LA VIDA RURAL

por El Responsable

…del Mundo sólo se sale muerto…

 

Cuando le di la vuelta a su DNI, vi que era de Madrid.

Traté de adivinar su historia: harto de la artificial y angustiosa existencia en la cosmópolis, había decidido volver a empezar huyendo al campo, tratando de proporcionar a su pequeña familia una vida rural, lo más alejada posible de las locuras del mundo contemporáneo.

Se había comprado una casa en una pequeña aldea berciana y ahora trataba de disfrutar de su huida del mundo, criando a su hija en un entorno más sano.

Pero aquel día le había tocado ir al juzgado, junto a su mujer, para testificar contra su vecino; el cual se dedicaba a maltratar a los animales de su propia granja. Tras recriminárselo en cierta ocasión, la convivencia se había transformado en un pequeño infierno.

Unos días antes de ir a testificar, se había declarado un incendio en la parte posterior de su idílica casa de campo. Tenían la firme sospecha de que el culpable había sido su vecino. La mujer reconoció que pasaba miedo, por ella y por los suyos.

La mejor manera de perder cualquier tipo de idealismo con respecto a la vida en el campo es, seguramente, trabajar en los juzgados de una zona rural. Aunque, probablemente, trabajar en unos juzgados es la mejor manera de perder cualquier tipo de idealismo con respecto al ser humano, en general.

Pero uno acaba llegando a la conclusión de que pensar que pueda existir algún tipo de barrera natural a la maldad humana entre hortalizas y árboles frutales es un pensamiento más bien infantil.

De hecho, el primer relato de nuestra tradición cristiana nos lo avisa desde el principio: la mismísima Caída que condenó al género humano sucedió nada más y nada menos que en el Jardín del Edén. No podía haber nada más rural y menos moderno.

Pero el caso es que, ahí donde se halle un ser humano, es siempre posible encontrar el mal.

Conflictos sobre lindes, sobre herencias de fincas, que si tu hijo con la moto me asusta a las ovejas, que si aquel señor enfadado con el vecino le ha matado al perro de un escopetazo, que si mi tatarabuelo ya pasaba desde antes de la guerra por ese camino que has cerrado…

La vida rural.

Hace unos días, se declaró un incendio en una casa de un pueblo situado en el Valle del Silencio. Por la falta de cobertura telefónica, los bomberos tardaron media hora más de lo necesario en acudir; consiguieron llegar justo cuando el fuego se extendía a una segunda casa.

En el Valle del Silencio falla la cobertura y es difícil contarle al mundo, a través de un blog, lo fácil que resulta estar cerca de Dios cuando uno se aleja del ruido del mundo moderno.

Pero lo que no deberían olvidar aquellos a los que les resulta tan difícil ser buenos cristianos en las ciudades es que, quizá, cuando desaparezca de sus vidas el ruido de la urbe postmoderna, lo que quede no sea el dulce diálogo directo con Dios. Quizá lo que quede ni siquiera sea el silencio.

Quizá lo único que quede es el constante y desquiciado grito de todos los demonios que todo ser humano, por el mero hecho de serlo, lleva dentro.

Sean cautos y tengan presente esta posibilidad. Porque del Mundo sólo se sale muerto.