DOMESTICAR DEMONIOS

por El Responsable

Los cuentos de hadas no le dan a los niños su primera idea de los monstruos. Lo que los cuentos de hadas le dan al niño es su primera idea clara de la posibilidad de vencer a esos monstruos. El niño sabe íntimamente del dragón desde que tiene imaginación. Lo que el cuento de hadas le trae es un San Jorge para matarlo.

Espero con impaciencia el día en que le ponga por primera vez a mi hija El viaje de Chihiro.

Ya disfruta de Totoro, que ve por enésima vez mientras escribo esta entrada. Pero El viaje de Chihiro me parece la obra maestra de mi admirado Hayao Miyazaki.

Aunque tengo muchas ganas de ponérsela, creo que aún es demasiado joven para algunas escenas. Y son precisamente algunas de las escenas más importantes.

Como las del Sin Cara. Ese personaje absolutamente formidable. Ese demonio tentador que medra con cada caída que provoca. Hasta hacerse casi incontrolable.

Como un vicio.

Chihiro vence al demonio porque sólo toma lo que necesita. No traspasa los límites. Y al demonio Sin Cara esa conducta le fascina. Insiste en la tentación y Chihiro insiste en rechazar el exceso.

El demonio persigue a Chihiro. Hasta que, finalmente, Chihiro lo domestica.

Y esta maravilla es la que pone una importante nota a pie de página en la bellísima cita chestertoniana que inicia esta entrada.

Porque algunos monstruos no mueren nunca, mientras nosotros vivimos. Nos acompañan siempre. Ansían que caigamos bajo su poder. Insisten constantemente, como el Sin Cara.

No queda más remedio que aceptar la vida con ellos. No es posible matarlos. San Jorge, en estos casos, está de más.

Y porque no podemos matarlos, necesitamos aprender a domesticarlos.

Esta película formidable y maravillosa va de eso, precisamente. De aprender a domesticar los monstruos que viven con nosotros.

Hasta lograr que nos acompañen sosegadamente en nuestro viaje.

Qué felicidad, el día que se la pueda poner a mi hija.

Dios mediante.