VIVA EL LENIN ESPAÑOL

por El Responsable

“En el mes siguiente [agosto 1933], los principales líderes socialistas tuvieron la oportunidad de definir sus preferencias políticas en los discursos pronunciados en la escuela de verano de las Juventudes Socialistas en Torrelodones. En primer lugar intervino Besteiro y fue recibido con frialdad. En julio había señalado la responsabilidad de los socialistas italianos y alemanes al provocar que la burguesía de sus respectivos países se inclinara hacia el fascismo debido al uso prematuro del poder socialista, aunque en Alemania esto hubiera revestido la forma de participación en el gobierno parlamentario. Todavía peor, la introducción de un régimen socialista en España a través de la dictadura y la violencia de tipo bolchevique desembocaría simplemente en un baño de sangre, la República más sanguinaria que se ha conocido en la historia contemporánea. Besteiro, como Casandra, estuvo extrañamente acertado en sus predicciones, siendo la suya una visión correcta de la situación que se desarrollaría en la zona republicana durante los seis primeros meses de la Guerra Civil en 1936, donde la proporción de ejecuciones políticas superaría con mucho las llevadas a cabo por los bolcheviques durante la guerra civil rusa. En Torrelodones, una vez más, advirtió de la locura del extremismo, cuyos resultados diferirían bastante de los que sus partidarios imaginaban: Si un estado mayor envía su ejército al combate en condiciones desfavorables, se hace totalmente responsable de la consiguiente derrota y desmoralización, y añadió que a menudo es más revolucionario resistir a la locura colectiva que dejarse arrastrar por ella.

Prieto resultó mucho menos provocador, pero también advirtió de la existencia de límites definidos a lo que el socialismo español podía lograr dado su nivel de desarrollo y las cambiantes relaciones entre las fuerzas políticas tanto en Europa como en España. Destacó la falacia de las comparaciones fáciles que el ala izquierda del movimiento había establecido entre la Rusia de 1917 y la España de 1933. En Rusia, las instituciones clave ya se habían derrumbado con anterioridad a la toma comunista del poder, mientras que en España, el gobierno, la Iglesia y las Fuerzas Armadas permanecían intactas y la burguesía era más fuerte.

Desde finales de 1932 Largo había sido cada vez más consciente de la radicalización del sentimiento obrero, pero en su alocución de Torrelodones defendió de nuevo la participación en el gobierno, a la que denominó marxismo ortodoxo. Se refirió a una carta de Engels a Kautsky, fechada en 1875, en la que el primero destacaba que una república democrática era la forma específica que conduciría a la dictadura del proletariado. Yo mismo he tenido siempre fama de hombre conservador y reformista. Han confundido las cosas, declaró, subrayando que hoy estoy convencido de que es imposible llevar a cabo una tarea socialista dentro de una democracia burguesa, y añadió: Vamos a suponer que llega el momento de intentar la instauración de nuestro régimen. No sólo fuera de nuestras filas, sino en ellas mismas, hay quien teme fuera preciso instaurar una dictadura. Si esto ocurre, ¿cuál sería nuestra situación? Porque nosotros no podemos renunciar ni podemos realizar acto alguno que tienda a impedir el logro de esta aspiración.

Volvió a citar a Marx en el sentido de que la definitiva transición hacia el socialismo no podría producirse por medios distintos a la dictadura del proletariado. Respecto al único modelo existente, la Unión Soviética, declaró que pese a no simpatizar con su política exterior estaba plenamente de acuerdo con su política interna y todo ello en el momento álgido de la campaña genocida contra el campesinado soviético, lo cual revelaba que, probablemente, Largo ignoraba en gran medida de qué estaba hablando. El viejo líder sindicalista había entrado en aguas políticas profundas que sus facultades mentales y emocionales no le permitían navegar, pero contó a los jóvenes militantes lo que deseaban oír y se supone que, en ese momento, se escucharon los primeros gritos de ¡Viva el Lenin español!.”

El colapso de la República, de Stanley G. Payne; La Esfera de los Libros, 2005; pgs. 63-65.