El sosiego acantilado

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Categoría: ÁLVARO GUTIÉRREZ VALLADARES

UNA DECISIÓN DIMINUTA

Cuanto más trabajaba, más frecuentes eran en él los momentos de olvido total en los cuales no eran los brazos los que llevaban la guadaña, sino que era ésta la que arrastraba tras sí en una especie de inconsciencia todo el cuerpo pletórico de vida. Y, como por arte de magia, sin pensar en él, el trabajo más recio y perfecto se realizaba como por sí solo. Aquellos momentos eran los más felices.

Ana Karenina, de Tolstoi; Austral, 2000; pg. 338.

Mientras paleo mierda de vaca dentro del saco que sujetan Antonio y Francisco pienso en la providencial sucesión de hechos que me han llevado a esta situación.

Muchas veces traté de buscar modos y maneras de aprender lo que no sé sobre agricultura y ganadería, para acercarme a la práctica de toda esa teoría que leía en los libros de Chesterton. En todos los casos, lo único que encontraba eran pasos cerrados y bofetadas de realismo.

Hacía tiempo que había renunciado a ciertos sueños y apenas me planteaba servir de mera ayuda circunstancial para los lejanos esfuerzos leoneses del Joven Álvaro. Pero una decisión diminuta, apenas pensada para ocupar unas horas de una tarde de agosto, acabó con mi persona sentada en casa de un viejo amigo de juventud, escuchando sus fascinantes historias de matanzas porcinas y huertos urbanos. De repente, me había sido regalado un maestro.

Y ahora, ya duchado tras cruzar Madrid en metro apestando a estiércol, no puedo evitar sonreír ante la inescrutabilidad de los caminos.

Mañana hay Taberna y tendré cosas que contar.

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EL RANCHO DE SAN YSIDRO

Hablamos por primera vez con el joven Álvaro un domingo, después de la misa de once en las Salesas.

Ha pasado ya algún tiempo desde aquella ocasión. Hemos compartido tertulias y paseos por Madrid; disfrutamos de aquel fantástico aniversario de la muerte de San Gilberto, en el que la Taberna Errante, comandada por un sacerdote de luengas barbas, fue más Taberna Errante que nunca.

Y gracias a la amable hospitalidad de Álvaro y su linda familia, pudimos disfrutar de unos días maravillosos en el pueblo de León donde en breve él va a iniciar una difícil pero ilusionante etapa. La cual podremos seguir desde la distancia a través de su blog.

Comparto con Álvaro su forma de entender el ser católico en los días que nos ha tocado vivir y admiro profundamente su valentía y su compromiso con el Credo que profesa, que es el mío. Es un auténtico pionero. Le pido a Dios que le dé la gracia necesaria para soportar las tribulaciones que sin duda va a tener que afrontar. Pero ha de saber que su decisión ya está dando buenos frutos en los que están a su alrededor, a modo de verdadero ejemplo de vida católica y, por lo tanto, motivo de esperanza para todos los prisioneros de Mordor.

Sin duda alguna, Álvaro agradecerá también cualquier tipo de ayuda que se le pueda ofrecer para sacar adelante sus proyectos.

No hay nadie en este triste país por el que merezca más la pena brindar con un alegre ¡Granja y Escopeta!

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Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

plan zeta

apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

La saga de Dashiell

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A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester