El sosiego acantilado

NON MEA VOLUNTAS

Mes: Xaneiro, 2021

HASTA EL DESVANECIMIENTO, AL BORDE DEL PRECIPICIO

“En el asiento trasero estaba repantigado un personaje gordinflón, con unas lentes embutidas en su rostro rechoncho. Beria. Elegía el cuerpo femenino que más le apetecía. Acto seguido, sus sicarios detenían a la viandante. Era la época en que ni tan sólo se necesitaba un pretexto. Trasladada a su residencia, la mujer era violada, sometida con alcohol, amenazas, torturas…

[…] Sí, era ruso, y de pronto comprendía de manera confusa qué implicaba eso. Llevar dentro de sí a todos los seres desfigurados por el dolor, los pueblos calcinados, los lagos helados llenos de cadáveres desnudos. Conocer la resignación de un rebaño humano violado por un sátrapa. Y el horror de sentirse partícipe en semejante crimen. Y el deseo rabioso de revivir todas esas historias pasadas para extirpar de ellas el sufrimiento, la injusticia, la muerte. Sí, alcanzar al coche negro en las calles de Moscú y aniquilarlo de un manotazo. Luego, conteniendo la respiración, acompañar a la joven que abre la puerta de su casa, sube la escalera… Dar cobijo a toda esa gente en mi corazón para poder liberarlos un día en un mundo redimido del mal. Pero, entretanto, compartir su dolor. Aborrecerse por cada desfallecimiento. Llevar ese compromiso hasta el delirio, hasta el desvanecimiento. Vivir casi cada día al borde del precipicio. Sí, eso es Rusia.”

El testamento francés, de Andreï Makine; Tusquets, 2002; pgs. 176-177, 178-179.

UNA VERDADERA SUERTE

Ser feminista es ridículo; pero ser antifeminista es vulgar.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 1332.

 

“Charlotte estaba tranquila. Había ganado la partida y tenía tiempo para considerarlo. Sus reflexiones eran en general satisfactorias. A decir verdad, Collins no era ni inteligente ni simpático, su compañía era pesada y su cariño por ella debía de ser imaginario. Pero, al fin y al cabo, sería su marido. A pesar de que Charlotte no tenía una gran opinión de los hombres ni del matrimonio, siempre lo había ambicionado porque era la única colocación honrosa para una joven bien educada y de fortuna escasa, y, aunque no se pudiese asegurar que fuese una fuente de felicidad, siempre sería el más grato recurso contra la necesidad. Este recurso era lo que acababa de conseguir, ya que a los veintisiete años de edad, sin haber sido nunca bonita, era una verdadera suerte para ella.”

Orgullo y prejuicio, de Jane Austen; Cátedra, 2013; pgs. 176-177. 

PECCATORIBUS

¿Qué haces?, preguntó, al entrar en mi habitación.

Rezo, contesté, al tiempo que la recibía con un beso.

Ella sonrió y se subió a la cama.

Qué collar más bonito… dijo, mientras acariciaba una de las cuentas de mi rosario roto.

¿Quieres que recemos por alguien? -le pregunté; me miró sin saber de qué le estaba hablando-. Tienes que pensar en alguien que quieras que esté bien, para que no le pase nada malo.

Desvió la mirada y empezó a pensar, llena de dudas.

¿Quieres que recemos por mamá?, le pregunté.

Respondió que sí, con una gran sonrisa.

Muy bien -dije yo, mientras cogía entre los dedos una de las cuentas-. Ave Maria, gratia plena…

Le fui diciendo más nombres; también ella empezó a decir los que se le iban ocurriendo. Por cada nombre, un Ave Maria.

Varias personas después, dijo, con una gran sonrisa: Y por ti.

Sonreí. Hice algún comentario que tardará muchos años en entender. Y recé.

EL HORIZONTE INDIFERENTE

Lo difícil no es creer en Dios, sino creer que le importemos.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 891.

 

“Sí, Charlotte también vio eso. Vio cómo aquellos campesinos encolerizados repelían con largas varas un pontón flotante del que se elevaba un interminable lamento. En la cubierta, se divisaban figuras que tendían sus descarnadas manos hacia la orilla. Eran enfermos de tifus, abandonados, que llevaban varios días navegando a la deriva en su cementerio flotante. Cada vez que intentaban atracar, los de la orilla se concertaban para impedírselo. El pontón proseguía su fúnebre travesía, y la gente moría, ahora ya de hambre. Pronto no les quedarían fuerzas para bajar a tierra, y los últimos supervivientes, despertados un día por el intenso y monótono batir poderoso de las olas, divisarían el horizonte indiferente del Caspio…”

El testamento francés, de Andreï Makine; Tusquets, 2002; pg. 73.

UN VERSÍCULO MÁS

Mientras caen las hojas alrededor, nos golpean recuerdos de las primeras flores.

Se desnudan los árboles del acantilado en un silencioso atardecer de oro y nuestra alma insiste en una primavera que ya no gozaremos más.

Por los pasillos de mi hogar vacío corren los espíritus de los hijos que ya no han de nacer; y en sus risas que sólo yo escucho confirmo la verdad tan tardía: hombre fuiste, realmente, aquellos días que hicimos el amor abiertos a la posibilidad de dar fruto.

Cuando fuimos un versículo más de Su Génesis.

Espero disculpe mi torpeza. No me quejo de la soledad, la acepto; aunque no niego su amargura. De hecho, le hablo de ella a la brisa marina, para que dé aviso a los amantes jóvenes y eviten así naufragios en islas lejanas, ajenos al alboroto de una familia propia.

Tarde vi, comprendo. Y aunque me reconforta ser capaz todavía de sonreír al ver a otros dar pasos correctos, no es sin mácula que tal sonrisa nace.

Pues en el temblor de los labios se percibe el símbolo de una derrota.

“The Embrace”, de Nick Alm (2015)

INSUFICIENTES Y CONTRADICTORIOS

“…que la verdad no necesita ser dicha para que se manifieste, y que acaso sea posible recogerla con más seguridad, sin esperar las palabras y aun sin hacer el menor caso de ellas, en mil signos exteriores, incluso en ciertos fenómenos invisibles, análogos en el mundo de los caracteres a lo que son, en la naturaleza física, los cambios atmosféricos. Acaso hubiera podido sospecharlo, ya que a mí mismo me ocurría entonces con frecuencia decir cosas en que no había ni asomos de verdad, en tanto que la manifestaba en tantas involuntarias confidencias de mi cuerpo y de mis actos (confidencias que eran perfectamente interpretadas por Francisca); hubiera podido sospecharlo acaso, mas para ello habría sido preciso que hubiese sabido que a veces era mentiroso y trapacero. Ahora bien; la mentira y la trapacería eran, en mí como en todo el mundo, impuestas de una manera tan inmediata y contingente, y para su defensiva, por un interés particular, que mi espíritu, fijo en un hermoso ideal, dejaba que mi carácter llevase a cabo en la sombra esas necesidades urgentes y mezquinas, y no se desviaba para percibirlas.

[…] Y así fue ella la primera que me dio la idea de que una persona no está, como yo había creído, clara e inmóvil ante nosotros, con sus cualidades, con sus defectos, sus proyectos, sus intenciones respecto a nosotros (como un jardín que uno está mirando, con todos sus arriates, a través de una verja), sino que es una sombra en que jamás podremos penetrar, para la cual no existe conocimiento directo, tocante a la cual nos forjamos numerosas creencias con ayuda de palabras e incluso de acciones que, tanto unas como otras, sólo nos dan informes insuficientes y, por lo demás, contradictorios -una sombra en la que podemos alternativamente imaginarnos con tanta verosimilitud que brillan el odio como el amor.”

El mundo de Guermantes, de Marcel Proust; tercer volumen de En busca del tiempo perdido; Alianza, 1999; pgs. 81-82, 83.

Obra de Louis Treserras

EL PAPEL QUE HA TOCADO

Nos cuesta creer en las coincidencias.

Alguna razón habrá -pensamos- para que se den la mano los hechos de esta forma. Para que se encarne en ti, borrosa, la más alta promesa que este mundo puede dar.

Y para que, recién nacida, se torne sacrificio de un querer más alto.

Alguna razón habrá.

Para que de tu duda resucite mi certeza abandonada.

¿Eres, quizá, mero trampantojo que mi alma ingenia para atreverse a cabalgar -nuevamente- por el campo de batalla del que había huido?

¿Qué guía mis deseos? ¿O quién?

Gracias, en todo caso, por permitir que vuelva a mirar, cara a cara, la sagrada locura.

En otra vida, quizá, me hubiese gustado compartir contigo esta morada. Y entregarme a ti, paciente y servicial, alegre de la verdad.

Pero no corresponde a los actores escoger historia y escenario.

Sólo hacer
o no hacer
bien
el papel que ha tocado.

UNA MÍNIMA CARICIA TUYA

A veces sólo llegas para hacerme llorar de soledad y pena.

Lo llenas todo de tal manera que no dejas sitio para nadie más, pero, aún así, duele quedarse a solas contigo.

Y aunque sé que nadie te supera en belleza, tu celoso amor me llaga la piel. Imposible negarte, doliendo tanto.

Bien sé que aún no es tiempo para que cumplas tu promesa, pero me gustaría, al menos, sentir una mínima caricia tuya, mientras caen estas lágrimas de despedida.

O arrástrame ya de una vez con brutal violencia. Tan fuerte que se me olvide al punto todo lo que queda atrás.

VIRGINIA

“-¿Tenías plan de comer en alguna parte?

-Sí. Bueno, ya no. Venga, vamos. Veo que cojeas. ¿Ya te han herido?

-No. Aunque no lo creas, ha sido por jugar al rugby con una papelera.

-¿En serio?

-Literal.

-Cariño, qué disparate tan impropio de ti.

-¿Sabes? Eres la primera persona que me he encontrado que no se sorprende de verme en el ejército.

-¿De veras? ¿En qué otra parte podrías estar? Por supuesto que yo siempre he sabido que eras bravo como un león.

Almorzaron juntos y después subieron a su habitación y estuvieron hablando hasta que llegó la hora de que Guy tomara el tren.

-¿Todavía conservas la granja de Eldoret?

-La vendí inmediatamente. ¿No te habías enterado?

-Quizá sí que lo oyera por aquella época, pero, ya sabes, tenía un montón de cosas en la cabeza por aquel entonces. Primero el divorcio, luego el matrimonio, luego divorcio otra vez, antes de que tuviera tiempo de levantar cabeza. Tommy no duró nada de tiempo, el muy bruto. Me hubiera compensado quedarme como estaba. Espero que te dieran un buen precio.

-Prácticamente nada. Fue el año en que todo el mundo se arruinó.

-Es verdad. ¡Cómo me voy a olvidar! Ése fue otro de los problemas con Tommy. Lo peor fue que su regimiento se volvió agobiante. Tuvimos que dejar Londres y alojarnos en un pueblo ridículo lleno de la gente más horrible. Incluso habló de irse a la India. Eso fue el acabose. Realmente le adoraba, es cierto. ¿Nunca te volviste a casar?

-¿Cómo lo iba a hacer?

-Cariño, no me digas que tu corazón se destrozó para siempre.

-Aparte de mi corazón, los católicos no nos podemos volver a casar, ya sabes.

-Ah, es eso. ¿Todavía crees en esas cosas?

-Más que nunca.

-Pobre Guy, te metiste en un buen lío, ¿verdad? Se fue el dinero, me fui yo, todo a la vez. Supongo que en el pasado hubieran dicho que fui tu ruina.

-Quizá.

-¿Has conocido muchas chicas encantadoras desde entonces?

-Ni muchas ni muy encantadoras.

-Pues ahora deberías. Yo te guiaré y te encontraré algo especial.”

Hombres en armas, de Evelyn Waugh; Cátedra, 2003; pgs. 211-212.

ESPADA DE HONOR

Noble es la persona capaz de no hacer todo lo que podría.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 582.

 

Siempre lo consideré un papel demasiado complicado para mí. Lo sigo pensando.

¿Por qué volver a pensar en él? Porque el pasado se interpone en mi futuro con el recuerdo de una promesa.

Di mi palabra. Y, por ello, el lugar hacia el que quiero caminar me está prohibido.

Y amo tanto esa prohibición, aunque la deteste… Aunque me arruine la vida, amo tanto ese no.

En sus palabras contemplé de nuevo la nobleza del que no puede vivir de cualquier manera. Del que se hace difícil la existencia por amor al que se la dio.

Sin ni siquiera tener demasiado claro que nuestros actos le importen lo más mínimo.

Pero su alma y la mía están de acuerdo en que esa apuesta es bella.

A pesar de ello, si Él no nos ayuda, nunca seremos capaces de interpretar nuestros personajes.

Y en cuanto la gracia nos sea concedida, un muro sutil se levantará entre ambos.
Y su caricia, como el silencio de la palabra dicha, ya no podrá ser esperada.

Obra de Mark English

(Agradecemos a vanitas que nos diera a conocer este pintor)

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