DESCENSUS AD INFEROS

por El Responsable

“Algo que no vemos nos protege de algo que no entendemos. Lo que no vemos es la cultura, en su manifestación intrapsíquica o interna. Lo que no entendemos es el caos que dio origen a la cultura. Si la estructura de la cultura se altera inadvertidamente, el caos regresa. Y hacemos cualquier cosa, lo que sea, para defendernos de ese regreso.

[…] El mundo puede entenderse de manera válida como un foro para la acción, además de como un lugar de las cosas. Describimos el mundo como un lugar de cosas, usando los métodos formales de la ciencia. Sin embargo, las técnicas del relato (el mito, la literatura y el drama) retratan el mundo como un foro para la acción. Las dos formas de representación se han opuesto innecesariamente porque todavía no nos hemos formado una imagen clara de sus dominios respectivos. El dominio de aquella es el mundo objetivo: lo que es desde la perspectiva de la percepción intersubjetiva. El dominio de esta es el mundo del valor: lo que es y lo que debería ser desde la perspectiva de la emoción y la acción.

El mundo como foro para la acción se compone, en esencia, de tres elementos constitutivos, que tienden a manifestarse en patrones típicos de representación metafórica. El primero es territorio inexplorado: la Gran Madre, la naturaleza, lo creativo y lo destructivo, la fuente y el lugar de descanso final de todas las cosas determinadas. El segundo es territorio explorado: el Gran Padre, la cultura, lo protector y lo tiránico, el saber ancestral acumulativo. El tercero es el proceso que media entre los territorios inexplorado y explorado: el Hijo Divino, el individuo arquetípico, el Mundo creativo exploratorio y el adversario vengador. Nosotros estamos adaptados a este mundo de personajes divinos tanto como al mundo objetivo. El hecho de que se dé esa adaptación implica que el entorno es en ‘realidad’ un foro para la acción así como un lugar para las cosas.

La exposición sin protección al territorio inexplorado produce miedo. El individuo queda protegido de ese miedo como consecuencia de la imitación ritual del Gran Padre (como consecuencia de la adopción de la identidad de grupo, que restringe el sentido de las cosas y confiere predictibilidad en las interacciones sociales). Con todo, cuando la identificación con el grupo se hace absoluta (cuando todo tiene que ser controlado, cuando a lo desconocido ya no se le permite existir), el proceso creativo exploratorio que actualiza el grupo ya no puede manifestarse. Esa restricción de la capacidad adaptativa aumenta de manera drástica la posibilidad de agresión social.

El rechazo a lo desconocido equivale a la ‘identificación con el diablo’, el reverso mitológico y adversario eterno del héroe exploratorio creador del mundo. Ese rechazo y esa identificación es una consecuencia del orgullo luciferino, que declara: Todo lo que sé es todo lo que hace falta saber. Ese orgullo es una asunción totalitaria de omnisciencia -la adopción del lugar de Dios por parte de la ‘razón’-, es algo que de manera inevitable genera un estado del ser personal y social indistinguible del infierno. Este infierno se desarrolla porque la exploración creativa -imposible sin un reconocimiento (humilde) de lo desconocido- constituye el proceso que construye y mantiene la estructura adaptativa protectora que da a la vida gran parte de su sentido aceptable.

La identificación con el demonio amplifica los peligros inherentes a la identificación grupal, que tiende por sí misma hacia la idiotización patológica. La lealtad hacia el interés personal (sentido subjetivo) puede servir de antídoto contra la imperiosa tentación que plantea constantemente la posibilidad de negar la anomalía. El interés personal (sentido subjetivo) se revela en la intersección de los territorios explorado e inexplorado, y es indicativo de la participación en el proceso que asegura una adaptación continuada saludable, tanto individual como social.

La lealtad al interés personal es equivalente a la identificación con el héroe arquetípico, el salvador, que sostiene su asociación con el Mundo creativo ante la muerte y a pesar de la presión del grupo para que se amolde. La identificación con el héroe sirve para que disminuya la insoportable valencia motivacional de lo desconocido: es más, proporciona al individuo una posición que a la vez trasciende y mantiene al grupo.”

Mapas de sentidos. La arquitectura de la creencia, de Jordan B. Peterson; Ariel, 2020; pgs. 11, 27-28.

“Freedom From Fear”, de Norman Rockwell (1943)