EL HORIZONTE INDIFERENTE

Lo difícil no es creer en Dios, sino creer que le importemos.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 891.

 

“Sí, Charlotte también vio eso. Vio cómo aquellos campesinos encolerizados repelían con largas varas un pontón flotante del que se elevaba un interminable lamento. En la cubierta, se divisaban figuras que tendían sus descarnadas manos hacia la orilla. Eran enfermos de tifus, abandonados, que llevaban varios días navegando a la deriva en su cementerio flotante. Cada vez que intentaban atracar, los de la orilla se concertaban para impedírselo. El pontón proseguía su fúnebre travesía, y la gente moría, ahora ya de hambre. Pronto no les quedarían fuerzas para bajar a tierra, y los últimos supervivientes, despertados un día por el intenso y monótono batir poderoso de las olas, divisarían el horizonte indiferente del Caspio…”

El testamento francés, de Andreï Makine; Tusquets, 2002; pg. 73.