El sosiego acantilado

NON MEA VOLUNTAS

Mes: Outubro, 2021

SUELO DE OTOÑO

El verano se malgastó en una vida anterior. Ni siquiera es su principal deseo.

Es como el suelo de otoño, que ansía el verdor de las altas copas, y sólo recibe agotadas hojas amarillas.

Aún así, implora el paso de un viento fuerte, que vacíe las ramas, y le alcance una última tibieza de hojarasca.

“Árboles de otoño”, de Egon Schiele (1911)

¿DE QUÉ ESTÁ HECHA LA POESÍA?

“¿De qué está hecha la poesía que se puede leer? De obsesiones, sin duda. Y de pasión. Si no se cree con obstinada pasión en algo muy concreto o si no duele no creer en nada, no hay poesía. Si sólo se cree en vaguedades, como la belleza ideal, la Humanidad (con mayúscula y sin rostro) o la bondad de la naturaleza, no hay poesía. Menos aún, si se manejan con maniqueísmo esas abstracciones. ¿De qué está hecha? De inconsecuencia, sin duda. De fe y de pasión traicionadas. De conciencia de la propia traición. No vale estar satisfechos. Creer y estar satisfechos de creer: eso no sirve, porque ahí no hay obstinación ni pasión, sino un estado amorfo del alma, sin historia, sin sangre, sin sacrificio. Y lo que menos sirve es que la Poesía (así, abstracta y también con mayúscula) obsesione más que cualquier otra cosa. La obstinada pasión por la Poesía está detrás de toda la poesía que no se puede leer.”

La calle de la reina Ester, de Julio Martínez Mesanza; Rialp, 2017; pg. 21.

“Testing the Water”, de Kim Kogan (2009)

IRRADIAR BELLEZA

“Su mirada fue atraída por el lomo brillante de un escarabajo, que había estado inmóvil en el alféizar y ahora avanzaba decidido a entrar en la habitación. Dos franjas rojizas recorrían a lo largo su concha ovalada verde y oro. Movía sus antenas con cautela al avanzar, y todo su aspecto recordaba a Kiyoaki las minúsculas maravillas de un joyero. En medio del remolino destructor del tiempo, qué absurdo era que tan insignificante animalillo tuviera que resistir por sí mismo en su inseguro mundo. Mientras lo observaba iba gradualmente quedando fascinado. Poco a poco el escarabajo se acercaba más a él. Su cuerpo resplandecía como si quisiera dar la impertinente lección de que cuando se atraviesa un mundo, cualquiera que fuese, lo único importante es irradiar belleza. Supongamos que él estaba calculando en semejantes términos su propia armadura protectora frente al mundo. Estéticamente, ¿era tan bello como aquel escarabajo? ¿Y lo bastante fuerte para confiar en una defensa tan buena como el caparazón del escarabajo?

En aquel momento, casi se sintió persuadido de que todo lo que le rodeaba (los árboles, sus hojas, el cielo azul, las nubes, los tejados) estaba allí simplemente para servir al escarabajo, que en sí mismo era el eje y núcleo central del Universo.”

Nieve de primavera, de Yukio Mishima; Alianza, 2017; pgs. 219-220.

“Mañana en el monte Tsurugi”, de Hiroshi Yoshida (1926)

SAN JORGE CONFUSO

La doncella baila entre los vapores del dragón, sobre los techos rocosos de su cueva.
Ha visto al héroe en el lindero del bosque y la alegría le hace danzar desquiciada, sin prestar atención al creciente humo que la rodea.

El héroe tiene el porte de San Jorge, pero la afeminada voz de Casandra.
En el frenesí del baile ebrio no logra hacerse entender: la doncella hará que la bestia despierte de su profundo sueño.

Pero ella es incapaz de reprimir su alegría y continúa su extático delirio. Una densa niebla cubre ya el valle alrededor y el héroe apenas es capaz de distinguir sus propias manos.

Así que, con su ridícula voz, insiste: Debéis huir enseguida… o dejad al menos que me acerque silenciosamente al dragón, para sorprenderlo más fácilmente.

La doncella detuvo entonces por fin su baile y miró extrañada al héroe. Tras unos segundos de reflexión, dijo: Pero vos… no tenéis alas. ¿Cómo pensáis llevarme a Avalón?

Era el héroe el que torcía ahora de modo curioso la mirada. Respondió: Lo cierto es que ésa no fue nunca mi intención.

La doncella se quedó pensativa un momento. Después se acercó al héroe, le besó en la boca, y le dijo: No os preocupéis; quedaos aquí sin hacer mucho ruido y, cuando el dragón despierte, nos llevará a ambos a Avalón.

El héroe parpadeó y se quedó un buen rato sin saber qué responder. Mientras tanto, la doncella había reiniciado su danza febril.

Es, probablemente, la criatura más bella que haya conocido nunca, pensó el héroe.

La miró una última vez, se dio la vuelta, y se dejó engullir por la niebla del valle, camino del bosque, de regreso a los acantilados donde tenía su hogar.

“Kitty Pride”, de Daniel Govar

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