TAN BRILLANTE COMO HETERÓCLITA

por El Responsable

“Sintiendo que su muerte es inevitable, toma algunas disposiciones, rogando a Céleste que devuelva a Marie Scheikévitch un encendedor que ésta le regalara en 1917, que entregue a Reynaldo Hahn una acuarela de Marie Nordlinger que se halla a su cabecera, y que envíe, por remordimiento, un ramo de flores al doctor Bize. Sin aguardar su muerte, manda a Céleste a que lleve a Léon Daudet, quien acaba de escribir un hermoso artículo sobre él, otro ramo de flores, atención que emociona hasta las lágrimas al feroz panfletario. Por último, encarga a Céleste que mande aviso al padre Mugnier de su muerte para que éste acuda a rezar ante su cuerpo la oración de difuntos.

[…] Al día siguiente, es el propio Reynaldo Hahn quien telefonea a los amigos de Proust para comunicarles la muerte de éste. El padre Mugnier, que se encuentra enfermo, no ha podido rezar a su cabecera las oraciones que había solicitado. […] Céleste quería poner entre sus manos el rosario que le trajera Lucie Faure de un peregrinaje a Jerusalén, pero Robert Proust se opone: No, Céleste, ha muerto trabajando. Dejémosle las manos extendidas.

El entierro, fijado el 22 de noviembre [de 1922], en la capilla Saint-Pierre-de-Chaillot, se celebra en presencia de una multitud tan brillante como heteróclita. El padre Delouve pronuncia un responso, pero en vez de la música litúrgica propia de este tipo de ceremonias, suena la Pavana para una infanta difunta. Maurice Martin du Gard, presente más como curioso que como amigo, pasea una sarcástica mirada sobre la concurrencia: … duques, príncipes, embajadores, el Jockey, la Union, botines abotonados, monóculos, rayas engominadas… Entre la multitud, encumbrada judería y destacada pederastia parisina entrada en años, maquillada, uñas pintadas, ojos escudriñadores. Dominando en primera fila, desconsolado, el mecenas de los ballets y las fiestas del París de la Victoria, conde Étienne de Beaumont…

Marcel Proust, de Ghislain de Diesbach; Anagrama, 2013; pgs. 608, 610.