LA GUERRA DE SUCESIÓN

“El enviado francés [a las Cortes de Barcelona de 1701], el conde Marcin, testigo excepcional de aquel momento, perfectamente consciente de la importancia de la celebración de Cortes efectuaba el siguiente balance:

Los catalanes, como todos los pays des États, piden siempre el máximo de ventajas que pueden, entre las que se hallan muchas cosas razonables y que no procuran otra cosa que el bien del gobierno y de la policía del país. Hay otras que parecen afectar la autoridad del rey, pero que, en el fondo, no tienden más que a corregir los abusos que la autoridad de los virreyes y los ministros castellanos han establecido en esta provincia desde que no se han concluido Cortes, hace doscientos años [sic]. Los castellanos, por su parte, tienen una aversión insuperable hacia los catalanes. Creen ser los únicos buenos súbditos del rey de España y se imaginan que cuando su Majestad tiene motivo para estar contenta con los otros es en perjuicio suyo, porque quieren ser los únicos poseedores de todos los empleos y dignidades de los países dependientes de la monarquía española.

En cambio, el marqués de San Felipe proporciona una lectura de la celebración de Cortes en clave regalista:

No se estableció en estas cortes ley alguna provechosa al bien público y al modo del gobierno, todo fue confirmar privilegios y añadir otros que alentaban a la insolencia porque los catalanes creen que todo va bien gobernado gozando ellos de muchos fueros. Ofrecieron un regular donativo, no muy largo, y volvieron a jurar fidelidad y obediencia con menos intención de observarla que lo habían hecho la primera vez.

La Guerra de Sucesión de España (1700-1714), de Joaquim Albareda Salvadó; Crítica, 2012; pgs. 81-82.

Felipe V, por Hyacinthe Rigaud (1701)

Felipe V, por Hyacinthe Rigaud (1701)

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