SOBRE EL DICHOSO PIN (LECHES, GARCÍA-MÁIQUEZ FUE MÁS RÁPIDO CON EL CHISTE DE “PIN, PAN, PUN”)

por El Responsable

España, al parecer, es un país repleto de gente que sabe cómo educar a los hijos… de los otros. Yo tengo una ligera idea de cómo educar a la mía; espero que salga más o menos bien, aunque no las tengo todas conmigo.

Con respecto a la sexualidad, también tengo una idea aproximada de lo que le quiero contar; aunque sé que tendré que pelear con las opiniones de sus amigos, de los medios de comunicación, de los libros que lea y de las hormonas que la posean (éstas, sin duda, serán mis peores enemigas).

Con lo que no me parece que sea necesario luchar -mejor dicho: contra lo que no creo que yo debiera luchar-, es contra la opinión del estado. No creo que ningún ocupante de la estructura estatal tenga que meter baza en este tipo de asuntos. No porque mis hijos sean míos -no creo que el concepto de propiedad explique de forma adecuada la relación entre padres e hijos-. Mis hijos son mi responsabilidad. Al estado le compete definir qué acciones individuales merecen castigo penal; pero dentro del amplio campo de lo permitido, el estado ni pincha, ni corta. O no debería.

Pero hay gente que no piensa lo mismo. De hecho, en España hay mucha gente que no piensa lo mismo. Por ejemplo, la ministra Celaá y Juan Manuel de Prada. Ellos lo tienen tan claro que hasta pretenden decirnos al resto cómo debemos hacerlo. Ya explicamos en una entrada anterior que, al señor de Prada, más que Diogneto, lo que le va es Magneto. Los estados liberales le resultan una molestia, porque, él sí, ungido de Dios, sabe qué hacer con el poder. Les suele pasar, a los que creen haber sacado a Excalibur de su piedra.

Lo único que me consuela en el aburrimiento de tratar con tanto aspirante a comisario político (o inquisidor), es que la historia suele demostrar que los resultados acaban siendo exactamente los contrarios a los que aspiran.

Mientras tanto, santa paciencia.