UN AÑO DE AMOR

por El Responsable

Nunca he amado con la pasión con que la amé a ella.

(¿Se vuelve a amar alguna vez como se ama a los veinte años?)

Recuerdo mi desesperación ante el estorbo que un amigo había supuesto al encontrarme con ella en el autobús.

Recuerdo el efecto de su mano apoyada sobre mi rodilla, mientras le enseñaba mi colección de cómics de la Marvel.

Recuerdo mi carrera por la Facultad de Filosofía, en busca de un amigo al que contar que ella me acababa de besar por primera vez. Ella allí sentada, en aquel alféizar entre aulas, balcón de mis deseos.

Pensar que ella me amaba era lo más insólito en la historia del universo. Su belleza inalcanzable se me entregaba como el más inmerecido de los regalos. En su deseada boca, incomprensiblemente, yo era el invitado de honor.

Cuatro meses más tarde, al comprobar que disfrutaba de mi soledad paseando por la Gran Vía, empecé a sospechar que aquel amor eterno se acababa.

¿Cómo es posible que un amor así se acabe?

Todo tan agarrado a las entrañas. El final me tuvo un mes sin apenas comer.

Tan apasionado y tan joven… Sentir deseo por otra mujer me provocaba un dolor insoportable. No quería que nada manchase ese amor tan puro.

¿Cómo es posible que un amor así no te haga puro?

Pero deseaba a otras y yo no entendía nada. Una educación escasa y superficial, sin duda. Excesivamente romántica.

Tan joven e ignorante…

Por primera vez, también, los acantilados surgieron como refugio posible a todos mis pesares; como lugar de reposo y renacimiento. Comienzo de confusión que dio pie a una incipiente idolatría.

Y aprender, bien joven, que el tiempo todo lo cura.