NIEVA EN LOTHLÓRIEN

por El Responsable

El temporal ha llegado a Lothlórien. Quién sabe si mañana podremos cruzar el Manzanal, cuya autopista lucía hoy blanca como un glaciar.

La mínima posibilidad de no poder pasar  en casa el fin de semana me agrieta el alma.

El temporal ha llegado a Lothlórien, trayendo noticias de las oposiciones, que seguramente no acabarán antes de abril. Contaba con poder leer algo distinto a una ley procesal en febrero. La noticia me congela más que el viento helado.

Pienso en mis libros, mis diarios, que al no caber en nuestro pequeño piso, llevan casi un año exiliados en ciertos trasteros de alquiler a las afueras de Madrid.

Hastiado de tener la existencia repartida en pedazos por el mundo.

Nacho, enfadado, me envía un artículo sobre el último Premio Cervantes. Tras leerlo, entiendo su enfado, pero a mí el día sólo me da para ver incrementado el nivel de melancolía. Otro premio político, coyuntural.

A la mierda los premios, la verdad.

Otro dialoguista. Me aburren los dialoguistas. Para mí, o son cobardes, o pretenden que los demás lo seamos. Sin que se note.

La única identidad que me interesa es la de la belleza que he de enseñar a mi hija.

Hoy, hace dieciséis años, mientras buscaba alguna película para alquilar en el videoclub del barrio, el móvil empezó a sonar. Era mi madre, tenía que volver a casa enseguida: mi abuela estaba muerta en la cama. Salí corriendo. Al llegar a casa, encontré la puerta abierta, el buen vecino del piso de abajo en el umbral con cara de circunstancias. Se escuchaba a mi madre en el salón, llorando sin límite, como nunca he visto llorar a nadie. Se pasó un día entero llorando de esa manera. Mi abuela yacía en la cama, inerte, el cuerpo contorsionado, la cara una mueca retorcida por la agonía final, espero que corta.

Hoy, hace seis años, murió mi querido tío Antonio. Mis queridos viejos. Mis formidables viejos. Qué cruel fue la vida con ellos y, sin embargo, si me acuerdo de ellos, los recuerdo riendo.

España es un país cruel… 

Lo más coherente, entonces, señor Margarit, es que rechace el premio. Digo yo.

Pero no me haga mucho caso.

Es que hoy llegó el temporal a Lothlórien
y tengo el alma saturada de nieve.