LOS NOMBRES PROPIOS

por El Responsable

No soy hombre de imaginación exuberante. Escribo fundamentalmente desde lo acontecido.

He querido hoy inventar un cuento para dormir a mi hija y he acabado hablándole de los caballos salvajes de los acantilados.

Le he explicado que un acantilado es una montaña junto al mar. Ella ha buscado en El Principito el dibujo de las montañas. Pues ahora imagina que todo esto estuviera rodeado de mar, le he dicho.

Le hablé de las ganas que tenía de llevarla hasta allí. De los potros que miran hacia la puesta de sol.

Y, por supuesto, le hablé de él.

Cuando aún no tenía demasiado claro que le estuviera interesando lo que le contaba, me preguntó: ¿cómo se llama el caballo?

Le dije que no lo sabía.

Ya se durmió. Quizá sueñe con caballos sobre montañas rodeadas de mar.

Yo, mientras tanto, me distraigo dándole vueltas a la importancia de los nombres propios.