UN VERSÍCULO MÁS

Mientras caen las hojas alrededor, nos golpean recuerdos de las primeras flores.

Se desnudan los árboles del acantilado en un silencioso atardecer de oro y nuestra alma insiste en una primavera que ya no gozaremos más.

Por los pasillos de mi hogar vacío corren los espíritus de los hijos que ya no han de nacer; y en sus risas que sólo yo escucho confirmo la verdad tan tardía: hombre fuiste, realmente, aquellos días que hicimos el amor abiertos a la posibilidad de dar fruto.

Cuando fuimos un versículo más de Su Génesis.

Espero disculpe mi torpeza. No me quejo de la soledad, la acepto; aunque no niego su amargura. De hecho, le hablo de ella a la brisa marina, para que dé aviso a los amantes jóvenes y eviten así naufragios en islas lejanas, ajenos al alboroto de una familia propia.

Tarde vi, comprendo. Y aunque me reconforta ser capaz todavía de sonreír al ver a otros dar pasos correctos, no es sin mácula que tal sonrisa nace.

Pues en el temblor de los labios se percibe el símbolo de una derrota.

“The Embrace”, de Nick Alm (2015)