El sosiego acantilado

NON MEA VOLUNTAS

Mes: Abril, 2021

PREGÚNTAME TÚ

Cada vez que haga uso de mi formidable erudición y de mi innegable talento para la escritura, con el objeto de explicarte todas las desgracias que inevitablemente destruirán todo lo que es bueno y bello, pregúntame tú si fui capaz de reprender a mi hija cuando se burlaba de la debilidad de otro.

Cada vez que trate de explicarte por qué los malos están destruyendo el mundo, tú pregúntame por el número de mis hijos, por el número de mis mujeres, si fui capaz de cumplir mis promesas, de mantener mi palabra.

Si yo te hablo de altas conspiraciones en oscuros salones donde se esconden los seres-serpiente, pregúntame tú si fui capaz de arrodillarme ante el humilde pan de los sagrarios.

Si yo te hablo de las exhaustas fuerzas espirituales de Occidente, pregúntame tú por qué tengo tanto miedo a morir y a dar mi vida por mis amigos.

Sí: cada vez que te cuente una historia de terror con monstruos invencibles que brinde excusas justificadoras de todas tus rendiciones, mirándome a los ojos, pregúntame tú qué papel interpretaba yo en ella.

TAN BRILLANTE COMO HETERÓCLITA

“Sintiendo que su muerte es inevitable, toma algunas disposiciones, rogando a Céleste que devuelva a Marie Scheikévitch un encendedor que ésta le regalara en 1917, que entregue a Reynaldo Hahn una acuarela de Marie Nordlinger que se halla a su cabecera, y que envíe, por remordimiento, un ramo de flores al doctor Bize. Sin aguardar su muerte, manda a Céleste a que lleve a Léon Daudet, quien acaba de escribir un hermoso artículo sobre él, otro ramo de flores, atención que emociona hasta las lágrimas al feroz panfletario. Por último, encarga a Céleste que mande aviso al padre Mugnier de su muerte para que éste acuda a rezar ante su cuerpo la oración de difuntos.

[…] Al día siguiente, es el propio Reynaldo Hahn quien telefonea a los amigos de Proust para comunicarles la muerte de éste. El padre Mugnier, que se encuentra enfermo, no ha podido rezar a su cabecera las oraciones que había solicitado. […] Céleste quería poner entre sus manos el rosario que le trajera Lucie Faure de un peregrinaje a Jerusalén, pero Robert Proust se opone: No, Céleste, ha muerto trabajando. Dejémosle las manos extendidas.

El entierro, fijado el 22 de noviembre [de 1922], en la capilla Saint-Pierre-de-Chaillot, se celebra en presencia de una multitud tan brillante como heteróclita. El padre Delouve pronuncia un responso, pero en vez de la música litúrgica propia de este tipo de ceremonias, suena la Pavana para una infanta difunta. Maurice Martin du Gard, presente más como curioso que como amigo, pasea una sarcástica mirada sobre la concurrencia: … duques, príncipes, embajadores, el Jockey, la Union, botines abotonados, monóculos, rayas engominadas… Entre la multitud, encumbrada judería y destacada pederastia parisina entrada en años, maquillada, uñas pintadas, ojos escudriñadores. Dominando en primera fila, desconsolado, el mecenas de los ballets y las fiestas del París de la Victoria, conde Étienne de Beaumont…

Marcel Proust, de Ghislain de Diesbach; Anagrama, 2013; pgs. 608, 610.

LA PAUSA ES MENESTER

“Si te acercas silenciosamente hasta la puerta de su estudio, quizá la descubras sentada, mirando fijamente el cuadro en el que trabaja. Puede pasar mucho tiempo hasta que la veas moverse de nuevo. Si le preguntas qué hace ahí parada, te dirá estoy pintando.

Pues esa pausa es menester.

La recuerdo investigando mis músculos, para dibujarlos. Yo observaba hipnotizado el modo en que miraba mi cuerpo, como mármol a desbastar. Y al tratarme como probable artesanía, la sentí completamente mi matriz protectora. Me dejaba hacer -feto minúsculo de nuevo, despreocupadamente indefenso-.

La pausa es menester.”

Escrito en mi diario el miércoles 10 de junio de 2015.

Shtisel

LA PROFUNDA POSESIÓN

“El poeta había recibido de Claire Studer un pequeño libro de poemas, Mitwelt, en el que había versos como éstos -dirigidos por Claire a su hija:

Un día te darás cuenta de que los hombres sólo
quieren tener poder los unos sobre los otros,
y ese día podrás comprender que la única, la auténtica,
la profunda posesión que podemos llamar realmente nuestra en el mundo
es la del dolor.”

Vida de Rainer Maria Rilke. La belleza y el espanto, de Antonio Pau; Trotta, 2012; pg. 337.
Nuevamente, el culpable de esta maravillosa cita es mi amigo José Luis de la Cuesta -que Deus o teña no seu colo-.

MAGDALENA

La vecina de abajo se cae sola en su casa. Escucho su nerviosa conversación con la teleasistencia. Bajo a ver si puedo ayudarla en algo. Se acerca arrastrándose hasta la puerta y me abre.

Con ayuda de la vecina de enfrente, que llega en ese momento de trabajar, la sentamos en su cama.

Llegan los médicos de la teleasistencia. Se ha golpeado un poco la frente. Tiene tres hijas, pero ruega que no las avisen, por no molestar.

Esta gente se dejaría matar, por no molestar a los suyos.

Un rato después, ya de vuelta en casa, solo en mi estudio, lloro.

EL ARTE NOBLE

 ¿Se nota cuando hay nobleza humana detrás de la creación artística?

— Sí. La nobleza siempre tiene que ver con la verdad. Velázquez es más noble que Tiziano. Si los dos fueran médicos, yo no iría a la consulta de Tiziano, porque a lo mejor me engañaba… Es un placer disfrutar un arte que sabes que no te está engañando, que no te está vendiendo nada, que te ofrece algo puro, limpio, noble, te guste más o menos. El arte que no trata de conquistarte y que no abusa de tu buena fe es muy grande.

— ¿Y es una grandeza habitual?

— Existe esa grandeza, pero también existe la constante necesidad de conquistar al espectador, aunque se mienta. El arte tramposo es muy habitual.”

Cita extraída de esta entrevista a Antonio López, que he conocido gracias a Estefanía Martínez.

Retrato de Pablo de Valladolid, de Diego Velázquez (entre 1632 y 1637)

SÉ QUE VIENES

Sé que vienes
y me siento a esperarte, tranquilamente, refugiado entre telas recias de la brisa marina.

Siempre sé que vienes, por el corretear intestino de las termitas.

Sé que vienes, rebosando palabras graves como un corazón de acero, que yo he de traducir de tu bella lengua materna.

Vienes a agotarme, lo sé, con tu exasperante anhelo de verdad.

Como un amor de la infancia sin ensuciar, vienes prometiendo alternativa redención.

No te soporto, mi amor. Y, sin embargo, aquí estamos sentados los dos, charlando, con sendos cafés calentándonos las manos arrugadas, frías y viejas.

Eso último que dijiste no lo escuché bien -esa maldita gaviota gritona-.

A pesar de todos estos años que hemos pasado juntos, sigo sin saber exactamente cómo te llamas. Y tú sigues negándote a decírmelo. Nunca te has dado entera, durante todos estos años. No te extrañe entonces que yo aún siga guardando las distancias, amor.

Sé que vienes, por la impotente insistencia del vacío en hacerme sentir solo. Te acercas y el mundo se llena de algo, que no sé qué es, pero me acurruca.

Y me haces hablar como si realmente tuviese algo que decir, como si mi vida estuviese repleta de maravillas que merecen ser contadas. Y que sólo si tú las escuchas parecen existir.

Callamos, mientras los caballos pastan aquí cerca, entre los molinos del parque eólico.

Te pones en pie. ¿Te vas ya? Tienes prisa, hoy.

Ten cuidado con el escalón.

Es un abismo.

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