SÉ QUE VIENES

por El Responsable

Sé que vienes
y me siento a esperarte, tranquilamente, refugiado entre telas recias de la brisa marina.

Siempre sé que vienes, por el corretear intestino de las termitas.

Sé que vienes, rebosando palabras graves como un corazón de acero, que yo he de traducir de tu bella lengua materna.

Vienes a agotarme, lo sé, con tu exasperante anhelo de verdad.

Como un amor de la infancia sin ensuciar, vienes prometiendo alternativa redención.

No te soporto, mi amor. Y, sin embargo, aquí estamos sentados los dos, charlando, con sendos cafés calentándonos las manos arrugadas, frías y viejas.

Eso último que dijiste no lo escuché bien -esa maldita gaviota gritona-.

A pesar de todos estos años que hemos pasado juntos, sigo sin saber exactamente cómo te llamas. Y tú sigues negándote a decírmelo. Nunca te has dado entera, durante todos estos años. No te extrañe entonces que yo aún siga guardando las distancias, amor.

Sé que vienes, por la impotente insistencia del vacío en hacerme sentir solo. Te acercas y el mundo se llena de algo, que no sé qué es, pero me acurruca.

Y me haces hablar como si realmente tuviese algo que decir, como si mi vida estuviese repleta de maravillas que merecen ser contadas. Y que sólo si tú las escuchas parecen existir.

Callamos, mientras los caballos pastan aquí cerca, entre los molinos del parque eólico.

Te pones en pie. ¿Te vas ya? Tienes prisa, hoy.

Ten cuidado con el escalón.

Es un abismo.