CULTURA DE LA CANCELACIÓN

por El Responsable

“Que Juan Luis Vives no regresara jamás a su país natal se entiende bien, muy bien. Ciertos exilios se explican por el odio que se hacina y reina en un lugar. La intransigencia, la atrocidad. El que sería venerado por Moro pertenecía a una familia valenciana de conversos dedicados al comercio de paños. La acogida de la nueva fe, como en tantos casos, sería aparente. En casa de los Vives siguió manteniéndose en secreto una sinagoga. Eso era jugar con fuego, nunca mejor dicho. Y se produjo la peor de las situaciones: algunos miembros de la familia, entre ellos la madre del futuro humanista, fueron descubiertos por la Inquisición mientras oficiaban. Nada pudieron alegar. Habían sido sorprendidos. Se abrió contra ellos un proceso que terminaría del peor y más sangriento de los modos.

Ante la turbulencia, el padre reacciona rápido y decide enviar a Juan Luis -que cursaba su aprendizaje en el Estudi General de València- a Francia, no sólo para que prosiga sus estudios en La Sorbona, sino también para ponerlo a salvo. Allí el joven seguirá los cursos de arte. Su madre, Blanca March, fallecerá en 1509. El progenitor será supliciado en la hoguera mucho tiempo después, en 1524. Se dice que, cuatro años más tarde, los restos maternos fueron desenterrados y quemados públicamente por las llamas inquisitoriales. No eran los auténticos.

Es sensato que Vives renunciase a su deseo de viajar a Valencia en 1523, como lo es también el no haber aceptado la cátedra de la Universidad de Alcalá de Henares, a la que fue invitado para cubrir la plaza de Antonio de Nebrija, que había fenecido en junio de ese mismo año. Tenía miedo.”

Filosofía y consuelo de la música, de Ramón Andrés; Acantilado, 2020; pgs. 785-786.

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