INFATUATION

por El Responsable

El recuerdo de un amor que las circunstancias hicieron imposible produce una melancolía cuya belleza e intensidad dependen precisamente de su incumplimiento.

Que la vida no haya podido hacer su trabajo de desgaste sobre tales sentimientos y pasiones permite a éstos modelar una fantasía repleta de promesas cuya posibilidad nadie puede negar.

Que nadie, tampoco, puede confirmar.

Las circunstancias, además, a veces no son más que meras decisiones tomadas por nosotros mismos. Que enseguida nuestra memoria transforma en crueles engaños del destino.

Esa melancolía aprovecha las pequeñas heridas de la cotidianidad para lacerar el alma de forma desmesurada; como demonio que es, pretende engañar al ser humano mintiéndole sobre la realidad de su existencia, prometiéndole lejos de sus responsabilidades presentes una felicidad armoniosa e imperecedera -más propia de jardines edénicos-.

Que llamemos amor a aquella cosa, que ni siquiera ha probado su capacidad de convertirse en rutina y soportar el paso del tiempo, dice ya poco de nuestras propias convicciones.

Confundiendo pasión y amor, nos reconocemos compartiendo uno de los más graves errores modernos.