ENGENDRO DE LA FILOSOFÍA-POP

por El Responsable

Me está gustando Jupiter’s Legacy. Trata algunos de los temas que más me han dado que pensar en los últimos tiempos, como la paternidad o la relación de la figura del héroe con la segunda Persona de la Trinidad.

Y me está haciendo gracia el sentido de la oportunidad de su emisión.

Hace unos meses, estuve buscando un texto que yo había escrito en 2007, en el que exponía mis teorías políticas de entonces a través de mis infantiles lecturas de cómics de superhéroes. No conseguí encontrar el texto.

Pero he aquí que, unas semanas más tarde, sin saber nada de mi búsqueda, mi amigo Nacho citó unas palabras de ese texto en un grupo de Guásap que tenemos, sin decir cuál era su origen. Al revelar el misterio, la casualidad me dejó atónito.

Le pedí que me enviara el texto.

Y hoy, tras ver los primeros capítulos de Jupiter’s Legacy, no me ha quedado más remedio que volver a pensar en él.

Decía así:

“Yo debía de tener unos nueve o diez años cuando descubrí los cómics de la Marvel. Para los que no estéis puestos en el asunto, os diré cuáles son algunos de los personajes que forman parte de su universo: Spiderman, la Masa, los 4 Fantásticos, Lobezno, el Capitán América, Daredevil… Otro universo muy famoso es el de DC, donde pululan Superman, Batman, la Linterna Verde… En general, o eres de Marvel, o eres de DC; hay gentes raras que dicen gustar de ambos mundos, pero no vamos a comentar ahora criterio tan ridículo.

            El caso es que, entre los propios aficionados de la Marvel, también existen divisiones profundas. Una de ellas es la que separa a los fans de la Patrulla-X de los fans de los Vengadores. Para no engañar al público, he de confesar que he conocido a innumerables admiradores de aquélla; pero apenas a un par de éstos (y yo soy una de las mitades de la pareja).

            Puedo decir que mis convicciones morales y éticas se fueron desarrollando, entre otras cosas, mediante la lectura de las aventuras y desventuras de estos personajes tan graciosamente disfrazados.

            Posteriormente, las lecturas se fueron complicando. Con 18 años me convertí en alumno de la Facultad de Filosofía y el leer se transformó en histeria y la complicación alcanzó un detallismo rococó. Además, empecé a participar en diversas actividades políticas, y comencé a cotejar lo leído con mis propias experiencias de joven militante.

            A punto de cumplir los treinta años, me encuentro en uno de esos momentos pomposamente serios de la vida de uno, en que nos creemos con la suficiente claridad y el suficiente número de vueltas en el cuentakilómetros como para resumir lo acontecido y sacar diversas conclusiones.

            Una de las graciosas situaciones en las que me encuentro al tratar de exponer mi “visión del mundo” ahora mismo, es que, cada vez que pienso en mis convicciones políticas actuales, me viene a la cabeza la imagen del Capitán América.

            Ni la “República”, ni las “Leyes” de Platón; ni Aristóteles; ni la “Ciudad de Dios” de San Agustín; ningún libro de “El Capital”; ningún panfleto de Lenin; ningún busto de Maquiavelo; nada de Kant, nada de Fichte, nada de Hegel; ni Kelsen, ni Schmitt, ni Jünger; ningún parrafo de Saint-Just, ningún discurso de Gracián…

            El Capitán América.

            Debo asumir mi condición de engendro de la filosofía-pop.

            El nombre real del Capitán América es Steve Rogers. Joven reclutado por el ejército de los Estados Unidos durante la 2ª Guerra Mundial, fue sometido a diversos experimentos bioquímicos para la mejora de su condición física. Posteriormente fue enviado a Europa, donde combatió como soldado de élite contra los nazis. Tras un accidente se le dio por desaparecido y no se supo más de él.

            En los años 60 se produjo la gran eclosión de la Marvel, gracias al éxito de Spiderman y la Masa. Animados por ello, los directivos deciden crear una nueva publicación, Los Vengadores, donde unirían sus fuerzas la Masa, Thor, el Hombre de Hierro, el Hombre Hormiga y la Avispa. En la 4ª entrega de sus aventuras, si no recuerdo mal, se produjo la reaparición del Capitán América; fue entonces cuando descubrimos que, tras el accidente, había permanecido congelado dentro de un bloque de hielo, vagando por los mares árticos, en estado de animación suspendida. Como ya os he dicho, su condición física había sido artificialmente mejorada y no tardó en recuperarse de su par de décadas ejerciendo de cubito de hielo.

            Enseguida se convirtió en el alma de los Vengadores. Como en el fútbol, en los comics también hay alineaciones clásicas, que recuerdan grandes equipos de otrora. Los Vengadores, por su larga trayectoria, han visto pasar por sus filas a muchísimos personajes de la Marvel; pero si hay que decir tres hiperclásicos, yo creo que nadie dudaría: Thor, el Hombre de Hierro y el Capitán América.

            Antes os he dejado entrever que a casi todo el mundo le gusta la Patrulla-X y a casi nadie los Vengadores. No siempre ha sido así. Los Vengadores dominaron los años 60 y 70. La Patrulla-X original (Cíclope, Fénix, Hombre de Hielo, Bestia y Ángel) apenas tuvo éxito; fue la refundición la que cambió el panorama, con la entrada de Lobezno, Tormenta, Rondador Nocturno, Coloso… En los 80, gracias a los guiones maravillosos de Chris Claremont, la Patrulla arrasaba: mutantes injustamente perseguidos por un gobierno racista, a pesar de lo cual se mantenían en el lado bueno, enfrentándose al terrorismo neonazi de Magneto. Y un personaje por encima de los demás: Lobezno.

            Por su parte, los Vengadores representaban a los superhéroes “colaboracionistas”, siempre de buen rollo con el gobierno estadounidense y con un patriota como líder, el -para muchos pseudo-fascista- Capitán América.

            Para empezar a entender el funcionamiento de mi imaginación, debo explicaros que Lobezno posee un par de garras retráctiles que le salen de los puños cuando él lo desea; con este tipo de armamento natural, podéis pensar que Lobezno no se debe de andar con demasiados miramientos con sus enemigos. Acertáis. A la gente le vuelve loca Lobezno porque, si hay que matar, se mata. ¿Cuántas veces hemos leído, los amantes de la Marvel, la típica trifulca teórico-práctica entre Charles Xavier y Lobezno, sobre lo que habría que hacer con Magneto si hubiese oportunidad?

            El Capitán América es famoso por su escudo. Su arma es un escudo. Y su frase más repetida –hasta el aburrimiento-: “los buenos vencen, pero no matan”.

            Cuando digo que me viene a la mente el Capitán América al pensar en política, debo ser más concreto; lo que me viene a la mente es un suceso puntual.

            Durante los 90, la Marvel trató de reflotar de diversas maneras las exiguas ventas de los Vengadores; como era un clásico, no podían cerrar la colección; así que decidieron cambiar la filosofía, al tiempo que modificaban buena parte de la alineación titular; la vieja guardia se fue de vacaciones y entraron muchos secundarios con poco pasado, para que pudieran encarnar mejor los nuevos tiempos. Y así, de la mano del Caballero Negro, los Vengadores se “lobeznizaron”.

            Hasta el punto de que, en uno de los capítulos, Sersi, una de las nuevas incorporaciones, mató a uno de sus enemigos.

            El caso es que las ventas mejoraban. Los Vengadores ahora eran unos chungos y a la gente le molaba el cambio.

            Pero las noticias del asesinato de Sersi llegaron a oídos del Capitán América, que volvió enfadado, amargado y dispuesto a que todo volviese a ser como antes. Debo reconocer que fueron episodios apasionantes, repletos de tensión; y que tuvieron su punto culminante en el enfrentamiento directo entre el Capitán y el Caballero; y en su forma de pelear se resume todo: el Caballero trataba de matar al Capitán con su espada y el Capitán se defendía con su escudo, tratando de derrotar al Caballero provocándole el menor daño posible.

            Desconozco cómo les va a los Vengadores actualmente. La Patrulla tiene sus pelis (3, por ahora) y los Vengadores esperan por la primera.

            Pero yo tengo clavadas en el alma muchas de las reflexiones del Capitán América: “lo único que nos diferencia realmente de nuestros enemigos, lo único que nos permite afirmar que nosotros somos los buenos y ellos los malos, es que a ellos no les importa matarnos, mientras que nosotros nos preocupamos porque su derrota no signifique su muerte”.

            Tonterías como ésta decía el Capitán América; para aquel niño de 10 años, eran evidencias dignas de cualquier Credo. Más tarde, las muchas lecturas me hicieron perderlo de vista. Llegué a pensar que Lobezno y el Caballero Negro tenían razón.

            Pero ahora, en uno de estos ridículos momentos de la vida en que pensamos que hay que hacer cierto recuento de lo sucedido, a punto de cumplir los treinta, cada vez que me planteo mis ideas sobre lo ético y lo político, pienso en el Capitán América, deteniendo los espadazos del Caballero Negro, mientras intenta derrotarlo sin hacerle demasiado daño.

            Seguramente me encuentro en una fase psicológica, al ir cumpliendo años, de intento romántico de regreso a la infancia, alguna variedad friqui del complejo de Peter Pan (muchos me lo dicen). Quizá tengan razón.

            Pero eso es lo que me viene a la mente, ¿qué queréis que le haga?”

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