El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Mes: Agosto, 2020

NO ERA UNA MODERNA ABSOLUTA

Yo era feliz, nunca había sido tan feliz y nunca volvería a serlo tanto; sin embargo, no olvidaba en ningún momento el carácter efímero de la situación. Camille solo estaba de prácticas en la DRAF, inevitablemente tendría que marcharse a finales de enero para reanudar sus estudios en Maisons-Alfort. ¿Inevitablemente? Podría haberle propuesto que dejara sus estudios, que se convirtiera en ama de casa, o sea, que fuese mi mujer, y con la distancia cuando pienso en ello (y pienso en ello continuamente), creo que ella hubiera dicho que sí, sobre todo después de la granja industrial de gallinas. Pero no lo hice y sin duda no podía hacerlo, no había sido formateado para una propuesta semejante, no formaba parte de mi software, yo era un moderno y para mí, como para todos mis contemporáneos, la carrera profesional de las mujeres era algo que debía respetarse ante todo, era el criterio absoluto, la superación de la barbarie, la salida de la Edad Media. Al mismo tiempo yo no era un moderno absoluto, puesto que había podido, al menos durante unos segundos, pensar en eludir este imperativo, pero una vez más no hice nada, no dije nada, dejé que los acontecimientos siguieran su curso, a pesar de que en el fondo no tenía la menor confianza en aquel regreso a París; París, como todas las ciudades, estaba hecha para engendrar soledad, y no habíamos pasado suficiente tiempo juntos en aquella casa, un hombre y una mujer, solos y frente a frente, durante algunos meses habíamos sido el uno para el otro el mundo entero, ¿conseguiríamos mantener eso? Ya no lo sé, ahora soy viejo, no consigo recordarlo bien pero me parece que ya tenía miedo, y que había comprendido, ya en aquella época, que el entorno social era una máquina de destrucción del amor.

Serotonina, de Michel Houellebecq; Anagrama, 2019; pgs. 140-141.

Escolio:

sin duda el miedo; y ésta es una historia de seres jóvenes. Pero, ¿y aquéllos que ya portan varias vidas sobre la espalda? Su miedo se ha incrementado de forma geométrica, los dolores sufridos los ha convertido en animales condicionados por descargas eléctricas.

Y la electricidad destruye sus cuerpos en el mismo momento en que sus almas se atreven a rememorar sus aspiraciones y deseos más profundos.

Impidiendo precisamente aquello que hace posible la auténtica felicidad: la valentía para arriesgar nuevos dolores, para superar las adversidades que se interponen en el camino hacia lo deseado.

Y nadie se puede engañar eternamente sobre su propia cobardía e impotencia, sin que su cuerpo -materia de su alma- enferme.

Seres ya condenados a la infelicidad y a la tristeza.

Sucesivos amores fracasados los ha hecho desconfiados para siempre.

Mas, ¿cómo amar
sin confiar?

ESTABLOS PECAMINOSOS

Por encima de cualquier otra cosa, me sorprende el hecho de que consideren sus acciones publicitables, compartibles.

Es decir, son incapaces de sentir vergüenza ante el mal perpetrado.

Y es lo que más me perturba: la estúpida ignorancia de su maldad. La formidable nada a la que reducen a un ser humano extremadamente débil.

Están absolutamente perdidas, en este momento de sus vidas.

Me sosiega algo la respuesta indignada de la sociedad telemática.

Pero no mucho, la verdad.

Esa anciana en la más solitaria de las soledades. Esas jóvenes mujeres tan patéticamente sumergidas en el mal.

Residencias de ancianos, establos pecaminosos. Solución aceptable, bien lo sé, incluso para esos indignados telématas.

Poco sufrimos, para lo que merecemos.

LA NUEVA POLÍTICA (II)

El Quincemismo Real ya nos mostró lo que podíamos esperar de él. No el asesinato de zares, sino la conquista de la prensa rosa.

A pesar de los histerismos de tantos miembros de la derechona patria, estos personajillos brotados de aquellas jornadas -tan sobrevaloradas-, ni siquiera son capaces de enterarse de los tiros persistentes que se pegan en sus propios pies.

Es probable que este reportaje sea la palada última sobre el ataúd de Podemos.

Pero Dios dirá.

ÁRBOL, FUENTE, POSADA

Se han marchado el día más lluvioso y gris en lo que llevamos de verano.

Se han marchado
y yo me he quedado
con la lavadora estropeada.

Y cara de destino cumplido.

En breve, si Dios quiere, volveré a verlas.
Aunque quizá fue hoy el último día en que las vi desde ese ángulo agudo.

En cualquier caso, poco importa que los tiempos vengan obtusos.

Tendré que ser lo mismo que tenía que ser.

Árbol, fuente, posada.

Y que sea lo que Dios quiera.

LOVE IS A DOING WORD

Mientras cantaba las letras que había escrito, junto a otros, para una de las mejores canciones de los noventa del pasado siglo, Elizabeth Fraser pensaba en Jeff Buckley.

En cierto sentido, esa canción hablaba de él…

Flores negras brotan, sin miedo, en mi aliento…

Mientras grababa Teardrop, Elizabeth Fraser supo que Jeff Buckley se había sumergido en las negras aguas del Misisipi.

Poco tiempo antes, de su encuentro había nacido esta canción.

SUICIDIO ROMÁNTICO EN LAS ORILLAS DEL SAR

Carrera al amanecer por las orillas de Rosalía.
Canta un gallo entre grafitis de aerosol.

El parque público linda con los minifundios.
A la izquierda,
un hombre afila su guadaña
antes de segar.
El mismo hombre que,
por las tardes, lleva sus dos vacas
a la orilla del Sar.

Pero no hay dos mundos.
Tan sólo uno,
de matices repleto.

El mundo complejo
del que ya
no deseo escapar.

En Compostela

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