PARDOS HAMBRIENTOS

por El Responsable

Al salir del metro, el dorado de las cinco cúpulas de Santa María Magdalena resultaba aún más bello en contraste con el gris tormenta del cielo.

Pues llovió toda la tarde.

Hoy he salido a correr con la camiseta que vistió mientras comía helado de fresa y nata. Su favorito.

Es una pena que no crea ni una sola palabra que sale de su boca, porque en su boca moraría por el resto de mis días, también yo helado que sin prisa se deshace.

Al bendecir las comidas, cito su nombre; y en las tres cuentas que en cada misterio dedico a rezar por alguien, es ella la principal protagonista.

Arrodillado en la iglesia, doy gracias a Dios por darme a conocer la mujer con la que he vuelto a pecar. Y acepto finalmente, sin mayor reproche, las consecuencias lógicas de mi nueva traición.