CARTA A UN AMOR DESCONOCIDO

por El Responsable

Sé que no confías, que no soy más que un montón de palabras escritas en el aire.

Sé que el paso de los años ha curvado mi espalda, pero aún no he rendido el corazón a los fríos del mundo. Porque llevo en el alma un jardín secreto, resguardado por dos ángeles terribles, que a ningún demonio permiten entrar.

Nada le harán a tus mariposas, si vienen a buscar alimento entre mis hortensias.

Es el único lugar de mi alma que conservo puro; mas no por mi cuidado -qué va-, sino por la misericordia de Dios.

Es tuyo, si te atreves.

Verás que mi cuerpo está tatuado de cicatrices. Algunas, como la de Frodo en Amon Sûl, vuelven a doler hasta la locura en fechas concretas del año. Te ruego que me prestes especial atención en tales días; y que soportes estoicamente mis sollozos agotados.

Sólo puedo prometerte este amor viejo, de sonrisa quebrada, pero sabio de dolor.

Que se sienta a escribir en hojas de roble y las suelta, nervioso cual adolescente, al juego del viento de los acantilados. Rogando que los dioses cesen sus bromas y las conduzcan hasta ti, rostro aún imagen quieta de la nada.

Te espero paseando entre caballos salvajes, atento junto a ellos al baile final del sol en el horizonte.

“Puertas del Paraíso”, de Wilhelm Bernatzik (1906)

(Agradecemos a la maravillosa cuenta de Twitter vanitas que nos haya dado a conocer este hermoso cuadro)