EL DULCE ANHELO POSITIVISTA DE LA MERA IDEOLOGÍA

El que no se resigna a la fundamental asimetría del mundo acaba falsificando las medidas.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 279.

“[…] Aristóteles enuncia con claridad que la forma dineraria de la mercancía no es más que la figura ulteriormente desarrollada de la forma simple del valor, esto es, de la expresión que adopta el valor de una mercancía en otra mercancía cualquiera. Dice, en efecto:

‘5 lechos = una casa’

‘no difiere’ de

‘5 lechos = tanto o cuanto dinero’

Aristóteles advierte además que la relación de valor en la que se encierra esta expresión de valor, implica a su vez el hecho de que la casa se equipare cualitativamente al lecho, y que sin tal igualdad de esencias no se podría establecer una relación recíproca, como magnitudes conmensurables, entre esas cosas que para nuestros sentidos son diferentes. ‘El intercambio’, dice, ‘no podría darse sin la igualdad, la igualdad, a su vez, sin la conmensurabilidad’. Pero aquí se detiene perplejo, y desiste de seguir analizando la forma del valor. ‘En verdad es imposible que cosas tan heterogéneas sean conmensurables’, esto es, cualitativamente iguales. Esta igualación no puede ser sino algo extraño a la verdadera naturaleza de las cosas, y por consiguiente un mero ‘arbitrio para satisfacer la necesidad práctica’.

El propio Aristóteles nos dice, pues, por falta de qué se malogra su análisis ulterior: por carecer del concepto de valor. ¿Qué es lo igual, es decir, cuál es la sustancia común que la casa representa para el lecho, en la expresión de valor de éste? Algo así ‘en verdad no puede existir’, afirma Aristóteles. ¿Por qué? Contrapuesta al lecho, la casa representa un algo igual, en la medida en que esto representa en ambos –casa y lecho- algo que es efectivamente igual. Y eso es el trabajo humano.

Pero que bajo la forma de los valores mercantiles todos los trabajos se expresan como trabajo humano igual, y por tanto como equivalentes, era un resultado que no podía alcanzar Aristóteles partiendo de la forma misma del valor, porque la sociedad griega se fundaba en el trabajo esclavo y por consiguiente su base natural era la desigualdad de los hombres y de sus fuerzas de trabajo. El secreto de la expresión de valor, la igualdad y la validez igual de todos los trabajos por ser trabajo humano en general, y en la medida en que lo son, sólo podía ser descifrado cuando el concepto de la igualdad humana poseyera ya la firmeza de un prejuicio popular. Mas esto sólo es posible en una sociedad donde la forma de mercancía es la forma general que adopta el producto del trabajo, y donde, por consiguiente, la relación entre unos y otros hombres como poseedores de mercancías se ha convertido, asimismo, en la relación social dominante. El genio de Aristóteles brilla precisamente por descubrir en la expresión del valor de las mercancías una relación de igualdad. Sólo la limitación histórica de la sociedad en que vivía le impidió averiguar en qué consistía, ‘en verdad’, esa relación de igualdad.”

El capital, de Karl Marx; Siglo XXI, 1998; pgs. 72-74.

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