PECCATORIBUS

¿Qué haces?, preguntó, al entrar en mi habitación.

Rezo, contesté, al tiempo que la recibía con un beso.

Ella sonrió y se subió a la cama.

Qué collar más bonito… dijo, mientras acariciaba una de las cuentas de mi rosario roto.

¿Quieres que recemos por alguien? -le pregunté; me miró sin saber de qué le estaba hablando-. Tienes que pensar en alguien que quieras que esté bien, para que no le pase nada malo.

Desvió la mirada y empezó a pensar, llena de dudas.

¿Quieres que recemos por mamá?, le pregunté.

Respondió que sí, con una gran sonrisa.

Muy bien -dije yo, mientras cogía entre los dedos una de las cuentas-. Ave Maria, gratia plena…

Le fui diciendo más nombres; también ella empezó a decir los que se le iban ocurriendo. Por cada nombre, un Ave Maria.

Varias personas después, dijo, con una gran sonrisa: Y por ti.

Sonreí. Hice algún comentario que tardará muchos años en entender. Y recé.