LA VIDA DE LAS COSTUMBRES

por El Responsable

Consigo acordarme de bendecir la mesa a la hora de la comida; pero me olvido durante la merienda del día que es hoy y devoro la cecina sin el más mínimo escrúpulo.

Es curiosa la vida de las costumbres.

Uno se desmonta de ellas sin apenas esfuerzo, dejándose caer sobre una llanura infinita en la que apenas son visibles los caminos; y cuando el alma quiere devolverse a la pauta, la laxitud ha creado ya una fuerza de gravedad que nos arrastra inertes una y otra vez hacia la ausencia de ritos.

Observo estas dificultades como el pintor en jarras ante el lienzo sobre el que ya ha trabajado varias veces, incapaz al parecer la pintura de agarrar nuevamente en él.

Pero lienzo, sólo queda éste.

A pesar de ello, no acontece una tristeza impaciente -ni mucho menos desesperada-, sino simple contrariedad divertida.

Pues mañana será otro día, Dios mediante, para insistir en la misma aventura de afanes sutiles.

Hasta que llegue el día -como ya ocurriera- en que la voluntad se transforme en gesto inconsciente.

Y ya nada se pueda comer sin natural acción de gracias.

“The memory of yellow”, de Taeil Kim.