El sosiego acantilado

NON MEA VOLUNTAS

Mes: Agosto, 2021

MOMENTOS DE UN VIAJE

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EL MAR SOSIEGA SU IRA

Cuenta la leyenda que en Simou, lugar del concello de Mugardos, había una fábrica de jabón. Un incendio destruyó todo, salvo una imagen que presidía el edificio: una imagen de San Antonio de Padua.

Confirmado el milagro, los lugareños construyeron una ermita para guardar aquella imagen. Y no tardando mucho, la ermita se convirtió en centro habitual de peregrinación comarcal.

En el campo alrededor solía celebrarse la fiesta de San Antonio.

Hoy he visitado la ermita en compañía de mi tía Marisa. La ermita está dentro de una propiedad privada, cuyos dueños permiten el acceso gratuito a los devotos de la zona. Los martes, en concreto, la puerta de la ermita está abierta para cualquiera.

Mi tía ha traído tres velas de casa. Todas las que se ven en la foto han sido encendidas hoy mismo. Mi tía se ha persignado y ha cogido el libro de oraciones para rezar.

Y entonces ha venido la sorpresa, al leer el responsorio de San Antonio…

El mar sosiega su ira…

San Antonio de Padua, iglesia de Alvarado que tantos años habité. Ante cuya imagen llevé a mi hija hace pocos meses.

San Antonio de Padua, dejé a mi tía en el prado, y volví a entrar en tu santuario para pedirte por este amor débil, naciente y amenazado.

Sé que nada merecemos, pero protege nuestro encuentro milagroso. Esperanzador.

Protégela a ella, al menos.

Que el mar sosiegue su ira, venerado San Antonio. E que Deus nos teña no seu colo. A todos.

PROMESA DE COMPAÑÍA

Trato de que las fotografías me den conversación, pero son de natural callado. Doy vueltas en el remolino del silencio y ninguna imaginación me es ajena. 

Hoy llevé a mi hija hasta la Piedra Grial, que siempre fue un avatar del sacrificio, y sospecho que los dioses han exigido peaje. 

Leo el cuento de esta noche con un nudo en la garganta y lágrimas de guarnición. Mi hija nota algo en mi voz y pregunta por qué leo así. No sé qué he respondido. 

Me dispongo para jornadas de absoluta soledad, rodeado de los míos, en las tierras de mi Casa.

Y una promesa de compañía que he de guardar hasta que el mundo me demuestre que he vuelto a equivocarme. 

AGOSTO

Aplasta agosto
con sus horas hueras
y sus cazas furtivas.

Con las iglesias cerradas
y los pecados secando al aire
que no es aire sino llama.

Desgasta agosto
en su paréntesis de todo
y es el amor que acompañar no puede
salvo tragar desde la barrera el suceder apretado de los lances.

Disgusta agosto
que multiplica kilómetros por vidas
y convierte ciudades vecinas en planetas lejanos.

No hay sosiego en la pausa de agosto:
sólo la paz de las carreteras cortadas
y el hastiado musical de los suspiros.

BAUTIZO

El tiempo es llegado, Dios mediante, de llevar a mi hija hasta los caballos que vigilan el ocaso. Hasta el limes sagrado del mundo. Para bautizarla en la belleza de la que nacen los dioses.

Yo, padre sacerdote, percibo la tensión en las cadenas del tiempo. Agarraré su mano pequeña y la llevaré de paseo por la geografía de mi alma. Todos esos lugares que soy, todos esos lugares que me soportan.

Todos esos lugares que a tantos antes han dado forma.

Así protegeré y condenaré a mi hija, al mismo tiempo. Pues su ser ya no podrá conformarse con cualquier cosa. Quedará comprometida y obligada a una determinada búsqueda, umbrales por debajo de los cuales nada valdrá la pena.

Sí, hechizaré a mi hija en el fin del mundo, para que no le quede más remedio que vivir en el acantilado, tratando de mantener la calma sin aliento. Auriga de ángeles y demonios, domadora de vientos, redera en océanos salvajes.

El único lugar donde la vida merece ser vivida.

Herbeira

AQUELLA RISA

Se hizo el silencio
las redes ya no atrapaban palabras
y la nada lo invadió todo.

Miré a izquierda
miré a derecha
no había nadie.
Miré al suelo
con las manos asustadas
y las elevé al cielo
como si rezara.

A mi alrededor sólo rostros de ojos y bocas cosidos y clausurados.
Y una radiación cósmica de fondo que no sabía si interpretar como grito, llanto o sueño.

Proyecté búsquedas en ciudades fantasma
asaltos informáticos inverosímiles
mentiras que me descubriesen verdades.

Pero nadie me protegía
de las redes vacías
donde reía la nada.

Me levanté del suelo
volví a la senda elegida
y presté toda la atención posible a aquella risa
para acostumbrarme pronto a su presencia.

SEAN SILENCIO LAS PALABRAS

Desperté en una tarde muerta. Un viento agobiante secaba el aire. A mi alrededor pululaban rutinas pequeñas, de cuerpecitos ridículos, que apenas me prestaban atención.

Un vacío supremo se había sentado en el sofá de la casa. Me hablaba monótono de cosas sin interés. Yo sólo podía volver a los interiores de la mañana y a mis manos mojadas en el dios-río.

Un bautizo oculto dio nombre a un secreto y los corazones maduraron color sangre.

Afilo mi cuerpo para holocausto de dioses viejos.
Amo con propósito de leyenda.

Pero que sean silencio las palabras, hasta ser bañadas en miel.

EL VUELO DE LAS MARIPOSAS VERDES

Dejamos que las escaleras mecánicas nos lleven sosegadamente hasta el sol, mientras aprovechamos el escalón para apretar las distancias y los anhelos.

Como niños jugando a descubrir el mundo, nos colamos en las salas cerradas del palacio; y, para vencer la oscuridad que nos rodea, me enseñas a iluminar -con la linterna del móvil-, el nido donde se ocultan las mariposas verdes.
Son ellas las que nos guían por los corredores negros y los pasados omnipresentes.

Todo es demasiado e insuficiente.

Y mañana no acaba de llegar; para irse, poco después, enseguida.

Y en las noches sueño caballos automáticos que nos llevan por carreteras eternas, persiguiendo el vuelo caprichoso de las bellas mariposas verdes.

En Compostela

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