El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Mes: Marzo, 2020

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XXXV)

El Gobierno ayudará a las televisiones privadas con 15 millones de euros.

Es una de esas noticias que uno necesita leer varias veces para llegar a creer que es cierta.

Podemos congregar una gran cantidad de insultos para describir acertadamente lo que esta acción supone. Y tendríamos toda la razón para ello.

Pero a mí lo que más me llama la atención del hecho es la desesperación que demuestra. Uno sólo se dedica a comprar periodistas de una manera tan descarada cuando se siente absolutamente contra las cuerdas.

Ya no sólo por lo que se ha hecho hasta ahora. Sino por lo que se nos viene encima. Lo que aún nos queda por pasar.

De todas formas, el Bicho sigue demostrándonos que mucha gente insiste en vivir en un mundo que ya no existe.

Supongo que comprar periodistas podía tener algún sentido en el mundo anterior a internet.

Después de la aparición de internet, es como mear contra el viento.

Todo ser humano con un móvil es un corresponsal en potencia.

Cada uno de nosotros es una agencia de noticias. Y controlar miles de millones de agencias de noticias que no paran de moverse e interactuar es, simplemente, imposible.

Ni China lo está consiguiendo. Imagínense Pedro Sánchez…

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XXXIV)

Según la RAE, un cuento chino es un embuste; es decir, una mentira disfrazada con artificio.

Pero el Bicho está demostrando una extraordinaria capacidad para desmontar todo tipo de artificio y disfraz.

Mientras el gobierno ruso se plantea extender la cuarentena que ya impera en la región de Moscú a todo el país (ha sido fascinante ver cómo los congelados datos rusos sobre contagiados y muertos han empezado a crecer desde que Putin salió por la tele la semana pasada -oh, casualidad-), los rumores sobre lo que realmente está pasando en China empiezan a cruzar fronteras.

Los medios de comunicación chinos creados por exiliados y represaliados políticos intensifican el filtrado de noticias desde supuestas fuentes internas, extendiendo incluso la idea de que la crisis provocada por el Bicho está provocando tensiones al máximo nivel dentro del Partido Comunista Chino.

El caso es que Ren Zhiqiang sigue desaparecido. Y tampoco está muy claro dónde se encuentra la heroica doctora Ai Fen.

Sin saber en qué acabará todo esto, ya impresiona la potencia humillante de estas víricas cadenitas de ácido nucleico.

Los hilos con los que teje Dios.

LA COLECCIÓN

El informe descansaba encima de la mesa, sin abrir.

La Primera Magistrada lo miraba de soslayo, derrotada sobre la silla, un pómulo resbalando sobre el puño cerrado.

Su mirada huyó hacia la pared. Allí estaba su colección. Objetos de tortura usados por los esclavistas. Que había ido recogiendo durante la Revolución.

Adornaban su habitación. Para hacer imposible el olvido.

Recordó el día en que dejó de ser virgen. El día de su primera violación. Su amo la había comprado cuando tenía siete años. Le dio la mejor educación que se podía pagar. Los más grandes filósofos y arqueo-ingenieros. Ocho idiomas.

Podía hablar durante horas con su amo. Sobre historia, sobre ciencia, sobre dioses. Sobre amor.

En algún momento, olvidó su condición de objeto parlante. Y se permitió admirar a su propietario. Amarlo, incluso. Quizá.

La penetró por primera vez el día que ella cumplió quince años.

No se sintió violada hasta que la vio a ella: otra niña de siete años comprada pocas semanas después.

Las conversaciones se hicieron más cortas, las violaciones se hicieron más largas.

La mirada de la Primera Magistrada volvió al presente. Fija en el cuchillo que colgaba justo enfrente de ella.

Perezosamente irguió la espalda y abrió el informe.

Patricia abrió la puerta de la habitación.

-¿Tienes un momento, madre?

-Un momento, sí -respondió, mientras volvía a cerrar el informe-. ¿Qué ocurre?

Patricia cerró la puerta tras de sí, acercó una silla y se sentó junto a su madre.

-Estoy preocupada, madre -dijo Patricia, mirando al suelo-. Estoy preocupada por… un par de profesores. Míos.

-¿Por?

-Creo que pueden resultar… agredidos -dijo Patricia, elevando la mirada.

Su madre hizo un gesto de extrañeza.

-¿Quién les iba a querer agredir?

-Algunos alumnos… Ya sabes, los más radicales. Todo está… muy tenso. En todas partes.

-Estamos en guerra, amor. Tensión es lo mínimo que puede haber. Sobre todo si las cosas no van bien.

La Primera Magistrada cerró en un puño la mano que descansaba sobre el informe.

-¿Por qué iban a querer agredir esos alumnos a tus profesores?

Patricia volvió a bajar la mirada.

-Dicen que ellos… les llaman criptocatólicos. Que no apoyan lo suficiente la causa de la Unión. Pero no es verdad… Sólo hacen su trabajo. Muy bien, de hecho.

La Primera Magistrada permaneció callada. Miró a su hija, que permanecía con la mirada fija en el suelo. Se inclinó hacia adelante en la silla, antes de volver a hablar.

-Muchos de tus compañeros tienen a algún familiar en el frente; o es probable que alguno de ellos se incorpore a filas en breve. Es normal que estén nerviosos, que pierdan la paciencia con mayor facilidad.

Patricia asintió, sin levantar la mirada.

-¿Quieres que haga algo? -preguntó la Primera Magistrada.

Patricia dijo que sí con la cabeza.

La Primera Magistrada miró a su hija un momento. Después se inclinó sobre la mesa, abrió el informe, cogió la primera hoja y le dio la vuelta.

-Escríbeme ahí sus nombres -le dijo a Patricia, acercándole la hoja y una pluma-. Yo me ocuparé.

Patricia se levantó. Cogió la pluma y la introdujo en el tintero. Escribió dos nombres y le devolvió la hoja a su madre.

La Primera Magistrada leyó los nombres y volvió a dejar la hoja dentro del informe.

Cogió la cara de Patricia para que le mirase a los ojos y le sonrió.

-No te preocupes más. Ahora, a dormir.

Patricia besó a su madre y salió de la habitación.

La Primera Magistrada se quedó sentada. La mirada regresó al cuchillo de la pared y permaneció allí durante unos minutos.

-Ahmed -llamó la Primera Magistrada.

La puerta se abrió y un hombre uniformado introdujo la mitad de su cuerpo en la habitación.

-¿Necesita algo, Primera Magistrada?

-Sí -contestó, mientras se retiraba un mechón de la cara-. Dile a Pierre que venga mañana por la mañana.

-Ahora mismo, Primera Magistrada.

La puerta volvió a cerrarse. Se levantó de la silla y se dirigió hacia la cama.

Sin volver a mirar la pared, donde descansaba su colección de objetos de tortura.

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XXXIII)

Me noto dolorida una pierna al levantarme.

Pienso si habrá sido por el ejercicio. Pero no. Seguramente habrá sido por haberme arrodillado ayer.

Después de tanto tiempo.

La madre de una amiga está ingresada con respirador. Tiene el Bicho.

Mi amiga vive en el extranjero. Su padre salió hace dos días del hospital.

Mi amiga no encuentra forma de venir a España. Dice que no ha rezado más en toda su vida.

Me pide que tenga presente a su madre en mis oraciones.

Mis oraciones.

Busco mi rosario en el bolsillo de la mochila. Está roto. Entre el segundo y el tercer misterio.

Me arrodillo solo en nuestra habitación. Busco en el móvil una página con el rosario en latín. Al principio cuesta un poco. Pero es como montar en bicicleta.

Mientras escribo esto, me fijo en el rosario que hay encima de la mesa, a mi izquierda. Lo ha encontrado, entonces. Lo compró Bea en un viaje por Italia.

Rezaré mientras amanece.

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XXXII)

La realidad, sin embargo, es aún más dura, según un informe elaborado por el Instituto de Salud Carlos III al que ha tenido acceso EL PAÍS. El documento revela que el virus casi ha duplicado la mortalidad en algunas zonas de España. También que la información que cada día ofrece [Fernando] Simón solo está mostrando una parte de las dimensiones de la epidemia, ya que únicamente incluye a aquellos pacientes que fallecen tras haber dado positivo en las pruebas de coronavirus.

Es, probablemente, uno de los artículos más importantes que se han publicado en España desde el comienzo de la crisis del coronavirus.

Bendita libertad de prensa, cuando funciona como Dios manda (como no puede funcionar en China).

Porque nos permite entender el auténtico calibre de la crisis:

La diferencia entre la mortalidad real y la oficial se debe a varias razones, entre ellas, las carencias con las que se ha topado el sistema sanitario al hacer frente a la epidemia —la detección tardía del virus en España, la falta de pruebas diagnósticas…— y los distintos modos de contabilizar a los fallecidos.

Las comunidades, por ejemplo, solo atribuyen una muerte al coronavirus (y la notifican como tal al Ministerio de Sanidad) si el paciente ha sido sometido a las pruebas y estas han dado positivo, confirman dos responsables sanitarios de sendos Gobiernos regionales. “Esto deja fuera a muchas personas fallecidas en residencias o domicilios particulares que no han sido sometidos a prueba alguna”, explica uno de ellos.

Esta situación ha sido denunciada a este diario por numerosos profesionales del sistema sanitario. “Están falleciendo muchos pacientes en su domicilio y el SUMMA solo llega para certificar la muerte. O lo hacen en las residencias porque los hospitales no los aceptan si son mayores y con patologías previas. A casi ninguno de ellos se les han realizado las pruebas y, por tanto, no son contabilizados como víctimas del coronavirus”, alerta una de estas quejas.

En los últimos días se hace mucho hincapié en que la COVID-19 es una enfermedad que afecta no sólo a ancianos. Y es cierto. Elevados niveles de carga viral pueden hacer morir en pocos días a personas jóvenes en perfecto estado salud. Pero esta verdad no puede negar otra: para las personas mayores, la COVID-19 es una auténtica peste mortífera. No sólo por la acción del virus SARS-CoV-2, sino por circunstancias de las que somos directamente responsables todos los miembros de la sociedad: las carencias de nuestros sistemas de salud y de nuestras residencias (de ancianos, de discapacitados, de menores, cárceles…).

Hace un par de días comentaba con Bea que el Bicho va a tener una consecuencia buena. A los dos nos gustaría ocuparnos de nuestros mayores cuando llegue el momento. Que vengan a vivir con nosotros.

Pero nos encontrábamos con reticencias por su parte. Basadas en el no querer molestar. Que en una residencia estarían bien, con gente de su edad. Estarían entretenidos.

La puta mierda que el pensamiento eutanásico inspira y fomenta.

Pero el Bicho está poniendo las cosas en su sitio. El Bicho está tirando de la manta para mostrarnos lo que realmente es la vida de los viejos estabulados.

Y, sobre todo, vemos lo que es su muerte. O, para ser más exactos, no la podemos ver.

Los expertos llevan días avanzando que muchas cosas deben cambiar en España tras la epidemia. Para Pere Godoy, presidente de la Sociedad Española de Epidemiología, una de ellas debe ser el modelo de residencias para mayores (también para personas con discapacidades), convertidas durante este mes de marzo en auténticas trampas mortales. “Cuando todo esto pase, debe reformularse por completo un modelo basado en la concentración de colectivos de riesgo en espacios reducidos, con estándares de calidad bajos e insuficientemente preparados para hacer frente a una epidemia como la que estamos viviendo”. “El coste en vidas que esto va a tener será muy importante, difícilmente asumible. No nos lo podemos volver a permitir”, concluye.

Así que, durante una buena temporada, ninguno de nuestros mayores tratará de defendernos las maravillas de la vida en una residencia. A Dios gracias.

Sólo queda que Dios nos permita también a todos superar esta prueba.

Que Deus nos teña no seu colo.

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XXXI)

El mundo ha cambiado.

Lo había hecho antes del Bicho. El Bicho sólo lo ha hecho más evidente.

El mundo ya es sólo uno y el virus ha hecho uso de los miles de aviones, trenes y metros que comunican a velocidad de vértigo cada resquicio del planeta.

El Bicho ya está en todas partes. El nuevo mundo lo hizo posible.

Los redundantes estados aún existentes cierran sus fronteras para tratar de detener algo que ya lleva tiempo dentro de ellos, creciendo en las rutinas de cada día.

Se finge eficacia para hacer negocio.

Porque los buenos servicios de sanidad pública no se construyen de un día para otro.

Nos hacemos los tontos para que el mentiroso nos venda aquello a lo que dejamos de dar importancia, ocupados como estábamos en profundizar en el conocimiento de todas nuestras superfluas identidades de civilización ociosa y aburrida.

¿Quién pensaba en UCIs, sabiendo que siempre queda alguna mujer lesbiana catalana negra musulmana sin empoderar?

¿Para qué gastar dinero en estudios epidemiológicos, si podemos gastarlo en estudiar brechas salariales y techos de cristal?

¿Para qué descubrir nuevas mutaciones víricas, cuando vivimos en la época que está descubriendo docenas de nuevos géneros humanos?

El que la hace, la paga.

Dios dejó claras las reglas de juego hace tiempo. Somos nosotros los que insistimos en olvidarlas poco después de cada catástrofe.

No será distinto en esta ocasión.

INVASIÓN

El general dio la orden de avance con su brazo.

La columna de vehículos se puso en marcha, en dirección al desfiladero.

Desde su asiento en la parte de atrás del camión, el joven se fijó en las aguas del río.

-Tienes cara de adolescente -le dijo un soldado sentado justo enfrente-. ¿Seguro que ya has cumplido dieciocho años?

El joven miró un momento a su interlocutor, antes de dirigir la mirada hacia lo alto de las paredes del cañón.

No contestó.

-¿Cómo te llamas? -preguntó esta vez el soldado, endureciendo el tono.

-Louis -respondió el joven, sin dejar de mirar hacia lo alto.

El sol del amanecer creaba sombras peculiares en el desfiladero.

-¿En qué piensas, Louis? -preguntó nuevamente el soldado, que ahora sonaba burlón.

-En que si yo fuera un cruzado de Penn Ar Bed, me parecería éste un lugar perfecto para una emboscada.

El soldado que le preguntaba y el resto de compañeros empezaron a mirar hacia donde miraba Louis, repentinamente inquietos.

-Lo más probable es que los teócratas estén embarcando en estos mismos momentos camino del otro lado del océano… -dijo el soldado, tratando de aparentar seguridad.

El resto intentó sonreír, pero las miradas seguían escapándose hacia lo alto.

-Lo dudo -le dio tiempo a decir al adolescente.

La primera explosión destruyó el tanque que iba en segunda posición, dejando aislado al del general del resto de la columna.

Louis se dejó caer del camión, tras ver el ojo del soldado que le había estado preguntando atravesado por una flecha.

Las explosiones se sucedían con ritmo de furia. Louis hizo una señal a sus aterrorizados compañeros para que le siguieran hacia los árboles que bordeaban el río.

Los cañones de los tanques trataban de apuntar hacia algún lugar, sin tener demasiado claro hacia dónde. Los oficiales que habían sido capaces de reaccionar intentaban poner orden entre una amorfa masa fugitiva.

Ya ocultos entre los árboles, Louis y sus compañeros escucharon cómo el ruido de las explosiones era sustituido por un extraño rugido que inundaba el cañón, rebotando y multiplicándose entre las paredes de roca.

Como si la tierra y el cielo hubiesen decidido gritar al mismo tiempo, amenazando con poner fin a todo lo creado.

Y Louis vio entonces a los jinetes de Penn Ar Bed, sus caballos en inverosímil verticalidad acantilados abajo, inundando el desfiladero, gritando, disparando, desenvainando.

Una desquiciada marea verde cuya contemplación congelaba los músculos y convertía a muchos soldados de la Unión en babosas gimoteantes.

Una de las docenas de lenguas montadas se acercaba furiosa al aislado tanque del general, guiada por el abanderado, al que sus compañeros apenas conseguían seguir el ritmo de galope, y que lucía en su estandarte a un estudioso y tranquilo Santo Tomás de Aquino, que parecía coger su pluma con la misma firmeza con que su portador blandía espadón en la mano derecha.

El general trató de apuntar con su pistola desde la torreta del tanque.

El caballo subió de un salto al vehículo. El espadón chilló al cortar el aire. El caballo bajó de otro salto nuevamente al camino, al que también llegó la cabeza del general, tras rebotar un par de veces en el metal de su tanque.

Louis observaba desde su escondite la destrucción de toda la columna. Miró a sus compañeros de escondite. El más cercano olía a mierda. Louis les obligó con gestos a mirarle fijamente a los ojos. Con otro gesto, les ordenó colocar rifles a la espalda y desenvainar las espadas cortas. El último gesto lo hizo para que le siguieran.

Louis corrió pegado al cauce del río, bajo la protección de los árboles, en dirección a la entrada del cañón.

Sus compañeros y él sólo se detuvieron cuando la masacre dejó de resonar en sus oídos.

Aunque tardaría bastante más en dejar de resonar en sus cabezas.

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XXX)

Supongo que el señor Putin se acaba de dirigir a sus ciudadanos, retrasa el referéndum de reforma constitucional, declara no laborable la próxima semana, le pide a los rusos que no salgan de casa y diez mil cosas más… porque el coronabicho está completemante controlado en Rusia.

Si no se lo creen, y piensan que la prensa occidental sigue diciendo mentiras sobre ese ser sobrenatural que al parecer es el señor Putin, les ruego que le escuchen a él mismo, en traducción al español desde uno de sus propios canales oficiales.

Les ruego, eso sí, que dejen de seguir y leer este blog si el objetivo de su vida no es la verdad, sino salvaguardar a toda costa sus supersticiones propias, por muy infantiles y ridículas que éstas sean.

Entonces, sí, sigan leyendo UNZ Review y otros lugares de delirio semejantes.

Pero a mí no me den el coñazo.

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XXIX)

En el informe presentado hoy por Reporteros Sin Fronteras, podemos leer, entre otras cosas, lo siguiente:

En un análisis publicado el 13 de marzo, los investigadores de la Universidad de Southampton sugieren que el número de casos de coronavirus en China podría haberse reducido en un 86% si las primeras medidas, que se tomaron el 20 de enero, se hubieran implementado dos semanas antes. Basándose en lo ocurrido en los primeros días de la crisis, Reporteros Sin Fronteras (RSF) pone de relieve que, sin el control y la censura impuestos por las autoridades, los medios chinos habrían informado al público mucho antes de la gravedad de la epidemia, salvando miles de vidas y, posiblemente, evitando la pandemia actual.

[…] El director del departamento de emergencias del Hospital Central de Wuhan, Ai Fen, y un grupo de médicos lanzan una alerta sobre un “coronavirus similar al SARS“. Ocho de ellos, incluido el doctor Li Wenliang, quien murió después a causa de la enfermedad, serán detenidos por la policía de Wuhan el 3 de enero por hacer circular “falsos rumores”.

  • Si la prensa y las redes sociales hubieran podido difundir libremente la información facilitada por los denunciantes el 30 de diciembre, la ciudadanía se habría dado cuenta del peligro y habría presionado a las autoridades para que tomaran medidas que limitaran la expansión del virus.

[…] China alerta oficialmente a la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 31 de diciembre, pero al mismo tiempo obliga a la plataforma de discusión WeChat a censurar una gran cantidad de palabras clave que se refieren a la epidemia.

Es decir, China sólo informó a la OMS tras la filtración de los heroicos médicos de Wuhan, Deus os teña no seu colo.

China, ese ejemplo de gestión de crisis. Ese ejemplo de solidaridad internacional. Ese modelo a imitar.

Seguid creyendo los datos chinos sobre el coronavirus.

Vosotros mismos.

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XXVIII)

Y Jesús lloró.
Jn 11, 35

Al salir de casa, me he encontrado una urraca atrapada en el pasillo del ascensor.

Asustada por mi presencia, se lanzó varias veces contra las ventanas cerradas. Finalmente, voló por el hueco de las escaleras hasta el rellano del ático. Al asomarme, pude ver cómo vigilaba mis movimientos.

Evidentemente, ninguna rama de olivo adornaba su pico.

Antes de coger el ascensor, abrí una ventana del pasillo para que la urraca pudiera escapar cuando yo me fuera.

La ausencia de gente por las calles complica los hábitos alimenticios de las aves urbanas. El hambre las vuelve temerarias.

Mientras tanto, los neofariseos alardean su fe mostrándose impávidos y racionales ante la muerte de los que, según ellos, ya deberían haber muerto hace tiempo, si no fuera por la impía ciencia moderna.

No saben hasta qué punto resultan ridículos en su impostada y falsa ejemplaridad cristiana.

Pues en nada recuerdan al Ejemplo Inigualable.

Si acaso, a un triste vulcaniano de Star Trek.

Cuando volví a casa, la urraca ya no estaba.

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