LAS DIVINAS INERCIAS

por El Responsable

Las palabras salen con mayor rapidez de las bocas que de los corazones. Mudar de veneraciones es un camino más largo de lo que nos gustaría pensar.

El alma ha de habituarse a los nuevos ritos y oraciones; y es en esa pelea cotidiana por forzar las inercias del cuerpo donde nuestra libertad realmente se faja.

Porque cuando el mundo nos exija más reflejos que deliberaciones, la mecánica involuntaria de nuestras costumbres es la que ofrecerá el auténtico espectáculo de nuestras creencias más profundas.

En la imperiosa necesidad de un momento, todos acabamos descubriendo a qué dioses adoramos realmente.

En la mayoría de los casos, no suele ser una sorpresa agradable.