El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Mes: Xaneiro, 2020

ROBERTO JOHNSON, MÁRTIR

Roberto Johnson, preocupado por la pérdida irreparable de la civilización cristiana en la que había crecido, dedicó todos sus esfuerzos a estudiar las condiciones fácticas que habían hecho posible aquélla, para trazar un plan de restauración.

Se aplicó sobre todo al estudio de la historia, para tratar de determinar el camino de decadencia que había llevado hasta la situación actual, comprendiendo sus causas con el objeto de revertir el proceso.

Atravesando los siglos en su análisis, llegó a la conclusión de que, para recuperar una civilización cristiana, necesitaba nuevamente a Cristo en la tierra.

Así que decidió dedicarse al apostolado judaico, con la idea de recuperar las condiciones sociales que habían provocado la aparición histórica de Jesús de Nazaret.

Por las mañanas, predicaba cerca del mercado un judaísmo de corte fariseo; por las tardes, hacía lo propio en el bar desde un punto de vista saduceo. Y, por las noches, vivía una existencia frugal en una comunidad esenia que había establecido junto a la estación de cercanías de su barrio, zona rica en saltamontes y otros bichos.

Finalmente, tras unos años de intenso trabajo, Jack López, un personaje peculiar y rebelde de su comunidad nocturna, empezó a llevarle la contraria durante sus exhortaciones esenias; así que Roberto aprovechó la circunstancia para darlo a conocer a los otros dos grupos que había formado, el matutino-fariseo y el vespertino-saduceo. Todos estuvieron de acuerdo en que era un tipo bastante maleducado, faltón e insoportable y que, si seguía así, iba a acabar muy mal.

Una mañana en que Roberto le había dicho a Jack que le acompañase al mercado, éste empezó a dar patadas a un fariseo, al acalorarse una discusión que habían tenido sobre la posibilidad, o no, de jugar al fútbol en sabbat. ¡El sabbat está hecho para el fútbol y no el fútbol para el sabbat!, gritaba Jack, mientras pateaba con zurda potente la cabeza del fariseo. Éste, aprovechando un momento de cansancio en el ritmo de pateo de Jack, llamó a la policía, que detuvo al maleducado esenio.

A Roberto Johnson lo de la policía no acababa de convencerle como analogía de las legiones romanas, pero decidió seguir adelante con su experimento.

Así que, estando detenido Jack, Roberto Johnson convocó a fariseos y saduceos delante de la comisaría para pedir su crucifixión. La policía, tras varios avisos de que se fueran a dar la murga a otra parte, acabó deteniendo a Roberto Johnson, y los pocos que le habían acompañado, por manifestación ilegal y altercados públicos; compartiendo finalmente todos la misma celda con Jack.

Temeroso de que su experimento acabase fracasando, Roberto Johnson decidió matar a Jack, para convertirlo en mártir. Así que, a falta de clavos y cruz, trató de ahogar a Jack con sus propias manos; lo que provocó la reacción de los fariseos y saduceos que estaban con ellos en la celda, los cuales, saliendo en defensa del insoportable esenio, le dieron una paliza de tal calibre a Roberto Johnson que fue incapaz de sobrevivir a la misma.

Dando fin al activismo mesiánico de Roberto Johnson, mártir por la restauración del cristianismo.

EL SOSIEGO ACANTILADO ES FAN DE “UN TÍO BLANCO HETERO”

Como no podía ser de otra manera, he de añadir. Porque en El Sosiego Acantilado somos fieles adoradores del sentido común; y, ahora mismo, en España, probablemente uno de los más gallardos e inteligentes defensores del sentido común sea Un Tío Blanco Hetero.

Aprovecho su último vídeo, recién salido del horno, para daros a conocer al caballero a aquellos que aún no sepáis de su existencia.

Vídeo que termina prometiendo una próxima entrega sobre el estado actual de las guerras culturales anglosajonas (la impaciencia me corroe por dentro y por fuera en estos momentos) y con una cita audiovisual de alguien muy querido en este blog y por muchos de vosotros.

Un abrazo a todos.

THE DEAD SOUTH EN MADRID: CAMBIO DE SALA

Como ya os había dicho, la Moby Dick es una sala pequeña. Así que, al agotarse las entradas, y ante la avalancha de peticiones, los organizadores han decidido trasladar el concierto a la Sala Mon (antigua Penélope, según me informa un amigo).

Con lo que vuelve a haber entradas disponibles. En este enlace.

IVÁN, EL CANGREJO DE RÍO

Iván, el cangrejo de río,
yendo por la orilla
atrapa un pez
y se lo lleva al pequeño Ulyan.
El pequeño Ulyan
devora el pescado con pimienta.
El amo se sienta en el corral
y grita ¡Os voy a dar de latigazos!

Trabajan hasta que los dedos quedan en carne viva
con arado de madera y grada;
madre vendió ésta
sin pedir mucho por ella.
Una azada, una pala
y una gallina;
y una gallina
que empolla en su gallinero.

Una gallina
que empolla en su gallinero
que empolla en su gallinero
contando sus huevos:
uno, dos, tres, cuatro.
Me enseñaron a contar
pero no a leer o escribir;
tuve que jugar con muñecas.

Rompí una de mis muñecas
mamá me dio una azotaina.
Papá, papá me dio en la espalda.
La balalaika encima del muro
la balalaika cayó
y le dio al cerdo en el lomo
y después a papá en la espalda
así que ya no volverá a montar el cerdo nunca más.

(Al parecer, se trata de una vieja canción de cuna rusa, recuperada por esta gente tan especial de Otava Yo; y el vídeo… el vídeo a veces me parece sacado de mi infancia de aldea; me resulta de una belleza casi insoportable; ciertamente, la niñez es el paraíso perdido, el cielo al que deseamos regresar; espero que esta hermosísima canción os guste tanto como a mí).

HA MUERTO LA MADRE DE BRIAN

Descanse en paz, Terry Jones.

Y en su honor, una de mis escenas favoritas de los Monty Python (muy al caso de ciertos temas que hemos comentado en los últimos días).

EL ESTADO Y YO: LA CLASE DE ÉTICA

En mi época, el pin parental se llamaba la clase de ética.

Hasta que llegué a Madrid, el año que empezaba 6º de EGB (a los 11 años), no pude ir a clase de Ética; porque en mi colegio público ferrolano, no sé muy bien por qué, la única opción que teníamos era la clase de Religión.

En cuanto tuve posibilidad opté por ir a Ética, para gran alegría de mi madre, ella misma una de esas ateas recalcitrantes producidas por decenas de miles en los innumerables colegios de monjas que atestaban la España franquista.

Unos años antes, mi madre ya me había dado la opción de no hacer la Comunión, a pesar de la oposición de mi abuela. La misa de los domingos siempre me había parecido una estúpida pérdida de tiempo; y la única que se empeñaba en llevarme a la fuerza, aprovechando los fines de semana que, de vez en cuando, pasaba en su casa, era mi tía Marisa.

El caso es que recuerdo muchos domingos madrileños esperando, solo y aburrido, a que mis amigos salieran de misa. Amigos que, por supuesto, iban a clase de Religión en el colegio.

En el mío, sólo íbamos a Ética una chica, testigo de Jehová, y yo. El número se amplió durante los años de instituto, aunque seguíamos estando en franca minoría.

Pero si ahora echo la vista atrás y pienso en todos aquellos amiguitos que iban a clase de Religión y a misa los domingos, me siento como el ángel de Klee observando desde los cielos las ruinas de la destrucción total.

Prácticamente el único que mantiene cierta disposición a lo transcendental y religioso, el único chaval que a estas alturas de su vida se siente libre para investigar en su tradición cristiana sin que le produzca una inmediata urticaria alérgica, soy yo.

Por eso nunca he podido entender, incluso durante mis años de catolicismo militante, la pugna de la Conferencia Episcopal por mantener a toda costa la clase de Religión en la enseñanza pública. Bueno, sí que puedo entenderlo, pero no con sus explicaciones. Puedo entender la gran cantidad de puestos de trabajo de profesor de religión que desaparecerían; el dinero que perderían las instituciones católicas que organizan los cursos que acreditan como profesor de religión.

Teniendo en cuenta nuestra historia, no resulta extraño el mimetismo revanchista que uno percibe entre la progresía española actual. Es éste un país, tanto a la derecha como a la izquierda del espectro político, que cree fervientemente en la eficacia casi absoluta de la educación estabulada a la hora de determinar las conductas de los futuros ciudadanos.

Mucho me temo que el asunto es bastante más complicado.

Pero una de las supersticiones más arraigadas en el hombre moderno es su creencia en la posibilidad de arrancar de las manos de la mera providencia los quicios del destino humano, para controlarlos a su gusto.

Tendrán que volver a cambiar los dioses, antes de que los hombres sueñen de un modo distinto.

CANCIONES PARA UNA BODA

Preocupado por el estado de nuestra demografía, El Sosiego Acantilado se ha propuesto ayudar a promover las bodas, los hijos, la bebida, la comida y el buen danzar. Vamos, la alegría de vivir en general.

Para ello, vamos primero con los rusos Otava Yo (las próximas Navidades os calzo este villancico, como hay Dios), que en el siguiente vídeo os cuentan (poned los subtítulos en inglés) la historia de Tanya, joven tabernera que se casa sin contárselo a su padre (Jesús, si es que hay gente que trabaja para este blog sin saberlo…). Y que para llevar mejor el susto, le recomienda que haga lo que yo haré el día que se case Ana Ofelia, si Dios me regala llegar a ver tal gracia: beber como un cosaco.

No se vayan todavía, que aún hay más. Desde Eslovaquia, país hermano de la Unión Europea, nos llega la terrible historia (tiene subtítulos en español) de una joven muchacha que se quiere casar con su amor, Stefan, cosa que no parece hacerle demasiada gracia a su madre.

Señora, deje que se case su hija con Stefan, que no sabe usted cómo anda la demografía occidental.

Una advertencia: el que sea capaz de escuchar esta canción sin mover rítmicamente alguna parte de su cuerpo, que no vuelva a pasar por aquí. Estáis avisados.

CONTRA LOS MESÍAS

Supongo que ya no le reventaré a nadie la historia si me pongo a hablar del final de la serie Juego de Tronos. En cualquier caso, si aún queda alguien por ahí fuera que no lo haya visto, que deje de leer ahora mismo.

Aunque las dos últimas temporadas me gustaron más bien poco (en cuanto los guionistas dejaron de hacer pie en los libros escritos por George R. R. Martin), he de reconocer que el final me pareció muy bueno. Frente a la opinión general.

Porque la opinión general era una mezcla de victimismo feminista y de incapacidad para asumir la caída final de la heroína protagonista; que estaba llamada a cambiar el mundo, y acabó siendo asesinada por el hombre que la amaba (heteropatriarcal violencia de género, nada menos) para evitar su transformación definitiva en la tirana genocida que ya estaba empezando a ser.

Aunque la moraleja final de toda la saga no era más que un buen resumen (brutal y honestamente presentado en el asalto a Desembarco del Rey) de lo que la historia humana ha contemplado cientos de veces (la corrupción que en el ser humano produce el ejercicio del poder, a pesar de todas las buenas intenciones -o precisamente por ellas-), las masivas críticas a los guionistas no dejaron de llamar mi atención.

Llegué a la conclusión de que a las masas mimadas de Occidente no les gusta saber que los Reyes Magos son los padres. No les gusta tener que asumir que los mesías que prometen cielos en la tierra suelen ser el prólogo de infiernos prodigiosos. Necesitan seguir creyendo en que el rey Arturo construirá Camelot. Que existe el ser humano incorruptible, capaz por mera voluntad de no caer, de no equivocarse. De cambiarlo todo. De dar un sentido definitivo a nuestras vidas.

Cuando uno sueña con ese tipo de hombres y mujeres, es normal que la mediocridad circundante le acabe deprimiendo. Hasta verse obligado a comprarse un perro. O un gato.

Y aunque todo cristiano debería tener grabado en su ADN que el reino prometido no es de este mundo, son precisamente algunos cristianos, y la civilización cristiana en proceso de secularización, los más proclives a perderse en todo tipo de mesianismos.

Pero los relatos sobre grandes monarcas de la tradición judeo-cristiana, cuando no son convenientemente edulcorados precisamente por intereses mesianistas, siempre han hecho hincapié en la humanidad torpe (no pocas veces pecaminosa y criminal) de los protagonistas. David, Salomón, Arturo. Los tres cometen errores impropios de lo que se espera de ellos.

Y eso es exactamente lo que deberíamos esperar de un hombre o una mujer en el poder. Eso es lo que no nos debería sorprender encontrar en la acción de un hombre o una mujer. Porque, en el fondo, sabemos que eso es lo que podemos esperar de nosotros mismos. No echemos en hombros ajenos la carga que nuestras espaldas nunca serían capaces de soportar.

Yo, como San Gilberto, creo que la democracia es el ideal político más generoso y más fundamentalmente cristiano. La generosidad del que no rehúye su responsabilidad, a pesar de sus evidentes limitaciones y debilidades; la generosidad del que entiende las limitaciones y debilidades de los demás y, a pesar de ello, los reconoce como sujetos responsables, con la dignidad suficiente para tener su propia voz.

La ciudadanía no se puede confundir con una mera tabla de derechos a reclamar por el simple hecho de existir. La democracia nació en la antigua Grecia exigida por los soldados que sangraban en los campos de batalla todos los veranos. La ciudadanía implica sacrificios.

Y el primer ídolo a sacrificar en el altar de la libertad es el de los meros mesías humanos.

Por eso me gusta tanto el final de Juego de Tronos.

LA EUROPA VACIADA

“¿Hay soluciones? No pueden ser inmediatas, pero hay que actuar sin demora aunque los efectos sean a medio y largo plazo. La presidencia croata de la UE le ha pedido a la Comisión Europea y al Consejo que estudien medidas para invertir estas tendencias, esencialmente con políticas favorables a la familia. Nada fácil no ya a nivel europeo –dada la heterogeneidad de las situaciones y de sus causas– sino incluso nacional, como sabemos en un país, como España, con algunos territorios rurales vaciados. O a escala del continente, pues Rusia y Ucrania, como los países de los Balcanes, están viviendo también este tipo de problema que afecta al peso de una Europa que se encoje demográficamente en un mundo aún en expansión a este respecto. Para 2050, la edad mediana en la UE será de 47 años, es decir, cuatro años más que la de EEUU, y no digamos ya que en el resto del mundo (con grandes excepciones como Japón, y, cada vez más, China). Ningún país de la UE tiene una tasa de nacimientos suficiente para remplazar a sus muertos, recordaba un reciente editorial del Financial Times, apoyándose en un informe de la ONU y en unas interesantes tablas y gráficos.”

Cita extraída del artículo La Europa vaciada, escrito por Andrés Ortega para el Real Instituto Elcano; el resto del artículo, aquí.

CREO EN EL ESTADO TODOPODEROSO

Escucho ahora el podcast de la tertulia de esta mañana en el programa de Alsina, que me da a conocer la encuesta de SocioMétrica para El Español, sobre el temita del pin parental; según la cual podemos deducir que, cuánto más insistan los partidos gobernantes en imponer sus criterios educativos a los padres españoles, antes tendrán que hacer las maletas y abandonar sus puestos de poder.

El caso es que descubro que muchos tertulianos están en contra del pin parental. Y en no pocos casos, me sorprende la oposición, porque a muchos de estos tertulianos los tenía por gente bastante más liberal que yo. Intuyo que se ha extendido por la profesión periodística un curioso y paradójico miedo: el miedo a estar de acuerdo con VOX. Lo cual le llevaría a uno a admitir que no son meros fachorros cavernarios y que, de vez en cuando, dicen cosas con bastante sentido. No siendo ésta una opción, no queda más remedio que oponerse a cualquiera de sus planteamientos, sobre todo a los más razonables; y entonces, al pobre Rubén Amón no le queda otra que verse a sí mismo haciendo graciosísimas piruetas argumentales para defender el derecho del estado a intervenir imperativamente sobre la educación impartida a los jóvenes, para evitar que los padres les impongan valores terribles y oscuros.

No por común (hoy se la he podido escuchar a varios compañeros en el trabajo) deja de ser una soplapollez de opinión. Pues a todo el mundo se le ocurre que puedan existir padres terribles (al parecer, los padres decentes han desaparecido). Pero nadie explica por qué divino ungimiento el estado siempre actúa adecuada y correctamente, en toda ocasión. Nadie nos argumenta por qué el estado no puede ser, también, terrible. Y nadie lo hace, simplemente, porque es imposible. Salvo que uno sea creyente.

Creyente en la virtud eterna de toda acción emprendida desde y por el estado.

Pero no. De la misma manera que los padres pueden ser terribles, el estado también puede ser terrible; entre otras muchas cosas, a la hora de poner en práctica los poderes educativos que le cedemos los ciudadanos. Y un estado terrible (esto lo sabe cualquiera, incluido Rubén Amón, aunque se haga el bobo para que nadie le eche en cara que ha estado de acuerdo en algo con VOX) es bastante más peligroso que unos cuantos padres terribles.

Si a uno le da miedo que los vaivenes de las urnas coloquen en los centros de poder del estado a personas indeseables, tiene dos opciones: o eliminar los vaivenes de las urnas (es decir, eliminar la democracia); o limitar los poderes que se pueden ejercer desde el estado, para que no dé tanto miedo que los indeseables los alcancen.

O podemos hacer lo que hacemos ahora: vivir la democracia como una bipolar concatenación de eras paradisíacas y temporadas en el infierno, angustiados ante la posibilidad de que en un futuro nuestros enemigos políticos nos hagan lo que nosotros les estamos haciendo ahora, y viceversa.

La verdad, no parece tan complicado vivir la vida sin tratar de organizarles las almas a los demás a nuestro gusto. Pero sí debe de serlo, sí.

Yo, como el estadounidense judío ortodoxo Ben Shapiro, prefiero tirar el Anillo a las profundidades del Monte del Destino.

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