El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Mes: Febreiro, 2020

POR SI AÚN NO ESTÁIS CONVENCIDOS…

…de ir a ver a The Dead South en alguna de sus cuatro citas españolas (Bilbao, Madrid, Valencia y Barcelona), tengo un nuevo argumento de peso.

Por fin tenemos una buena grabación de un concierto suyo. Del pasado 7 de enero, en Boston.

Disfrutad. Y decidíos.

ERAN BRAVOS GUERREROS CULTURALES CONSERVADORES

Eran bravos guerreros culturales conservadores.

Criticaban las postmodernas redes sociales desde sus bitácoras de Blogger o WordPress.

Me hacían reír.

Como en aquella ocasión. Cuando salí por primera vez de mi casa a los caminos de la futura Hélade, y una tribu de nativos intentó convencernos de que ellos no poseían armas, que dejásemos las nuestras a la entrada de su aldea si queríamos gozar de su hospitalidad.

De noche, trataron de sorprendernos y degollarnos con sus cuchillos de bronce.

El amanecer nos sorprendió con destellos bermejos. Agotados por la masacre, dos docenas de dorios apenas podíamos soportar el peso de nuestras espadas de hierro.

Quedaron vivos algunas mujeres y niños. Los vendimos como esclavos.

Los hombres siempre se vanaglorian de cosas estúpidas. La espesura de la rama en la que se han subido a delirar les oculta el bosque al que su propio árbol pertenece. Y desde su rama solitaria sermonean a la lluvia por empaparles.

Es por ello que me gusta ayudarles en sus aspiraciones angélicas y librarles cuanto antes de sus pesados cuerpos mortales.

Soy un hombre misericordioso, como Dios manda.

EL DELIRIO, FASE SUPERIOR DEL FEMINISMO PROGRE ESPAÑOL

En este artículo de El País leo lo siguiente:

La futura ley planea eliminar el concepto de abuso y considerar todos los casos como agresiones sexuales, una idea que se ha mantenido desde que se empezó a plantear la revisión del Código Penal con el escándalo de La Manada. Ese cambio de filosofía, no obstante, no conlleva penas más altas. De hecho, los castigos que se barajan se reducen respecto a los que prevé el Código Penal.

La pena mínima por agresión sexual en la nueva propuesta, según fuentes de la negociación, es de uno a cuatro años frente a la horquilla de uno a cinco años que recoge el Código Penal en su artículo 178. La agresión con penetración o asimilados (vía vaginal, anal o bucal o introducción de objetos) irá de cuatro a 10 años frente a los seis a 12 que contempla el Código en el artículo 179.

La intención, según explican desde el equipo de trabajo, es desterrar la idea de que se pedían cambios “punitivistas”. Argumentan que el movimiento feminista, las mujeres que protestaron en las calles contra las dos primeras sentencias de La Manada que condenaron por abuso y no por violación, no se movilizó por los años de condena o para que los castigos fueran más altos. Pedían que no se cuestione a las víctimas y defendían que si cinco hombres acorralan y violan a una mujer en un portal de dimensiones reducidas sí que existe violencia e intimidación, como finalmente reconoció el Tribunal Supremo en ese caso.

Estoy fascinado.

“Lo que me importa es que me creas, no el castigo de mi violador”. No tengo demasiado claro que, si le preguntamos a todas las mujeres que participaron en las protestas contra las sentencias de La Manada, piensen realmente lo que el Gobierno dice que piensan.

Y a mí lo que me fascina es que lo piense alguien. De hecho, resulta difícil aplicar el verbo pensar a ese amasijo de palabras. Delirar parece un término más adecuado.

Después se extrañarán de que muchas mujeres prefieran votar a VOX, porque promete el endurecimiento de las penas a los agresores sexuales.

Pero éste es uno de esos ejemplos maravillosos de lo difícil que es ser progre y mantener, al mismo tiempo, la salud mental. El nivel de equilibrismo ideológico necesario para considerarse a sí misma una auténtica luchadora feminista mientras lo que estás efectivamente proponiendo es la rebaja de las penas por agresión sexual es de maestría absoluta.

Por favor, respétame y no me violes; y si me violas, al menos créeme si te digo que me has violado. Pero a la cárcel no quiero que vayas, que me da cosilla.

Supongo que por eso necesitan una ley de eutanasia; debe de ser insoportable la existencia con esa estructura mental provocándote constantes motivaciones conductuales contradictorias.

Vivir en el delirio tiene que ser agotador.

IDENTITARIOS CATALANES, SEAN AMABLES CON VALENTINA SHEVCHENKO: HÁBLENLE EN ESPAÑOL

La alcaldesa de Vic, en un arrebato delirante que serviría de excusa para torturar en la plaza pública a cualquier militante de VOX que se hubiese atrevido a eructar algo semejante, ha defendido hoy en el parlamento de Cataluña la necesidad de concienciar a los catalanes autóctonos que hay gente nacida fuera que quiere y es necesario que aprendan el catalán, y poner fin a la costumbre muy presente en determinadas zonas del país de hablar siempre en castellano con cualquier persona que por su aspecto físico o por su nombre no parece catalana.

¿Acaso es necesario gastar dinero público para explicarle a la gente cómo tiene que tratar de comunicarse y hacerse entender o en qué idioma ha de hacerlo? Evidentemente, no. Si uno no es un absoluto idiota maleducado, trata de amoldarse en cada situación a las necesidades del otro, para tratar de hacerse entender (para esto, señores identitarios de todo el mundo, lo mejor es aprender idiomas; cuantos más, mejor).

Por eso, si uno es bilingüe, habla catalán y español, y se le acerca un extranjero chapurreando esta lengua, lo normal, sensato y educado es que uno le responda también en español.

La propuesta de la alcaldesa de Vic es doblemente insultante, porque da a entender que ese cambio de lengua implica un prejuicio xenófobo del que cambia el registro lingüístico al castellano, lo cual, al parecer, haría sentirse discriminadas a esas multitades de inmigrantes que anhelan aprender catalán (para poder ir de vacaciones sin problemas a Castellón y Menorca).

Pero, sintiéndolo mucho, señores identitarios catalanes, lo más probable es que no sea así. Lo más probable es que alguien que venga a vivir a España, aunque sea en Girona, lo que quiera aprender, en primer lugar, sea español. Como quieren hacerlo los millones de personas que ahora mismo lo aprenden en todo el mundo. Y que son bastantes más que los que quieren aprender catalán.

Porque el español lo conocen y hablan casi 600 millones de personas. Es la tercera lengua más hablada en internet. Es el idioma extranjero más estudiado en Estados Unidos. Catalogada como la cuarta lengua más influyente del mundo, no muy lejos del francés y el chino.

Por eso no hace falta gastar dinero público para obligar a la gente a hablar en español. Por eso no hace falta gastar el dinero de los impuestos de los ciudadanos para hacerles creer que son unos xenófobos por tratar de ser amables en español.

Al parecer, la promotora de esta campaña es una peruana nacionalista catalana, que apoya la independencia  y que en su cuenta de Twitter luce foto de perfil con el señor Puigdemont, el Martin Luther King del siglo XXI. Y que se siente muy mal cuando los catalanes autóctonos no le hablan en catalán.

Cosas veredes, Sancho.

En cualquier caso, yo quiero avisar a los catalanes que, si alguna vez les visita la kirguisa Valentina Shevchenko, una de las artistas marciales más admiradas del mundo, pues que no se sientan mal por hablarle en español.

Lo habla muy bien. Lo aprendió en Perú. Porque le dio la gana.

ARTISTA MARCIAL

La primera vez que me topé con el concepto de artista marcial fue durante la lectura de El Tao del Jeet Kune Do, la caótica e interesantísima recopilación de escritos y pensamientos de Bruce Lee. Aunque la expresión artes marciales, evidentemente, no me resultaba extraña, siempre había considerado a los practicantes de tales disciplinas como meros deportistas.

La idea de un individuo dedicado al estudio y perfeccionamiento de sus capacidades de combate cuerpo a cuerpo, guiado no sólo por la idea del éxito deportivo y/o militar, sino también por la búsqueda de una ética existencial de la que debía formar parte como elemento fundamental la belleza, me resultaba profundamente exótica y atractiva.

Soy de la opinión de que Bruce Lee representa algo bastante más profundo de lo que su mera condición de ídolo pop de la segunda mitad del siglo XX puede dar a entender. O quizá precisamente alcanzó la categoría de ídolo pop por la inesperada potencia de su apuesta vital.

Más allá de sus películas, Bruce Lee fue (y siguiendo siendo) el catalizador de (literalmente) decenas de miles de vocaciones de aprendices de artes marciales en todas y cada una de las esquinas del planeta.

Y el punto crucial en el legado de Bruce Lee como artista marcial fue precisamente el de romper las fronteras que separaban geográfica y civilizatoriamente las distintas tradiciones marciales e iniciar un proceso de mezcla y perfeccionamiento en el que todas esas tradiciones eran trituradas y examinadas con el objeto de alcanzar soluciones marciales de eficacia y belleza máxima. Eso y no otra cosa era el Jeet Kune Do.

Partiendo de su propia tradición china, el kung-fu, Bruce Lee fue investigando en el boxeo occidental, las luchas filipinas, el karate japonés… incluso la colocación del cuerpo en la esgrima europea. Siempre buscando nuevos elementos y movimientos que testar para tratar de producir un sistema mejorado de combate cuerpo a cuerpo.

Y tras la estela de su excesivamente temprana desaparición, miles de gimnasios en todo el mundo se convirtieron en nuevos centros de estudio y práctica de las artes marciales, en un esfuerzo descentralizado y espontáneo a escala planetaria (por primera vez, de toda la humanidad) por desarrollar el arte marcial más bello y eficaz posible.

Ese caldo de cultivo, unido a otros que se habían ido desarrollando durante el siglo XX, dio como resultado la aparición de un curioso negocio-espectáculo a principios de los años 90: el Ultimate Fighting Championship, en el que practicantes de diversas artes marciales combatían unos contra otros para dirimir cuál era la más efectiva y potente. Nacían así las artes marciales mixtas (MMA).

En estos momentos, algunos de los deportistas más famosos del mundo son las estrellas de la UFC y del One Championship (la versión asiática de aquélla). En España, país en el que tanto cuesta que triunfen los deportes de contacto, nos suena un poco el nombre de Conor McGregor.

Pero, en general, no tenemos ni pajolera idea de las andanzas de Israel Adesanya, Georges St-Pierre o Valentina Shevchenko.

Una buena manera de empezar a conocer las artes marciales mixtas es Joe Rogan, cómico monologuista y comentarista televisivo de los combates de la UFC; que en su famosísimo programa de entrevistas lo mismo te trae a Ben Shapiro o Jordan Peterson, que te pone delante a las principales estrellas de las MMA.

Soy muy fan de Joe Rogan, he de decir.

Una de las cosas de las que no nos enteramos en este país tan preocupado por la empatía catalana y el trasiego de tumbas es de la existencia de Khabib Nurmagomedov.

Y me parece que es interesante saber que una de las personas más admiradas ahora mismo en el mundo es un tipo que ha llegado a dominar su categoría en la UFC a través de su formación en sambo, arte marcial creado hace un siglo en los albores de la Rusia revolucionaria para formar a los soldados rojos en el combate cuerpo a cuerpo. Sus creadores, como Bruce Lee, se dedicaron a investigar y estudiar diversas tradiciones de lucha, incluso viajando a otros países.

Uno de ellos, Vasili Oshchepkov, que introdujo la práctica del judo en la Unión Soviética, murió durante las purgas estalinistas de finales de los años 30, irónica (y falsamente) acusado de ser un espía japonés.

Y este es el mundo en el que vivimos, este es el mundo que nos toca, este es el mundo que hay que entender: en el que un devoto musulmán suní de la república autónoma rusa del Daguestán, partiendo de sus conocimientos de un arte marcial soviético, es admirado por el mundo entero, mientras gana (y hace ganar) una inmensa cantidad de dinero, de la que apenas hace exhibición, centrado en el respeto a sus oponentes y a la gloria del combate, en un negocio-espectáculo cuyo centro de operaciones está en Las Vegas, Nevada, USA, en el cual se va perfeccionando día a día el Arte Marcial de la Humanidad en formación (con real y efectiva H mayúscula).

EL CURIOSO CASO DEL DEMÓCRATA DELINCUENTE POR EXALTACIÓN DEL FRANQUISMO: YO

Mi abuela Pacucha era una niña cuando estalló la Guerra Civil en España. Tuvo que soportar durante un cierto tiempo los insultos de otras gentes de su pueblo, por ser hija de un rojo.

El rojo era mi bisabuelo, del que ya os he hablado (hace ya tiempo, la verdad, no era consciente de que fuera tanto…). Aunque ahora parece ser que todos los abuelos republicanos de este país derrotados durante la Guerra Civil eran almas puras e inocentes -auténticos unicornios humanos, se podría decir-, lo cierto es que mi bisabuelo participó en la muerte de dos personas; una de ellas, el cura del pueblo.

Mi bisabuela Maruja, su mujer, siempre defendió que él no había hecho nada, porque se le había enganchado el pantalón en la valla de la finca que pretendía asaltar. Puede que haya algo de cierto en la historieta de mi bisabuela, porque la verdad es que, entre todos los detenidos por los hechos de aquellos primeros días tras el alzamiento, las autoridades nacionales de la zona siempre encontraban a otros presos más dignos de ser fusilados. Y justo cuando le tocaba a él, un indulto del Generalísimo le conmutó la pena de muerte por la de trabajos forzados.

En cualquier caso, mi bisabuelo (como tantos otros abuelos durante la Guerra Civil, no pocos de ellos quizá reposando con plena justicia en alguna fosa común) no fue una hermanita de la caridad. Tampoco creo que fuera mala persona. Mi madre habla maravillas de él. Simplemente, tomó su decisión y perdió. No pagó poco por ello. Otros pagaron mucho más. El cura de su pueblo, por ejemplo.

Me hubiese encantado haber conocido a mi bisabuelo. Aunque no sé cómo se tomaría que su bisnieto pensara que lo mejor para España, en aquel momento, fue la derrota del bando por el que él mató y arriesgó la vida.

Pero más allá de mis opiniones sobre los bandos de la Guerra Civil española, mi opinión principal sobre la misma es exactamente idéntica a aquélla que repetía mi abuela Pacucha, su hija, cuando se le preguntaba al respecto: que nunca se vuelva a repetir.

Leo que nuestro actual gobierno pretende cumplir la promesa electoral de Pedro Sánchez y tipificar como delito, en su propuesta de reforma del Código Penal, la exaltación del franquismo.

No sé si mi opinión recién expresada sobre la victoria del bando nacional me convertirá en delincuente en un futuro. Quede constancia, en cualquier caso, que no tengo otra. Si alguien me quiere preguntar por mis razones y fundamentos para opinar de tal manera, no tendré problema en exponerlos. Se basan, principalmente, en las múltiples lecturas realizadas, durante años de estudio, sobre historia, teoría política y filosofía.

Pero ningún gobierno me va a robar, salvo violencia tiránica, la libertad de estudio y pensamiento sin más coacción que la que ofrecen los propios hechos probados y las verdades de los diversos saberes humanos.

Dice la ministra que en una democracia no se homenajea ni a dictadores ni a tiranos. No estaría mal que se lo recordase a sus compañeros de gobierno, tan apegados a los experimentos políticos venezolanos y tan nostálgicos de los socialismos reales.

La democracia en la que yo creo no teme, ni al estudio riguroso, ni a la búsqueda honesta de la verdad.

La España en la que yo creo es este titán contrahecho que la historia ha puesto en nuestras manos, fatigado de derrotas, pero aún uno; tatuado de cicatrices que pueden alimentar resentimientos que nos dividan, o dar lecciones sobre los caminos errados que sólo devuelven al salvajismo tribal.

En el alma de cada uno está la decisión sobre qué opción cultivar. Y es una decisión que, como todas, define lo que cada uno es.

Parece que el gobierno ya ha tomado su decisión.

No es la mía.

Y ahora os dejo con una escena de la película de Ken Loach de 1995, Land and Freedom. No se trata de la escena de la asamblea de colectivización que a los nostálgicos izquierdistas de este país tanto les encanta compartir en YouTube; sino de la escena en la que se muestra el inicio de la represión de los milicianos del POUM, en el bando republicano, ordenada directamente desde Moscú (donde ejercía el poder un tal Stalin).

Vedla, antes de que a alguien se le ocurra prohibirla por denigrar a la Segunda República (esa democracia ejemplar).

AL TERMINAR DE LEER UNA OBRA NO SOMOS LOS MISMOS QUE CUANDO LA EMPEZAMOS

Es la mejor definición de obra de arte literaria de la que yo haya tenido noticia. Se debe a George Steiner, que acaba de morir, a los noventa años de edad.

Lo conocí gracias a Fernando Muñoz; pues era el invitado sorpresa (y, probablemente, protagonista principal) en su primera tesis; en principio dedicada al estudio de la obra del sociólogo Norbert Elias, pero atravesada como una gran ráfaga por el pensamiento de Steiner.

Su nombre me trae el recuerdo de cosas extraordinariamente bellas.

Gracias. Que Deus o teña no seu colo.

Y de cosa bella a cosa bella y tiro porque me toca. Esta preciosa canción que me ha descubierto mi querido Malpelo.

Buenas, sosegadas y acantiladas noches a todos vosotros.

LO MÁS DIFÍCIL

El río había formado en una de sus curvas una zona de agua estancada, a modo de pequeña laguna. Los cinco compañeros descansaban junto a ella, bajo la frondosidad de los numerosos árboles, gruesos y antiguos. Las montañas, cercanas, permanecían sin embargo invisibles, tras el denso muro de troncos y ramas.

El único sonido que se escuchaba era el del río. Lope no tardó en dormirse.

Iván se fijó en un insecto que caminaba a trompicones hacia la pequeña laguna. Se lo señaló a Thomas, de forma innecesaria, porque el anciano ya lo había visto.

-Una mantis religiosa -dijo-. Es extraño ver una, en esta época del año.

Iván se levantó para acercarse al insecto.

-Parece que tiene sed -comentó-. Va directo al agua.

Thomas agravó su gesto de extrañeza y decidió levantarse para acompañar a Iván en la observación del bicho.

Justo al llegar junto a él, la mantis se zambulló en el agua sin dudarlo un segundo.

-¿Pueden nadar? -preguntó Iván.

-No que yo sepa… -respondió Thomas-. Vaya, vaya…

El abdomen del insecto empezó a retorcerse con violencia, como si algo estuviese tratando de salir al exterior.

De repente, un gusano negro se abrió paso, abandonando el cuerpo del insecto, que flotaba inmóvil en la superficie, como una cáscara vacía.

Iván sintió arcadas y tuvo que hacer un esfuerzo de autocontrol para no vomitar.

-Cristo Santo… -dijo José, que se había unido a ellos por curiosidad-. ¿Qué coños es esa cosa asquerosa?

-Un nematomorfo -explicó Thomas, que seguía los movimientos del gusano recién liberado con evidente interés-. Un parásito que se desarrolla en los cuerpos de pequeños artrópodos; cuando ha madurado lo suficiente, toma el control del sistema nervioso central del anfitrión y lo obliga a tirarse al agua, para poder buscar a otros de su especie y reproducirse. Una fascinante criatura de Dios.

-Lo mismito que está pensando la mantis -bromeó José-. De poco le ha valido toda su religiosidad, a la pobre… Bueno, supongo que ahora estará en el cielo de los bichos, como mártir del cotidiano genocidio de la madre naturaleza… Aunque no sé si hay cielo que compense este tipo de muerte, la verdad…

-Veo que te encuentras mejor -dijo secamente Abraham, que comía algo sentado, apoyado en el tronco de un árbol.

-Oh, sí. Un espectáculo así levanta el ánimo a cualquiera -respondió José-. Dime, Abri, ¿cómo crees tú que entraron estos bichos en el arca de Noé? ¿En forma de gusano? ¿O iban dentro de otra pareja? Porque si iban dentro de algún bicho, me temo que ese bicho se extinguió por aquel entonces…

Abraham dejó de comer, cogió su arco y se fue sin contestar. Lope, que se había despertado, miró con cara de resignación a José y le dijo a Abraham que le esperase, que iría con él a cazar.

José se quedó mirando fijamente al gusano, que se retorcía en el fondo de la laguna. Thomas e Iván volvieron junto a sus mochilas. Thomas sacó algo de carne. A Iván le había huido el apetito muy lejos; tardaría en regresar.

-Nunca pensé que me sucedería tan pronto, pero lo cierto es que echo mucho de menos mi hogar… -comentó Iván.

-¿Por qué piensas que es demasiado pronto para sentir eso? -preguntó el teólogo.

-Bueno, tenía tantas ganas de vivir aventuras, que no pensé…

Iván no terminó la frase y bajó la mirada al suelo.

-Ya -dijo Thomas-. ¿Las aventuras no están siendo lo que tú esperabas?

Iván miró a José, que seguía junto a la laguna.

-Los hombres no están siendo lo que yo esperaba -respondió Iván-. Empezando por mí.

Thomas mordisqueó un trozo de carne salada antes de volver a preguntar.

-¿Qué esperabas de los hombres?

-Que fueran menos… -Iván buscaba palabras que no acababa de encontrar-… complicados. Muchas veces me quedo sin saber qué pensar. De muchas cosas. Me aturde estar tan perdido. Me inquieta ser tan ignorante.

-Sólo Dios conoce las oscuras profundidades de los corazones -dijo Thomas-. El amor al prójimo implica amor a esas oscuridades, saber que forman parte de lo que los hombres son. De lo que tú mismo eres.

-Yo no me veo tan complicado… -replicó Iván, en voz baja.

-Quizá no lo seas -respondió Thomas, sonriente-. Pero el tiempo es un tejedor tenaz de oscuridades. No te sorprendas, si notas que tu forma de ver las cosas se complica. De hecho, ya está ocurriendo, ¿no?

Iván dejó escapar una leve sonrisa cansada.

-Además, las amenazas no dejan de aumentar, en número y calidad -prosiguió el joven-. Cada día que pasa cuesta más trabajo mantener la esperanza en una victoria final.

Thomas miró a Iván muy serio.

-Tu Dios se hizo hombre y fue crucificado -dijo el anciano-. ¿Qué esperabas para ti?

Iván bajó la cabeza, asintiendo.

-Esperaba… -se atrevió a contestar-… esperaba honor, gloria en la batalla, el amor de una mujer, hijos a los que criar… Y no esperaba tener que enfrentar la seria posibilidad de que mi hogar dejase de existir. Es todo demasiado… grande, para mí.

Thomas no dijo nada. Bajó la cabeza y se quedó pensando.

-¿No temes perder nada? -inquirió Iván.

-Sí -respondió Thomas, en voz muy baja-. La sonrisa de Dios.

Iván sonrió.

-¿Por qué vivías en Atenas? -volvió a preguntar el joven.

-Es mi ciudad. Allí nací. Es mi hogar.

-¿Eres katejónico?

-No, simple cristiano. Sin adjetivos, ni complementos de lugar.

Ambos sonrieron.

-¿No preferirías vivir en una Casa?

-No -respondió con dulce seguridad el anciano-. Pero lo haría, si así lo determinase la Divina Providencia.

-Quizá echases de menos entonces Atenas.

-Es probable -dijo Thomas-. Otro demonio más al que tratar de domesticar.

Iván volvió a sonreír.

-Me gustaría tener tu confianza en Dios… -dijo el joven.

-A mí me gustaría tenerla siempre -replicó Thomas.

-¿A veces dudas?

-Soy un hombre anciano, Iván, de profundísimas oscuridades…

-¿No vives en paz?

-Cada vez más, sí. A Dios gracias. Pero incluso la paz puede tener sus oscuridades propias…

Iván hizo un gesto de no entender.

-La paz se logra a costa del mundo -continuó Thomas-. Pero cuanto menos te vence el mundo, más te cuesta entender a los que aún se sienten atados a él. Y, sin embargo, puedes reconocer no poca bondad en muchas de sus preocupaciones mundanas; pero tú no les puedes ayudar. Porque tus palabras de aliento sólo pueden ser recibidas como hielo por sus corazones angustiados. ¿Qué decir al hombre que vela el cadáver de su hijo, aún niño? Sólo el silencio del mundo calmará su dolor. Y ese silencio sólo lo obra Dios.

Thomas e Iván permanecieron callados un buen rato. Ambos miraron a José, que ahora había fijado su atención en las aguas del río.

-Si ser cristiano es eso -dijo Iván, en un susurro-, no sé si alguna lo vez lo he sido. No sé si alguna vez lo seré. Me parece… tan difícil.

-Por supuesto -admitió Thomas-. No sé si habrá algo más difícil. Sin la ayuda de Dios.

José se agachó y recogió algo del agua. Un último brillo del atardecer se coló entre los árboles para iluminar el inerte cuerpo de la mantis religiosa, reposando en la palma mojada de su mano.

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