El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Mes: Outubro, 2020

VUESTRO ENTREGADO PERSONAJE

Llueve ahí fuera en el mundo. Así que resulta agradable recordar las sagas familiares tras la cena, en compañía de mi madre.

El hermano de mi bisabuela Maruja, carabinero como su padre, que mató a su superior y huyó para siempre, dejando mujer e hijos.

Mi bisabuela Maruja cruzando en barca la Ría, para visitar a su marido preso en el castillo de San Felipe.

La abuela Pacucha echando las cartas. La seriedad con la que lo hacía. Resultaba imposible no creer que realmente entraba en contacto con los hilos del destino. A mí no me gustaba que me las echase. Sólo se lo pedí un par de veces.

Probablemente, porque yo creía ciegamente en su condición de sibila. Y uno siempre teme el peso de las palabras de un dios.

Los relatos de los míos, la literatura en la que crecí, que no deja de incorporar nuevas historias, para sustituir a las que ya escapan de la memoria común.

Este verano conocí a los hijos de una prima muy cercana y me descubrí personaje literario, por obra y gracia de mi tía Marisa, fabulosa narradora y abuela de los zagales; que me interrogaron como si estuvieran delante del Conde de Montecristo.

Voy dejando un reguero de historias que contar, lo cual me hace especial gracia.

Vamos dejando un buen espectáculo, querido amigo, repleto de luces y oscuridades.

Somos hombres, cosas de caída fácil y formidables entusiasmos.

No ahorréis verdades al hablar de mí. Sólo espero proporcionaros un profundo entretenimiento, aunque sea a costa de mi alma.

El gran amor de la bisabuela Maruja no fue mi bisabuelo Agustín. Fue un hombre que le prometió amor eterno antes de coger un barco hacia la otra orilla del océano. Cuba o Venezuela.

Cumplió su promesa de escribirle, de cuidar de ella a través de envíos que nunca llegaron a mi bisabuela, retenidos por la familia de su amado.

El desamor hizo enfermar a mi bisabuela, que estuvo a punto de morir con apenas veinte años.

En esta foto que os ofrezco empezaba a recuperarse, preparándose para dar inicio a la rama a la que pertenezco.

Yo metí su féretro, junto a otros cinco hombres de mi sangre, en un nicho de San Vicente de Mehá, camposanto acantilado sobre la Ría.

Cumplid con vuestros papeles y dad que hablar, amigos míos, que Dios es Dios.

BENQUERIDOS ALEJANDRA E SANTIAGO

EROS, DIOS SINGULAR

Ella dijo que le quería dibujar.

Para ello, comenzó a examinarlo con mirada de artesana, midiendo a ojo de buen cubero las líneas de su carne, palpando ángulos con dedos sutiles.

Lo borró del espacio, mientras la piel templada de sus pechos le rozaba.

Se sintió el objeto más amado del mundo.

Años después, volvió a usarlo de modelo: en el lienzo, caído, forcejea él contra un hermoso arcángel.

LA DRAMÁTICA INSUFICIENCIA DEL MUNDO

“Civilizada es la persona que, para salir de su sopor, no precisa acicates masivos.

Un aislado gesto de desamparo, el oprobio de una brizna de belleza pisoteada ya le anuncian la dramática insuficiencia del mundo.”

Contramundo, de Carlos Marín-Blázquez; prólogo de Fernando Muñoz; Homo Legens, 2020; pg. 78.

EL AVISO

Hay que dar el aviso con quince días de antelación.

Y hoy lo hemos dado.

Alguien ha recibido el correo electrónico en la provincia de Guadalajara, donde alquilamos un trastero a principios del pasado año.

Un trastero donde guardar mis discos, mis libros.
Mis diarios.
Hasta que tuviese un hogar en el que cupiesen.

Hay que dar el aviso con quince días de antelación, cuando quieres recuperar tus cosas.

Y hoy lo hemos dado.

Porque, gracias a Dios, he encontrado un piso donde tratar de construir un hogar.

Hoy hemos dado aviso para que vuelvan a mi lado mi música, mi biblioteca.
Mis diarios.

Es, probablemente, el mejor día de mi vida, desde el nacimiento de mi hija. Ahora toca rezar para que nada le haya ocurrido a esos trozos exiliados de mí.

Toca rezar especialmente por mis diarios, que Deus mos teña no seu colo.

Hoy, con quince días de antelación, hemos dado el aviso.
A Dios gracias.

ODISEA

El 5 de diciembre de 2013 cesaba en el primer destino que había tenido como interino del Cuerpo de Auxilio Judicial. Me habían llamado para trabajar dos años antes, el 24 de noviembre de 2011.

Casi nueve años después, me han vuelto a llamar para trabajar en un juzgado madrileño.

Esta odisea ha incluido tres años en Ponferrada, tres meses en Santiago, trabajar de lector, trabajar de librero, volver a trabajar de portero, una mini-mili francesa, traiciones, paro, mudanzas, un divorcio, una hija, una separación, diez mil Alsas, unos cuantos aviones, una pandemia mundial (que sigue), sangre, sudor y lágrimas.

Si Dios quiere, la próxima semana volveré a trabajar en un juzgado madrileño. Lo repito y sigo sin entender apenas lo que digo, por irreal y descabellado.

Había hecho del exilio mi alma.

Y echar la vista atrás me agota y me hace feliz. Aún quedan muchas batallas furiosas por delante, pero tengo la alegre sensación de que he sobrevivido a algo con entidad propia.

He superado algo formidable; y aquí sigo, vivo y en pie.

Mi próximo objetivo es claro: crear un pequeño hogar, un lugar del que nadie me pueda echar. Una posada amable para la gente que quiero. Un habitáculo donde reinen los dioses a los que venero: la Cruz, la belleza y el amor al saber.

Una Taberna menos errante, donde cocinar tortillas para los buenos amigos, donde dar reposo y ricas viandas a mis queridos mayores, donde compartir tertulias sobre libros y música que conformen el paisaje infantil en el que vaya creciendo la curiosidad de mi pequeña.

Le doy gracias a Dios, por la fortaleza que me ha dado en este camino; y le ruego que no me abandone en lo por venir.

Que Deus nos teña no seu colo.

En Compostela

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