ESTATUA ERGUIDA EN HOMENAJE A LA ADOLESCENCIA ETERNA

por El Responsable

Mientras esperábamos el autobús que nos iba a llevar de vuelta a Marsella, tras nuestra declaración de no aptitud, aconteció un hecho que apenas merecería el apelativo de anécdota.

Uno de los aspirantes declarados no aptos, de oscurísima piel negra, muy enfadado, empezó a gritar acusando de racistas a los que habían decidido su no aptitud.

Desde donde yo estaba, la situación resultaba tragicómica: aquel aspirante rechazado llamando racistas a voz en grito al multicultural elenco de caporales (cada uno de un color distinto) que allí se encontraban, quienes observaban la escena divertidos.

La conclusión que uno sacaba en aquel momento era que la propia reacción del tipo explicaba su declaración de no aptitud. Básicamente, que no se aceptan desequilibrados en la Legión Extranjera.

A la luz de los últimos acontecimientos, la anécdota parece devenir signo de los tiempos.

Lo que en aquel momento no era más que una ridícula pérdida de papeles, ha resultado ser intuición fundamental de la mejor juventud para cambiar el mundo: ningún mal que me ocurre es culpa mía, cualquier cosa que me limita es de suyo injusta.

Exactamente así razona mi hija.

Que aún no tiene tres años.