SAN JORGE CONFUSO

por El Responsable

La doncella baila entre los vapores del dragón, sobre los techos rocosos de su cueva.
Ha visto al héroe en el lindero del bosque y la alegría le hace danzar desquiciada, sin prestar atención al creciente humo que la rodea.

El héroe tiene el porte de San Jorge, pero la afeminada voz de Casandra.
En el frenesí del baile ebrio no logra hacerse entender: la doncella hará que la bestia despierte de su profundo sueño.

Pero ella es incapaz de reprimir su alegría y continúa su extático delirio. Una densa niebla cubre ya el valle alrededor y el héroe apenas es capaz de distinguir sus propias manos.

Así que, con su ridícula voz, insiste: Debéis huir enseguida… o dejad al menos que me acerque silenciosamente al dragón, para sorprenderlo más fácilmente.

La doncella detuvo entonces por fin su baile y miró extrañada al héroe. Tras unos segundos de reflexión, dijo: Pero vos… no tenéis alas. ¿Cómo pensáis llevarme a Avalón?

Era el héroe el que torcía ahora de modo curioso la mirada. Respondió: Lo cierto es que ésa no fue nunca mi intención.

La doncella se quedó pensativa un momento. Después se acercó al héroe, le besó en la boca, y le dijo: No os preocupéis; quedaos aquí sin hacer mucho ruido y, cuando el dragón despierte, nos llevará a ambos a Avalón.

El héroe parpadeó y se quedó un buen rato sin saber qué responder. Mientras tanto, la doncella había reiniciado su danza febril.

Es, probablemente, la criatura más bella que haya conocido nunca, pensó el héroe.

La miró una última vez, se dio la vuelta, y se dejó engullir por la niebla del valle, camino del bosque, de regreso a los acantilados donde tenía su hogar.

“Kitty Pride”, de Daniel Govar