MEU DIARIO, MEU CONFESIONARIO

por El Responsable

¿Por qué te alejaste de Dios? Porque me alejé de ella. ¿Por qué te alejaste de ella?

Por mi culpa, por mi culpa… por mi gran culpa.

También por la suya. Apenas una semana antes de marcharme, hacíamos el amor y hablábamos de ser padres. Permitimos que una circunstancia puntual nos derrotara. Perdimos los papeles. Y después ya no supimos volver atrás. O, simplemente, no quisimos.

Nuestras vidas dependían demasiado de terceras personas; culpa nuestra que las cosas llegasen a ese punto. Nosotros mismos nos encarcelamos en existencias alienantes. Demasiado jóvenes, en muchos sentidos. Y me preguntarás, ¿cómo se puede ser joven aún a los 38 años? Al menos ella tenía la excusa de la edad. Bueno, pues he ahí buena parte de mi pecado: no ser adulto a los 38 años.

También es cierto que las cosas habían sido complicadas. Si hubiésemos sabido que llegaría una inesperada llamada en noviembre para trabajar en Ponferrada, quizá, por el resto de mi vida… Aunque quizá también eso hubiese significado el fin de todo: ¿se habría venido ella conmigo, tal y como estaban las cosas en su familia?

Sí, tampoco sabe uno lo que hubiese podido significar Ponferrada en aquellas circunstancias.

Y os preguntaréis, ¿por qué todo esto, ahora?

Supongo que es lo que tocaba hacer cinco años atrás y me faltó el valor. Preferí enloquecer y delirar. Y ahora que deseo regresar a la gracia, toca enfrentarse cara a cara con todo aquello. Para ponerlo definitivamente en su sitio. Para reconciliarme con lo que ha sido y es. Con lo que fui y soy.

Para poder pedir perdón. Para poder recibirlo.