadas. Si hubiésemos sabido que llegaría una inesperada llamada en noviembre para trabajar en Ponferrada, quizá, por el resto de mi vida… Aunque quizá también eso hubiese significado el fin de todo: ¿se habría venido ella conmigo, tal y como estaban las cosas en su familia?

Sí, tampoco sabe uno lo que hubiese podido significar Ponferrada en aquellas circunstancias.

Y os preguntaréis, ¿por qué todo esto, ahora?

Supongo que es lo que tocaba hacer cinco años atrás y me faltó el valor. Preferí enloquecer y delirar. Y ahora que deseo regresar a la gracia, toca enfrentarse cara a cara con todo aquello. Para ponerlo definitivamente en su sitio. Para reconciliarme con lo que ha sido y es. Con lo que fui y soy.

Para poder pedir perdón. Para poder recibirlo.

EL RETRATO QUE ME PINTÓ MI MUJER

“Nunca tuve el caballo que he perdido.
Las tierras que me robaron nunca fueron mías.
La espada que no tengo nunca bebió sangre ajena.
Los infieles que envié al infierno
gozan todos de buena salud.
El retrato que me pintó mi mujer
no forma parte del mayorazgo.
Me sentí muy solo al marchar con mis hijos a la guerra.
Le he sido muy fiel a todas mis amantes.”

Escrito en mi diario el jueves 8 de septiembre de 2016.

MI PROGRAMA POLÍTICO COMPLETO

El martes 9 de agosto de 2016, en alguna cafetería ferrolana, apunté en mi diario el mensaje que un amigo me había hecho llegar vía Guásap:

Le he dado vueltas estos días a aquello que dijiste de que la mejor acción política (o la única posible) es organizar una comida o una cena. Me parece un programa político completo.

UN CONTINUO RECORDAR EL CAMINO

“No parece existir cualidad más humana que el tiempo; parece ser la condición primera de lo humano. ¿Cómo desear, entonces, una vida eterna? Anhelamos dejar de ser humanos. Deseamos gozos sin éxodos; pero, ¿hay gozo sin éxodo? Quizá el cielo sea un continuo recordar el camino que nos ha llevado a él. Así las cosas, sólo accederá al cielo quien haya tenido una vida que merezca ser recordada; en caso contrario, la eternidad se transformará en infierno. Una vida que desee recordar. Un sí trascendental y definitivo a la voluntad de Dios, a la bondad de su creación.”

Escrito en mi diario el martes 10 de mayo de 2016.

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COMO CRISTO RESUCITADO

Releo, al mismo tiempo, los diarios de 2005 y 2016.

El principio y el final.

Nunca me recuerdo tan enamorado, ni tan triste, como la persona que escribió esos diarios.

Y volvemos a lo de siempre: parece imposible disfrutar plenamente de la felicidad, cuando efectivamente somos felices.

Porque la felicidad parece ser como Cristo Resucitado: no la reconocemos cuando está entre nosotros.

Sólo tras su marcha nos damos cuenta de haber gozado de su presencia.

SEGUIRÁN CONTEMPLANDO EL HORIZONTE

El 3 de agosto de 2016, agotado de derrotas, me fui andando al fin del mundo. Y allí encontré algo que ya había visto: vacas en un acantilado.

Lo había visto en uno de sus dibujos, aquel del que nació el nombre de este blog.

Huía de ella y a ella encontré.

El 28 de septiembre, pocos días después de cumplir treinta y nueve años, nos volvimos a ver en el despacho del abogado que iba a llevar nuestro divorcio. Le enseñé las fotos de aquella jornada.

Y aún recuerdo su cara al ver aquellas vacas junto al fin. Mi diario habla de la intensidad de nuestras miradas aquel día.

¿Por qué muere el amor?

Por exigir sin dar. Que es lo contrario del amor. Que da sin exigir.

Pero ella tiene razón: las vacas seguirán contemplando el horizonte.

Sin acabar de entender. O entendiéndolo todo, quién sabe.

Y allí, con ellas, los dos.

Para siempre.

BONUM EST NOS HIC ESSE

…y he ahí la importancia de que los niños lean El Señor de los Anillos para su formación como católicos…

Cuando terminó la homilía tuve que contener las ganas de aplaudir, igual que durante la misma tuve que contener alguna que otra carcajada. Las múltiples sonrisas las dejé revolotear ocultas en mi máscara negra.

Resultó que la misa de esa hora la oficiaba Gabriel. Así que allí estábamos, como en los viejos tiempos: Alejandro sentado justo detrás de mí, Cesareo un poco más adelante, y Gabriel elevando la sangre de Cristo a los cielos de la iglesia.

Y hoy, mira por dónde, tocaba leer sobre el monte Tabor. Y me sentí bien en aquella tienda que habíamos vuelto a levantar, tantos años después. Tantas caídas después. Tanta lejanía después.

Pero las palabras que más me impactaron del sermón de mi amigo no me hicieron reír, sino que me resultaron de una potencia deslumbrante:

estar en el cielo no es estar bien: es estar en gracia. Cuando uno está en gracia, está en el cielo, incluso en este mundo. Se sienta uno bien o se sienta uno mal, esto es secundario. El cielo es estar en gracia.

Y así es. Camina tranquilo e impasible el creyente agraciado, lluevan flores o balas a su alrededor.

UNA HISTORIA DE AMOR

Es una historia de amor.

Callar y atender inerte al suceso que acontece. La boca del sacerdote que pronuncia palabras mudas.

Recuerdo esas misas en las que sólo estábamos presentes Gabriel, Alejandro y yo, en aquellos altares laterales. Gabriel oficiaba, Alejandro acolitaba, yo observaba. Pequeños, ocultos, confabulados en el rito milenario; en su eternidad. En el mundo, fuera del mundo.

Probablemente, nunca he sido mejor.

Artesanía de la adoración y el agradecimiento, es a ella a quien he echado de menos. Es ella la que me ha llamado, a través del ruido. Es ella a la que ofrezco contento y sosegado mis rodillas y mis cicatrices.

Mesa donde se sirve Dios recién hecho, bello ritual de la misteriosa verdad primera.

El sutil bocado del origen de todo.

EL PRIMER PASO

El monje buscaba en un bolsillo interior de su capa negra. La mano reapareció acompañada de una petaca parda. Alargó el brazo para alcanzársela al guerrero de la Casa de Rilo. Éste, sin dejar de mirar el barco que allá abajo se alejaba hacia el horizonte, la agarró con una mano, la abrió con ayuda de la otra, y le dio un largo trago.

-¿Serás capaz? -preguntó el monje.

-Probablemente no -respondió el guerrero, mientras le devolvía la petaca.

El monje bebió a su vez.

-¿Qué quieres? -volvió a preguntar.

-Todo lo que quería.

El monje resopló y bajó la mirada al suelo un momento, antes de seguir preguntando.

-¿Es posible?

-No -respondió el guerrero-. No todo a la vez, al menos.

El monje volvió a rebuscar en su capa. Esta vez su mano reapareció con un trozo de queso curado. Cortó unos trozos con su navaja y se los pasó al guerrero. Siguieron bebiendo y comiendo queso durante un rato, el tiempo necesario para que los mástiles del barco desapareciesen en el horizonte púrpura.

-No tiene mucho sentido pensar ya en el último paso -dijo el monje, tras masticar un trozo de queso-. Céntrate en dar el primero.

El guerrero no dijo nada. Asintió suavemente, con la mirada perdida en los juegos de colores del cielo.

El monje se levantó y empezó a sacudirse las ropas. Buscó alrededor los caballos, que ramoneaban tranquilos en el mismo lugar donde los habían dejado.

-Ponte en marcha, simplemente -siguió el monje-. No pretendas anticipar lo que sólo el camino puede descubrir.

El guerrero volvió a asentir, esta vez con mayor énfasis, mientras se ponía también en pie. Los dos hombres se miraron por un instante, antes de dirigirse hacia los caballos.

Obra de Taeil Kim (agradecemos a la cuenta Ni aquí ni allí que nos haya dado a conocer a este pintor)

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