El sosiego acantilado

NON MEA VOLUNTAS

Mes: Xuño, 2021

SU HIJO ES UN MISERABLE

Eso es que has sufrido tener cerca a yonquis, yonquis de los antiguos, de esos coñazo, de dar la lata, de oye préstame atención, y yo-yo-yo, yo-yo-yo. Y haz esto por mí, porque yo no puedo y tal… y el chantaje emocional. A mí me lo hacen mucho, por eso acabaron llamándome nazi, porque los ponía verdes. Fui el primero en decir en la tele y en todos los sitios que son unos falsarios, unos farsantes. Señora, a usted le está tomando el pelo su hija o su hijo, pero le está tomando el pelo en una forma ignominiosa.

O sea, es usted mucho más dependiente de sus medicinas que él de la supuesta heroína o cocaína. Mucho más. Y sin embargo se deja chantajear, porque en el fondo no está dispuesta a reconocer que tiene un hijo maligno o con una fase maligna de conducta. Usted prefiere cualquier cosa antes que aceptar que su hijo es un miserable.

El Valium es mucho más adictivo que la heroína o que la morfina. ¡Mucho más! Porque la morfina o la heroína la dejas y tienes un par de días de incomodidad. ¡Un par de días! El Valium te puede llevar un par de meses de muy severos síntomas raros: insomnio agudo, irritabilidad muy grande, dolores de cabeza, calambres musculares.

Lo que pasa es que la mayor parte de la gente que toma Valium es sensata y no exagera. Entonces, pues bueno, se tolera. Pero el peor síndrome de abstinencia que hay es el del alcohol y luego el del Valium.

Los penúltimos días de Escohotado, de Ricardo F. Colmenero; La Esfera de los Libros, 2021; pgs. 102-103.

Escohotado

Y SEGUÍA ÉL DANDO VUELTAS

“Umbral era una de esas persona cuya conversación versaba siempre sobre él o sobre aquello que a él le interesaba. En cierto modo era como uno de esos autobuses de línea, en los que la gente se sube o se baja, sin que modifique su recorrido. A Umbral se subía uno y se bajaba cuando quería, y seguía él dando vueltas. Acababa de publicarse su Leyenda del César Visionario, y hablaba de esa novela. Se cuentan en ella los primeros meses de la guerra civil, con un Sánchez Mazas que se dedica, al frente de una jarca de falangistas, a pasear a rojos y desafectos. Aprovechando que en una parada se bajaron los dos o tres que estaban escuchándole, y que nos quedamos sólos él y yo, le dije que quizá conviniera en la segunda edición cambiar el nombre de Sánchez Mazas por otro cualquiera, quizá Sánchez Trazas, un retoque sencillo, sin mover el argumento, porque en esos meses Sánchez Mazas no solo no estaba paseando a rojos, sino que los rojos lo estaban paseando a él. Umbral era un gran funambulista, todo el día en el alambre, incluso un buen acróbata. Se quedó en silencio unos segundos, rumiando mi sugerencia, y a continuación ejecutó un alejop impecable: ‘Ah, no, no me convence. Si hago lo que dices el efecto Sánchez Mazas se jode’. Yo le dije que llevaba razón y que eso sí, el efecto ese se jodía.”

Madrid, de Andrés Trapiello; Destino, 2020; pgs. 87-88.

UMBRAL

ESTE PUEBLO DE MIERDA

“Paseamos todo aquel tiempo juntos y zurcimos la ciudad con nuestro errabundaje. No recuerdo de qué hablamos, pero sí que no dejamos de hacerlo, y que ella también me abrió su corazón y me contó que era profundamente desdichada. Al ir a subir al tren, a las once y veinte, me dijo cuando tenía yo ya el pie en el estribo, bajando los ojos: Me iría contigo. También dejaría este pueblo de mierda si tuviera el valor. Mi hermano me preguntó, con el tren ya en marcha, quién era. Me encogí de hombros. Solo conocía el apodo familiar por el que la llamaban. No volví a verla nunca más. Pasados los años, un día, hablando con alguien de León que cantó también en la Capilla Clásica, me dijo que aquella muchacha se había suicidado y que había tenido un niño al que le había puesto de nombre Andrés. Vivirá acaso.”

Madrid, de Andrés Trapiello; Destino, 2020; pg. 21.

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