El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Categoría: APUNTES

UN VERSÍCULO MÁS

Mientras caen las hojas alrededor, nos golpean recuerdos de las primeras flores.

Se desnudan los árboles del acantilado en un silencioso atardecer de oro y nuestra alma insiste en una primavera que ya no gozaremos más.

Por los pasillos de mi hogar vacío corren los espíritus de los hijos que ya no han de nacer; y en sus risas que sólo yo escucho confirmo la verdad tan tardía: hombre fuiste, realmente, aquellos días que hicimos el amor abiertos a la posibilidad de dar fruto.

Cuando fuimos un versículo más de Su Génesis.

Espero disculpe mi torpeza. No me quejo de la soledad, la acepto; aunque no niego su amargura. De hecho, le hablo de ella a la brisa marina, para que dé aviso a los amantes jóvenes y eviten así naufragios en islas lejanas, ajenos al alboroto de una familia propia.

Tarde vi, comprendo. Y aunque me reconforta ser capaz todavía de sonreír al ver a otros dar pasos correctos, no es sin mácula que tal sonrisa nace.

Pues en el temblor de los labios se percibe el símbolo de una derrota.

“The Embrace”, de Nick Alm (2015)

BSO

Una de las cosas a las que nos malacostumbra el buen cine es al acompañamiento musical en los momentos cruciales de la vida de los protagonistas.

En nuestra realidad, sin embargo, los momentos cruciales suelen llegar con un silencio banal, interrumpido apenas por vulgares sonidos cotidianos: el acelerar de un coche, la conversación de los vecinos, una notificación que hace vibrar el móvil…

Nada nos avisa de que un mar insalvable quedará a nuestras espaldas tras la decisión tomada, tras el hecho consumado.

La banda sonora de nuestras vidas sólo la escucha Dios.

EN MI MOCHILA

Cuando te veo en la tele, no sé qué amo exactamente. Puede que la mera belleza de tus formas; quizá la íntima fragilidad de algunas de las cosas que me dices a oscuras, cuando no es necesario portar máscara.

Mas, ¿qué sabré yo, si aún no me llegó el olor de tu melena, bailando al viento de diciembre?

Y entonces concluyo que mi alma vieja, rebosante aún de fuego sagrado, ansía amar. Y querría una compañera junto a la que luchar y repoblar el mundo: de vidas, de actores, de narración.

Porque donde todos ven decadencias, yo sólo soy capaz de contemplar la apoteosis de un poder triturante y creador, hacia el que me quiero abalanzar riendo síes y cantando a pleno pulmón la belleza crucial del fracaso.

Lo que quiero conservar lo llevo en mi mochila, pues sólo mi espalda me sé con derecho a cargar. No creo en el progreso ni en la corrupción: creo en la mano que me ofreces en el mismo día de hoy.

Y contemplo las revoluciones del caos con sonrisa confiada,
pues una de las cosas que porto en mi mochila
es una espinosa corona ensangrentada.

(Mi agradecimiento al Hermano Buscador Wike por esta canción y por tantos años de amor)

PAGANO QUE CREE…

Cada acto rutinario, realizado con el cuidado de una oración.

Como si ejecutar con perfección las obligaciones cotidianas fuese capaz de torcer el brazo de Dios
obligándole a darme lo que deseo.

Mi fe sabe que esa lógica es estúpida.

Pero
para ciertos anhelos
el alma humana sólo encuentra sentido
en paganas supersticiones.

ALLÍ NO SE DIVERTÍA NADIE

Destacó los efectos del alcohol en todos los participantes y señaló que, a su juicio, bajo una imagen de aparente diversión cree que allí no se divertía nadie.

Sobre la declaración como perito del psiquiatra Alfonso Sanz Cid, en el voto particular del Magistrado Ricardo Javier González González a la sentencia sobre el caso de La Manada, pg. 291.

No es de extrañar que a este Magistrado le expedientaran en su día por su tardanza a la hora de dictar resoluciones. De las 371 páginas que componen el texto de la sentencia, 238 pertenecen a su voto particular.

De su lectura uno saca la sensación de un detallismo casi neurótico; algo que, en este asunto, no puede ser visto sino como una virtud. Su capacidad para destruir los razonamientos de sus colegas de Sección es abrumadora.

Sin embargo, apenas presta atención a un elemento al que sus compañeros sí dan mucha importancia. Y realmente creo que la tiene. Aunque quizá no para confirmar, como a ellos les gustaría, que haya existido una violación o ni tan siquiera un abuso sexual.

Hablo del hurto del móvil de la supuesta víctima por parte del Guardia Civil Antonio Manuel Guerrero. Según los dos magistrados que han redactado la sentencia, lo hizo para impedir que ella pudiera pedir socorro. Las circunstancias, sin embargo, hacen ridícula tal explicación. Al salir a la calle, podía haber pedido ayuda a cualquier persona.

¿Por qué llevarse el móvil, entonces? El Magistrado autor del voto particular no plantea ninguna explicación.

Para mí no deja de ser un misterio. Es un acto que sólo parece mostrar desprecio. Antonio Manuel Guerrero grabó 6 de los 7 vídeos (todos, salvo el que grabó Alfonso Jesús Cabezuelo) y sacó las 2 fotografías de los actos sexuales. Sólo fue objeto de una felación, no realizó ninguna de las penetraciones. Fue más un observador que un participante.

Los dos Magistrados redactores de la sentencia hacen mucho hincapié en que la supuesta víctima fue tratada como un mero objeto con el que saciar instintos sexuales. Y el hurto del móvil parece demostrar tal hecho. Pero tratar como un objeto a otra persona con la finalidad de satisfacer un deseo sexual no es delito. De hecho, es algo cada vez más común y asumido en el mundo en el que vivimos.

El caso es que la acción de Antonio Manuel Guerrero va un paso más allá. Pero, ¿por qué? ¿Qué necesidad hay de hacer sentir mal a alguien que, al parecer, te ha proporcionado placer y diversión? Es como si el propio consentimiento de la muchacha le molestase. Como si quisiera destruir el único resto de exigua humanidad que hubiese podido haber en su encuentro. Como si se arrepintiese de no haberla violado, como si quisiese dejar claro que no la considera una igual. Como si no hubiese acontecido nada que agradecer.

Es curioso el peso que parece tener la desaparición del móvil en la reacción de la mujer. El Magistrado autor del voto particular casi llega a plantear la posibilidad de que es precisamente el hurto del móvil lo que saca de quicio en un primer momento a la muchacha, como colofón a la toma de conciencia repentina de todo el desastre ocurrido.

La constatación de que no ha vivido nada que merezca la pena recordar. Que no es algo que le vaya a apetecer contar a nadie. Que de hecho, se siente mal. Muy mal.

Que, al contrario de lo que la época les había prometido a todos ellos, allí no se divertía nadie.

NO ES FÁCIL SER

La millonaria estrella del porno fue al programa de la millonaria estrella de la televisión para contarle que su hijo de diez años por fin había podido cambiar su nombre en el Registro Civil. Ahora se llama Violeta.

Debe de ser un profundo sufrimiento sentirse asqueado del cuerpo que uno es. Porque el ser humano no existe más allá de su cuerpo (aristotelismo básico). La época ha puesto al alcance de estos seres dolientes las posibilidades tecnológicas de transformación.

Pero el dolor por la apariencia física no es sólo asunto de transexuales. La lucha estética contra el envejecimiento que libran cada día millones de occidentales (sobre todo mujeres) es otra faceta de ese dolor ante lo que uno es: un cuerpo que envejece y, normalmente, se afea.

No sabemos las razones que pueden llevar a un niño a sentirse tan mal con su propio cuerpo. De dónde nace su deseo de querer tener un cuerpo de niña. Esas respuestas sólo las tiene él. Y quizá ni siquiera él pueda acceder a ellas. A la época ya le parece mal incluso la búsqueda de razones. La inquisición. Sucede porque sí. Es normal que sucedan estas cosas. La identidad es una construcción meramente cultural.

La época ha decidido que la mejor solución es la transformación. La metamorfosis. No ser niño. No ser mujer. No ser viejo. Ser algo distinto. Ser lo que uno quiere. Aparentar que uno produce espermatozoides. Aparentar que uno tiene veinte años menos.

Un juego de máscaras, muy caro, que al parecer calma el dolor. Y si no lo calma, la época cada vez ofrece un mejor soma.

Hay otro camino. Para el que quiera tomarlo. Tratar de acomodarse a lo que uno ha recibido. Ser plenamente lo que uno es. Un hombre que envejece y muere.

Pero no es fácil. No lo es. Por eso siempre caemos en las tentaciones que los titanes nos ofrecen. Porque no es fácil ser hombre, envejecer y morir.

No es fácil ser.

LA MANADA DE GREY

…hablo de las lectoras, de mediana edad, que habían empobrecido su sexualidad y que gracias a esta propuesta de relación sadomasoquista de baja intensidad se han permitido fantasear con un hombre que está desapareciendo, que es el hombre que tiene poder sexual…

El hombre con poder sexual. Desaparece.

Y las mujeres lo echan de menos.

Este curioso análisis del psicólogo clínico, sexólogo y terapeuta de pareja Antonio Bolinches lo he podido leer en este artículo del pasado febrero, publicado aprovechando el estreno de una nueva película basada en los libros de la saga erótica 50 sombras de Grey, éxito editorial sin precedentes (incluyendo el récord histórico mundial de descargas en su versión como libro electrónico), sobre todo entre mujeres.

En esta semana de manadas, uno ya no sabe qué manada le produce más asco.

Yo reconozco mi perplejidad. La bipolaridad de nuestro siglo resulta un fenómeno misterioso en sí mismo. Un nivel de desquiciamiento tal explica, de suyo, los crecientes datos de consumo de antidepresivos.

Un compañero de trabajo me contó una anécdota esta semana. Un marroquí había violado a una mujer y por tal hecho había sido detenido y juzgado. Y finalmente sentenciado a sus correspondientes años de cárcel.

El tipo se fue al trullo convencido de que no había hecho nada malo -me dijo mi compañero.

Desde sus parámetros culturales, el marroquí consideraba que al haber aceptado irse con él a la orilla de un lago cercano, la mujer tenía que someterse a sus deseos, ya evidentes por el mero hecho de irse los dos a un lugar apartado. Así que, posteriormente, ella no tenía ningún derecho a negarse a tener relaciones con él.

Mi compañero me contó que el juez, que provenía de la jurisdicción militar, estuvo a punto de perder los nervios con el tipo durante el juicio.

Reacciones parecidas tuvieron los miembros de la manada durante el suyo, incapaces también de entender que hubiesen hecho algo malo. Desde sus parámetros culturales, esa muchacha realmente estaba deseando ser follada por 5 hombres de tan gran poder sexual; algo que, según se dice, está desapareciendo de nuestra sociedad, con gran pena de las mujeres.

Algún mínimo remordimiento debió de sentir al menos uno de ellos, el que robó el móvil. O quizá fuera el acto culminante de sometimiento. De poder sexual. De sadismo.

Y así vamos. Las mujeres de nuestra civilización moribunda deseando que el poder sexual las someta, las mujeres de nuestra civilización moribunda en shock cuando el poder sexual las somete.

Detalle de ‘El sueño de la mujer del pescador’, de Katsushika Hokusai (1814)

DE BUENAS INTENCIONES ESTÁ EMPEDRADO EL CAMINO AL INFIERNO

Querido Xacin, me encuentro en este momento enmarañado en la ansiedad y la leve pero continua angustia que me genera este final de carrera, estos putos exámenes. Me estoy a punto de ir a trabajar, pero no puedo dejar de contarte que hoy me ha llegado tu última carta y que acabo de terminar de leerla y que para poder escribir he tenido que esperar hasta dejar de llorar.

Puede ser que yo me muera y no logre escribir nada que me conforme y nunca publique nada, pero no voy a morir sin haberte insistido hasta el hartazgo en que te dediques con toda la intensidad que puedas a escribir.

Estas palabras pertenecen a un correo que me envió Santiago Gerchunoff el 8 de septiembre de 2005. Las guardo porque son, seguramente, el mayor halago que mi escritura ha recibido jamás. El criterio de Santiago es, quizá, el que más respeto, basado en docenas de conversaciones y recomendaciones literarias.

Pero también guardo este correo porque es la mejor lección que la vida me ha enseñado sobre la vanidad humana. Desgraciadamente, es una lección que tengo cierta facilidad para olvidar.

La carta a la que se refería Santiago era una copia de otra que le había enviado a un miembro de mi familia paterna.

La historia de mi familia paterna es, seguramente, el libro que alguna vez tendré que escribir.

El caso es que aquella carta, escrita y dirigida con la mejor de las intenciones, con el profundo deseo de reunir los cachos dispersos de los míos, acabó provocando desastres y desmanes difíciles de aceptar.

A pesar de que, objetivamente, no cabían el remordimiento y la culpa, éstos nacieron. Porque la línea causal de lo que acabó sucediendo, aunque fuera evidentemente sin intención, tenía su inexorable principio en mi acto de redacción de aquella carta.

Tan bien escrita.

El ser humano es mucho más ignorante de lo que jamás será capaz de imaginar. Sobre el mundo. Sobre sí mismo.

La necesidad de ser humilde no es sólo un remedio individual contra la impiedad propia, sino también una defensa contra la general difusión del mal. Un katejón, como diría San Pablo.

Incluso la más diminuta de nuestras acciones puede tener consecuencias imprevisibles. Sólo en la doliente consciencia de esta verdad puede ser uno realmente responsable de sus actos.

Probablemente, el resultado será actuar cada vez menos, cada vez más pequeñito.

Al entender que el libre arbitrio es un fragmento de poder divino en manos de ridículos y peligrosos monos pelados.

‘Juicio universal’, de Roberto Ferri

CARGA DE TRABAJO

Para un ferrolano, hay pocas expresiones más comunes que esas tres palabras: carga de trabajo.

La eterna necesidad de unos astilleros que perdieron su competitividad hace décadas, debido al encarecimiento de su habilidosa mano de obra. Igual de habilidosos eran en Corea del Sur, pero mucho más baratos. Así que la constante preocupación en la comarca de Ferrol ha sido siempre la búsqueda de nuevos contratos para mantener los puestos de trabajo de los astilleros, el motor económico de la zona.

Fui niño en el Ferrol de la mal llamada reconversión industrial. Como tantas familias ferrolanas, alguno de los míos trabajaba en los astilleros. Crecí en una ciudad moribunda, en la que la heroína adormecía la ausencia de futuro de sus jóvenes.

Así que no puedo hacer demasiada demagogia con la visita del príncipe heredero saudí, que va a pagar muchos millones de euros para que se le construyan corbetas (armas, vamos) en los astilleros de Cádiz y Ferrol.

Carga de trabajo. Es la expresión perfecta de nuestras cadenas, de nuestra falsa ilusión de libertad. La mayoría somos y seremos, salvo despiste del euromillón, proletarios: gentes que lo único que pueden vender es su fuerza de trabajo. Si es que alguien quiere comprarla. Y cada vez es más difícil que alguien quiera hacerlo.

Alguien quizá nos pueda echar en cara el hecho de que hay otras salidas, que quizá haya que rebajar el nivel de nuestros deseos. Yo reconozco que me resulta muy complicado luchar contra mis prejuicios de clase, y si ese alguien que me dice que hay opciones no es tan proletario como yo, prefiero que se calle, si no quiere que lo mande a tomar por culo.

Yo, simplemente, siento tristeza. Por todas las cosas que tanta gente tiene que hacer por sacar sus vidas y las de los suyos adelante. Que nunca podrán obtener un máster si no es a base de esfuerzo y horas de estudio. Que no podrán ofrecer un futuro a sus hijos si no es a cambio de fabricar armas para salafistas.

Son los míos. Con los que comparto la carga. La carga de trabajo.

SATIS

Cuando el mundo agota, la contemplación de los montes Aquilianos suele regalar sosiego.

Desde la segunda planta del edificio de los Juzgados, a través del amplio ventanal, es visible el acontecer de las lluvias, el vuelo tranquilo de las nieblas, el brillo fugitivo de la nieve de primavera.

Esta belleza pura, que el hombre aún no ha logrado destruir, es soporte y sostén en esta soledad obligada.

San Fructuoso y San Genadio solían huir de sus obligaciones clericales (incluso ya éstas humanas, demasiado humanas), para refugiarse en los valles de la Tebaida berciana, así conocida por la gran cantidad de monasterios y eremitas que, hace más de mil años, poblaron estas tierras que ahora habito.

Así que los montes Aquilianos poseen una larga tradición de refugio espiritual.

Supongo que el Mundo siempre ha sido algo bastante insoportable.

A mí casi todo me sobra ya. Salvo hacer sonreír a mi pequeña familia.

Y realmente creo que en sus sonrisas me redimo y me salvo.

En Compostela

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

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