EN EL PARQUE

por El Responsable

Laia tiene un lindo pelo rubio, casi blanco, y se mueve con la torpeza propia de una nena de dos años.

Se quería montar en el balancín con Ofe, pero hoy mi hija no tiene el día muy sociable.

Un hombre se acerca al parque.

-Mira quién viene ahí, Laia -dice su madre-. Es papá.

Ya en el tono se advierte algo. Y la forma en que el hombre abraza a su hija, demorándose en el tiempo perdido, confirma la narrativa de fondo.

Ese tipo de abrazos me suenan.

Nosotros seguimos a lo nuestro, tratando de que Ofe haga equilibrios sobre la barra del balancín sin romperse la crisma. Pero estamos demasiado cerca.

…creo que, a partir de ahora, podré venir todos los fines de semana…

Las frases son dichas con extremo cuidado. Hay pausas profundas entre ellas. Por ambas partes. Como si caminasen a ciegas entre minas nucleares. Nadie quiere volver a sentir ese tipo de explosiones. Y menos aún en un parque público. E infantil.

Ella le explica algunas cosas, como la forma en que suele darse cuenta de que la nena tiene ganas de hacer caca.

Ofe y yo nos alejamos, lentamente, camino ya de casa.

La mamá de Laia nos adelanta. Camina sola. Se da la vuelta y nos dice adiós.

-Adiós -dice Ofe, moviendo la manita.

Nos sonríe. Continúa andando.

Sola.