UN CHISTE DE BILL MAHER

por El Responsable

La rica sopa de pescado del 7 Sillas me transportó proustianamente cinco años atrás, a la costa cantábrica donde descubrí lo que era la poliorcética; y donde empecé a perseguir la luz de un faro cuyo destello me hizo naufragar como nunca.

La poliorcética es una forma complicada de discutir, necesaria cuando toda discusión anterior se ha manifestado inútil. El ingenio retórico es sustituido por el ingenio tecnológico. Pero antes de llegar a tales rigores, cabe explorar todas las vías posibles del combate dialéctico.

Una de las formas de argumentación clásicas de Occidente es la reducción al absurdo. En la disputa dialéctica suele tener un efecto demoledor, porque las reducciones al absurdo, cuando están bien construidas, suelen ser muy graciosas. Y que nos hagan reír es una de las cosas que más agradecemos los seres humanos.

Será por ello que me cae bastante bien el señor Bill Maher. Porque el señor Bill Maher es muy gracioso y tiene una fabulosa capacidad para mostrar lo absurdas que son muchas opiniones; no sólo de sus rivales políticos, los republicanos estadounidenses, sino también entre su propio bando demócrata. Hillary Clinton, por ejemplo, nunca se ha atrevido a ir a su programa; a pesar de que sí lo han hecho las máximas estrellas conservadoras de las guerras culturales estadounidenses: Ben Shapiro, Steve Bannon, Alex Marlow… Fueron a discutir. Y discusión es lo que hubo.

Sí, me cae muy bien Bill Maher. Es un tipo coherente y valiente. Y muy gracioso. Tienes que serlo, para hacer reír así a todo un Monty Python.