CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XLIII)

por El Responsable

Se me fue el día en cuestionarme.

Pensarme escribiendo qué. ¿Pensarme escribiendo?

Desesperado por la ausencia de hilos. Desesperación apática, sin estridencias. Un aburrimiento metafísico.

Y entonces Calle del Orco colgó este formidable poema de Auden.

Y he querido verlo, por un instante, como un buen augurio. Como si doce buitres.

Pero ni siquiera.

Enseguida me he aburrido, también, de mi supersticiosa predilección por las casualidades.

Pero eso da igual.

El poema sigue siendo formidable.