PRECIPITACIONES DEL 8 DE MARZO

por El Responsable

Es otro de esos días de Grandes Palabras Identitarias. De esas idolatrías en las que el ser humano busca redención. Como Guerra Cultural o Nación.

Un padre muy activista nos avisó por el grupo de Guásap del colegio de que el AMPA nos animaba a que nuestros hijos fueran al cole con alguna prenda morada, en honor de las Grandes Palabras del día.

Mi hija fue al colegio vestida completamente de azul.

Habían pronosticado lluvia para todo el día, en el día de varias de esas Grandes Palabras. Pero no llovió hasta la hora de recoger a los niños del colegio.

A muchos, la lluvia les cogió desprevenidos. A mí no. A aquel chico, sí. Aquel chico se mojaba bajo la recia lluvia, mientras esperaba la salida de su hermano. Yo tenía un paraguas, el chico se mojaba. Sin demasiado esfuerzo lógico, le dije al chico que se refugiase conmigo bajo mi paraguas. El chico musitó algo sobre el olvido y se quedó a mi lado, en silencio, a cubierto, hasta que su hermano salió del colegio.

Pero yo me fijaba en la escena que tenía delante. Me hubiese gustado sacar una foto de esa escena. En ese día de algunas de esas Grandes Palabras.

En la foto, se podría ver a varias personas esperando a la salida del colegio, en la acera. Mientras llueve. Mientras llueve bastante. A la izquierda, se pueden ver tres personas con paraguas. A la izquierda, una madre, sin paraguas, espera cubierta apenas por una capucha escasa, empapándose. Ninguna de las tres personas ofrecen cobijo en ningún momento a la madre que se moja a su lado.

Y ahora, todo mi esfuerzo lógico consiste en entender esa escena, en ese día de Grandes Palabras.

Yo me sentí bien, ofreciendo mi paraguas al joven que se mojaba. ¿He de entender que esas personas que no ofrecen sus paraguas no se quieren sentir tan bien como yo? ¿O acaso a ellos no les hace sentir bien proteger de forma tan sencilla a alguien de la lluvia?

¿Es vergüenza? ¿Se sienten ridículos siendo amables y preocupándose de desconocidos en apuros?

O quizá no se dan cuenta de lo que ocurre alrededor. No se dan cuenta de que alguien se empapa y pasa frío a su lado, en uno de esos días de Enormes Palabras.

Quizá debiera yo escribir algo en el grupo de padres de Guásap. Algo como esto:

Recomiendo compartir paraguas en día de lluvia, para evitar que se mojen las personas que carezcan de ellos.
No es necesario hacerlo sólo el 8 de marzo. Se puede hacer en cualquier momento que llueva.
Hacerlo, además, suele producir una agradable sensación de bienestar.

Quizá debiera, pero no.
Me quedaré aquí, pensando en la lógica de los tiempos; y recordando la sonrisa que me regaló el joven al que ofrecí mi paraguas, cuando nos cruzamos con su hermano y él un poco más tarde.