CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XXXI)

por El Responsable

El mundo ha cambiado.

Lo había hecho antes del Bicho. El Bicho sólo lo ha hecho más evidente.

El mundo ya es sólo uno y el virus ha hecho uso de los miles de aviones, trenes y metros que comunican a velocidad de vértigo cada resquicio del planeta.

El Bicho ya está en todas partes. El nuevo mundo lo hizo posible.

Los redundantes estados aún existentes cierran sus fronteras para tratar de detener algo que ya lleva tiempo dentro de ellos, creciendo en las rutinas de cada día.

Se finge eficacia para hacer negocio.

Porque los buenos servicios de sanidad pública no se construyen de un día para otro.

Nos hacemos los tontos para que el mentiroso nos venda aquello a lo que dejamos de dar importancia, ocupados como estábamos en profundizar en el conocimiento de todas nuestras superfluas identidades de civilización ociosa y aburrida.

¿Quién pensaba en UCIs, sabiendo que siempre queda alguna mujer lesbiana catalana negra musulmana sin empoderar?

¿Para qué gastar dinero en estudios epidemiológicos, si podemos gastarlo en estudiar brechas salariales y techos de cristal?

¿Para qué descubrir nuevas mutaciones víricas, cuando vivimos en la época que está descubriendo docenas de nuevos géneros humanos?

El que la hace, la paga.

Dios dejó claras las reglas de juego hace tiempo. Somos nosotros los que insistimos en olvidarlas poco después de cada catástrofe.

No será distinto en esta ocasión.