ODISEA

por El Responsable

El 5 de diciembre de 2013 cesaba en el primer destino que había tenido como interino del Cuerpo de Auxilio Judicial. Me habían llamado para trabajar dos años antes, el 24 de noviembre de 2011.

Casi nueve años después, me han vuelto a llamar para trabajar en un juzgado madrileño.

Esta odisea ha incluido tres años en Ponferrada, tres meses en Santiago, trabajar de lector, trabajar de librero, volver a trabajar de portero, una mini-mili francesa, traiciones, paro, mudanzas, un divorcio, una hija, una separación, diez mil Alsas, unos cuantos aviones, una pandemia mundial (que sigue), sangre, sudor y lágrimas.

Si Dios quiere, la próxima semana volveré a trabajar en un juzgado madrileño. Lo repito y sigo sin entender apenas lo que digo, por irreal y descabellado.

Había hecho del exilio mi alma.

Y echar la vista atrás me agota y me hace feliz. Aún quedan muchas batallas furiosas por delante, pero tengo la alegre sensación de que he sobrevivido a algo con entidad propia.

He superado algo formidable; y aquí sigo, vivo y en pie.

Mi próximo objetivo es claro: crear un pequeño hogar, un lugar del que nadie me pueda echar. Una posada amable para la gente que quiero. Un habitáculo donde reinen los dioses a los que venero: la Cruz, la belleza y el amor al saber.

Una Taberna menos errante, donde cocinar tortillas para los buenos amigos, donde dar reposo y ricas viandas a mis queridos mayores, donde compartir tertulias sobre libros y música que conformen el paisaje infantil en el que vaya creciendo la curiosidad de mi pequeña.

Le doy gracias a Dios, por la fortaleza que me ha dado en este camino; y le ruego que no me abandone en lo por venir.

Que Deus nos teña no seu colo.