LAS COSAS DIMINUTAS

por El Responsable

Crece el color azul en el día.

Salen los productos de limpieza del lugar en el que suelen esperar. Limpia la suciedad del vaso donde reposan los cepillos de dientes. Deja en remojo jabonoso la escobilla.

Siente en el torso desnudo el fresco de la mañana de septiembre, que penetra por la pequeña ventana. Se arrodilla para frotar cada punto de la bañera.

Desaparecen las manchas ocultas de la taza del váter. Mientras lo hace, piensa en Dios. Y en que hay que vestir a la niña para ir a misa de diez. Los restos acumulados en los tapones. Olvidos orgánicos e industriales son eliminados de la existencia.

Mientras llena el cubo de la fregona, vuelve a pensar en ella. Una vez más. O quizá no haya dejado de hacerlo. Simplemente, hay momentos en que es más consciente de ese movimiento autónomo de su alma.

Se fija en las manchas de su pantalón. Habrá que echarlo a lavar. Ir a misa un poco curioso.

Disfruta del olor a limpieza química, del brillo artificial de los azulejos recién aclarados.

El placer de poner orden. De hacer el mundo más bello y amable para ellas.

Recuerda la sensación de calma de ayer, tras aceptar el camino. Quiere esa pausa, para su escritura. Y el ritmo artesanal de todo lo que ocurre en Phantom Thread.

El paciente relato de las cosas diminutas, donde moran los quicios de la existencia plena.

PHANTOM THREAD